Mientras nos acercamos, siento una mezcla de nerviosismo y determinación. Sé que debo mantenerme firme y mostrarles que no soy una persona fácil de intimidar. Al llegar a su lado, su madre, me dedica una sonrisa educada, aunque distante, mientras que su tío, el hermano de su madre, me observa con una mirada escrutadora.
—Bienvenida, querida, qué gusto conocerte —dice su madre con una voz suave pero firme—. Espero que tu viaje haya sido agradable.
—Muchas gracias —respondo, tratando de mantener mi voz firme—. Sí, fue un buen viaje.
Marco se acerca y deposita una mano en mi espalda, un gesto que no tengo idea de si interpretar como respaldo o control. —Madre, tío, esta es mi esposa —dice con una sonrisa que parece ensayada—. Estoy seguro de que les agradará conocerla mejor.
Dice su tío, extendiendo una mano que estrecho con firmeza—, es un placer conocerte —dice su tío, extendiendo una mano que estrecho con firmeza—. Es un placer conocerte. Espero que experimentes una sensación de serenidad en tu nuevo hogar.
—Gracias, señor —respondo con la mejor de mis habilidades—. Haré todo lo posible por ajustarme.
Durante la conversación, no puedo dejar de percibir que estoy siendo evaluada en cada momento. Sin embargo, sé que debo mantenerme firmemente, tanto por mi familia como por mí misma. Estoy decidida a ganar una batalla que estoy decidida a ganar.
A medida que la conversación transcurre, observo cómo los ojos de su progenitora me examinan con diligencia, a fin de identificar cualquier signo de debilidad. Su tío, a pesar de ser más agradable, parece evaluar minuciosamente cada una de mis respuestas. Me esforzaré por mantener una postura erguida y una expresión serena, aunque por dentro siento una mezcla de nerviosismo y determinación.
—Deseo que experimentes una sensación de comodidad en este lugar — expresa su progenitora, con una sonrisa inaudible. Esta es tu casa ahora.
—Lo aprecio mucho, señora —respondo mientras trato de sonar sincera—. Estoy segura de que me adaptaré pronto.
Marco, aun con su mano en mi espalda, me guía hacia el interior de la casa. Cada paso que doy me hace sentir más atrapada en este nuevo mundo, pero también más decidida a no dejarme vencer. Mientras subimos las escaleras, me prometo a mí misma que encontraré la manera de salir adelante, sin importar cuán difícil sea el camino.
Marco abrió una puerta y muestra una habitación grande y lujosa. —Esta es nuestra habitación.
—Gracias —digo, entrando y observando cada detalle del lugar. Aunque la habitación es hermosa, no puedo evitar sentir que es una jaula dorada.
Marco cierra la puerta detrás de nosotros y se vuelve hacia mí. —Sé que es difícil para ti, pero te prometo que haré lo posible para hacerte más fácil las cosas.
Mi mirada se aproximó a él, buscando una señal de sinceridad. —Espero que así sea —respondo, con una mezcla de desafío y esperanza en mi voz.
Respiro mientras me preparo para enfrentar lo que venga. Sé que encontraré la manera de salir adelante por mí y por mi familia.
—Buenas tardes, familia —les dice en español, cosa que agradezco, ya que mi italiano es muy limitado. Les da un saludo amablemente y luego regresa a mi lado—. Les presento a Sophie, mi esposa —les informa con un fingido tono de orgullo.
Deberían darle un premio por tan buena actuación, aunque yo no me quedo atrás. Sonrío ampliamente y me acerco más a ellos.
—¡Sophie! ¡Qué lindo nombre! —dice su madre con ese acento que tan bien les queda a ellos y se pone de pie para abrazarme—. Deseábamos conocerte —comenta amablemente y la abrazo.
—Muchas gracias, señora, es muy amable conmigo —respondo, tratando de sonar lo más sincera posible mientras la abrazo. Su calidez me sorprende un poco, pero no dejo que eso me distraiga de mi objetivo.
—Por favor, llámame Verita —dice con una sonrisa, soltándome y tomando mis manos entre las suyas—. Estamos muy contentos de tenerte aquí.
—Gracias, Verita —respondo, devolviendo la sonrisa—. Estoy muy feliz de estar aquí.
