—Eso... No es cierto —balbucea—. Estás mintiendo. Sus labios tiemblan, su mirada se empaña, y ello significa una sola cosa: la angustia la está sofocando. Por mi parte, no entiendo nada de lo que está pasando. No entiendo porqué el mundo es tan grande y tan pequeño al mismo tiempo, ni porqué de todas las personas en este planeta, el Kerem que yo tuve el placer de conocer, es ese Kerem embustero, traidor y cobarde que rompió a mi mejor amiga en cientos de pedacitos. Juro por Dios que no entiendo. Me pongo en la piel de Bruna, y su sufrimiento junto a la tristeza, mezclándose con el asombro y la furia, calan hasta mis huesos; se inyecta en mi piel cuál veneno; me intoxica como sé que a ella le está sucediendo en éste preciso momento. —No te estoy mintiendo —asevera Rashid, removién

