MARKUS Volví a poner los ojos en blanco de lo aburrido que estaba. Llevaba toda la mañana fuera de la casa de mis padres, porque gracias a Gabriela, Gema y Maya toda la casa estaba llena de decoradores y no me habían permitido ver absolutamente nada. Pero al final me importo una mierda y me dirigí de vuelta a casa. Muchas personas iban y venían con un montón de cosas en las manos, me hice paso entre ellas y salí al patio trasero. Sonreí al ver a Gabriela frunciendo el ceño mientras armaban lo que sería el panel principal. Luego de un rato Gema fijó sus ojos en mí y los abrió como platos. –¡¿Qué haces aquí, gilipollas?! – gritó poniendo sus brazos en jarras. Inmediatamente Gabriela y Maya centraron su mirada en mí. –¡Venga ya! – gritó Maya dejando caer ambos brazos a sus costados.