Mientras tanto, su tío se acerca y me ofrece una mano firme. —Bienvenida, Sophie. Soy Giovanni —dice con una voz profunda y amable.
—Gracias, Giovanni —respondo, estrechando su mano con firmeza—. Es un placer conocerlo.
Marco se mantiene a mi lado, observando la interacción con una sonrisa que parece más relajada ahora. —Espero que todos podamos llevarnos bien —dice, mirando a su familia—. Sophie es muy especial para mí.
Intento no moverme ante su comentario, pero mantengo la sonrisa. —Estoy segura de que nos llevaremos muy bien —digo, mirando a cada uno de ellos.
Mientras continuamos conversando, no puedo evitar sentir que estoy siendo evaluada en cada momento. Pero sé que debo mantenerme fuerte, por mi familia y por mí misma. Este es solo el comienzo de una batalla que estoy decidida a ganar.
—Tomen asiento; le pediré a la empleada que traiga café y una torta que se acaba de hacer —nos pide su madre, y con la mirada, Marco me indica que haga lo que ella sugiere.
Nos sentamos uno al lado del otro, frente a ellos. No puedo evitar mirar a mi alrededor, maravillada por la belleza del lugar. El jardín es precioso; tienen una piscina inmensa y el trabajo de paisajismo es exquisito. Los colores vibrantes de las flores y el cuidado meticuloso de cada rincón me hacen sentir como si estuviera en un oasis.
—Su jardín es magnífico, Verita —exclamé, intentando mostrar mi admiración sincera. Ella me sonríe con orgullo, claramente complacida por mi comentario.
—Gracias, Sophie —responde Verita—. Hemos puesto mucho esfuerzo en mantenerlo así. Me alegra que te guste.
Mientras esperamos el café y la torta, trato de relajarme y disfrutar del momento. La conversación fluye de manera más natural de lo que esperaba, y poco a poco, empiezo a sentirme un poco más cómoda. Sin embargo, no puedo olvidar la razón por la que estoy aquí y la necesidad de mantenerme alerta.
—¿Te gusta la jardinería? —me pregunta Verita, con un interés genuino en su voz.
—Sí, me encanta —respondo—. Aunque no soy una experta, disfruto mucho cuidando las plantas y viendo cómo florecen.
—Tal vez podrías ayudarme con algunas ideas nuevas para el jardín —sugiere ella—. Siempre estoy buscando formas de mejorarlo.
—Me encantaría —digo, sintiendo una pequeña chispa de entusiasmo. Quizás esta podría ser una manera de encontrar un poco de paz en medio de todo esto.
El café y la torta llegan, y el aroma delicioso llena el aire. Mientras nos servimos, la conversación continúa, y aunque sé que este es solo el comienzo de una situación complicada, por un momento, me permito disfrutar de la compañía y la belleza del lugar.
—El jardín es mi sitio favorito de la casa —me dice Verita, y no entiendo cómo su madre puede ser tan amable mientras él, en cambio, es un egocéntrico insoportable.
—Tu casa debe tener vista al mar, ¿no? —me pregunta su tío, sacándome de mis pensamientos.
—Sí, la casa donde vivía con mi padre está ubicada en una de las bahías e incluso tenemos hasta un muelle, gracias al negocio de la naviera que poseemos —le explico, sintiendo una punzada de nostalgia y ganas de volver allá.
—Me imagino que te encanta, pero la casa donde vivirás con mi hijo también es hermosa —me dice, y no entiendo nada.
«¿Casa que viviré con él? ¿De qué casa están hablando? Tenía entendido que nos quedaríamos solamente un par de meses.» Miro a Marco intentando obtener una explicación, pero él ni siquiera me mira. Su indiferencia me irrita, pero trato de mantener la compostura.
—¿Casa donde viviré con él? —pregunto, tratando de sonar casual, aunque mi mente está llena de dudas—. Pensé que solo estaríamos aquí un par de meses.
Verita me mira con una sonrisa que no llega a sus ojos. —Oh, querida, no te preocupes. Todo se aclarará a su debido tiempo. Solo queremos que te sientas bienvenida y cómoda aquí.
Marco finalmente se digna a mirarme, sin embargo, su expresión es inescrutable. —Sí, Sophie, no te preocupes por eso ahora. Disfrutemos del café y la torta —dice, intentando desviar la conversación.