Sus manos entrelazadas se estrujan a tal punto que demuestra cuán nerviosa se encuentra, y su espalda encorvada me enseña la poca seguridad en sí misma que le queda. Nada en su postura se le compara a lo que solía ser la antigua Melany. Su boca abierta, su continuo pestañeo, su mandíbula apretada; todo rasgo físico y gestual en ella evidencia algo muy obvio para mí: que no contaba con volver a verme, que la tomé realmente desprevenida y que es consciente de que se le viene un momento difícil. Porque a pesar de haber sentido lástima por lo que le pasó a manos de Renzo, nunca estaré tranquila si no cobro mis pendientes. El destino del que tantas veces me he quejado, hoy me está brindando una oportunidad dorada para aclararle ciertos puntos, en privado, si quiero que la relación con mi

