GABRIELA Todo había quedado de maravilla, la barra, el buffet, la decoración. Nuestra decoradora había puesto sus mejores ideas. Habíamos terminado a las justas, pero valió la pena, cuando traje a Markus a que vea todo, antes que lleguen los invitados, lo pude comparar con un niño emocionadísimo al ver todo junto. Y es que cada parte de la decoración lo definía. Después lo lleve a su habitación para que se vista. Tuve que obligarlo a que se dejase peinar, había puesto muchos peros. Sin embargo, al final cedió. Cuando terminé de vestirme sonreí como tonta al verme al espejo, mi incipiente barriga se mostraba tímidamente al mundo. Mientras me observaba en el espejo Markus irrumpió mi momento y me envolvió en brazos. –Estas hermosa– me susurro y luego se separó de mi lado de una manera e

