Mi boca se abre tanto que creo llegará hasta el piso, y mis ojos; de seguro que mis ojos habrán de enseñar la inmensa confusión que me embarga. Confusión y una guerra interior de voluntades. Una, irremediablemente feliz y muriéndose por abrazarlo; mientras que la otra; la que acabó poseyéndome por completo cuándo decidí salir, se golpean fuerte. Es como si ambas estuviesen en un ring y se destrozaran a puño cerrado para determinar una ganadora. ¿Acaso tuvo el descaro de llamarme "pequeña"? ¿De saltar como un novio celoso a marcar territorio frente a otro chico? ¿En verdad estoy viendo a Rashid, o será que me drogué con el aroma a marihuana en la pista y divago? Trago saliva como puedo y observo al espejismo que tengo delante. ¡De seguro es eso! Aspiré el olor a marihuana y aho

