GABRIELA Estaba por perder la cabeza, ahora me sentía muy observada, cada día me asustaba más. No comprendía hasta ahora quien puede ser. Y ver a tantos hombres rodeándome me había puesto nerviosa. Ya no quería salir de casa, quería encerrarme con Nova y Markus para siempre. Habíamos acordado que, después de la subasta no iríamos de viaje los tres. Dejando todo esto, poniéndonos a salvo. Me encontraba terminando de bañar a Nova. Cuando Markus entró en la habitación. Ahora ni siquiera pasamos tiempo en casa, estábamos reducidos en el apartamento de Markus. Pero era necesario, en Boston ya se habían comunicado varios intentos de entrar en nuestra casa. –Quien diría– dijo mientras yo envolvía a Nova en su toalla rosa. Estaba enorme, ya pesaba seis kilos. Y yo no podía estar lejos de ella

