MARKUS –Necesitas darte una ducha, Markus. Ya han pasado diez horas, y…, solo creo que deberías descansar– repetía Maya sentándose cerca de mí. Todo se había convertido en un infierno desde que supieron lo que pasó. Junto con la policía habíamos revisado las cámaras, se había empleado la mayor búsqueda que pudo haber. La casa Duncan era un hervidero de agentes policiales, habían equipado todo el lugar por algún movimiento sospechoso. Esperábamos llamadas, flores azules, amenazas, esperábamos cualquier cosa. Pero algo, que nos muestre dónde la pueden tener. Me empezaba a desesperar al darme cuenta que todos los intentos que hacían nos llevaban a nada. No había rastro. A los padres de Gabriela les habían inyectado un calmante y ahora yacían dormidos. Quisieron hacer lo mismo conmigo, per

