Inhalo tan profundo como mis pulmones lo permiten, y de reojo observo la reacción de Corina ante la actitud de una deslumbrante desconocida que ha venido a ningunearme. El clima se ha vuelto tenso, lo percibo; lo palpo, toca mi piel, atraviesa mi dermis y perfora hasta mis entrañas. Mi pesadilla, la dueña de mis inseguridades, la que plantó en mi interior la semilla de los celos, el despecho y la amargura, aún sin conocerla, invadió mi espacio entrando al local donde trabajo con el único propósito de enfrentarme. Es obvio. Rashid me ha dicho que es dañina, nociva, y una mujer controladora que disfruta de tener a todo el mundo a sus pies. Indudablemente el magnate forma parte del mundo a dominar por Marina Fioremontti. Aclaro mi garganta con disimulo, me enderezo en la silla girator

