GABRIELA Lo deje ir, más porque no me sentía bien al tenerlo cerca y saber lo que me había hecho. Me había enamorado de él, y sí, ya lo aceptaba porque no tiene sentido seguir negándolo, pero por Dios, si dice quererme, ¿por qué llevarse a dos a la cama? Negué con la cabeza y volví a mi cómoda cama. El ambiente se había acostumbrado a su inmensa presencia y ahora se veía tan pequeña. Mañana volvería a casa y a la vez a Boston. No estaba segura si podría cumplir mi palabra de solo amigos, imagino que tengo que volver a recordar cómo iniciamos; odiándonos y con la intensión de que uno de los dos renuncie al trabajo. A la mañana siguiente nos reunimos en el lobby y tanto Gema como Antón se demostraban lo pillados que estaban. Sonreí al verlos tan cariñosos, imagino que ya había superado po

