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CLUB DE LAS LOBAS

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Descripción

Pasión por los libros de romances y hombres lobos. Este género de lectura y sobrepeso de ocho mujeres muy diferentes entre sí, es el motivo por el que a través de una página de internet, se conozcan y decidan formar el Club de las Lobas. Lo que ninguna de ellas podía imaginar es que gracias a ello iban a vivir la mayor aventura de sus vidas y encontrar el amor junto a unos seres que parecen haber salido de sus pesadillas. Un mundo diferente lleno de criaturas asombrosas, unos monstruos dispuesto a morir por sus compañeras y una meta por alcanzar, la supervivencia de todos ellos, es lo que se van a encontrar todas ellas en el planeta Lobo.

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CAPITULO 1
Esme y Olivia. Esme miró el cielo a través de la ventanilla de su coche con preocupación. Había mirado por milésima vez en los últimos tres días la aplicación del tiempo en su móvil antes de comenzar el viaje y siempre había visto que ese fin de semana iba a haber buen tiempo en Cádiz, ahora, contemplando las negras nubes que había sobre su cabeza, no estaba tan segura de ello. —No te preocupes, estoy segura que para cuando lleguemos al camping habremos dejado esas nubes atrás.— Esme miró con dudas y preocupación a su amiga, sentada esta a su lado de copiloto en el coche y volvió a concentrarse en la carretera. Olivia supo por la mirada que le había dirigido, que su comentario no la había tranquilizado nada, y la verdad era que ni ella misma se creía sus palabras. Tan solo les quedaban cuarenta kilómetros por llegar a su destino y los nubarrones negros se extendían por el cielo delante de ellas hasta donde les alcanzaba la vista. Era muy difícil que lo que acababa de decirle se cumpliera. —Bueno, aunque llueva, tampoco sería una calamidad, así le daría a este viaje y a nuestro ritual ese toque fantástico y misterioso que casi siempre está presente en las películas y novelas de hombres lobos que tantos nos gusta— pensó en voz alta Olivia, mirando el cielo n***o que oscurecía la carretera por delante de ellas. La risa de Esme la sacó de su contemplación del clima e hizo que la mirara curiosa, dispuesta a saber que había dicho que hiciera gracia a su amiga. Esme notó sobre ella la mirada interrogatoria de Olivia y no le quedó más remedio que explicarse, mientras aún mantenía la sonrisa en su rostro. —Mientras hablabas, me ha venido a la cabeza la imagen de nosotras bailando bajo la lluvia. ¡ Imagínatelo, las ocho moviéndonos en círculo e intentando cantar y llevar el ritmo a la vez, si alguien nos viera seguro que llamaría a la policía asustado!— Olivia rompió a reír ante la imagen que había aparecido en su cabeza descrita por Esme. El intento de Olivia para tranquilizarla había hecho efecto, sus palabras le habían quitado parte del peso que sentía en su mente, dándole un poco de tregua, aliviándole por un tiempo de su preocupaciones con respecto a ese tan esperado fin de semana. Desde que había descubierto la hoja del ritual entre las páginas del libro ”Lobo”, no había parado de fantasear con la llegada del día en que lo realizaría. Había tenido que esperar veinte días para que fuera luna llena y por fin esa noche era la última. Olivia tenía razón, que lloviera no iba a impedir que ellas realizaran el ritual mágico, tan solo que lo realizarían con el inconveniente de estar completamente empapadas y muertas de frío. Posiblemente cogieran todas un buen resfriado por ello, pero si todo resultaba ser real y la magia les traía ha todas ellas a su hombre soñado, sería un daño insignificante que se habían buscado por permanecer bajo la lluvia tanto tiempo. Pasados unos minutos, ambas mujeres se calmaron y cada uno de ellas volvió a meterse en sus pensamientos, aquellos que más les preocupaban. —¿Estamos locas por creer en ese ritual y llevarlo a cabo? —se atrevió a preguntar pasado cinco minutos por primera vez Olivia a Esme, con una media sonrisa en su rostro de disculpa por ponerse a dudar de la cordura de todas en ese momento. Esme echó una breve mirada al rostro de su amiga con empatía, entendía perfectamente sus sentimientos, estaba segura que todas ellas en algún momento de los veinte días de espera … o en muchos de ellos, se habría cuestionado la cordura. No podía culparlas de pensar así, pero el hecho de que ninguna de ellas hasta ese momento, lo hubiera expresado en voz alta, daba a entender lo desesperada que todas se sentían. —Somos “EL CLUB DE LAS LOBAS” y tenemos en nuestro poder un ritual que si se cumple, nos dará a cada una de nosotras un hombre poderoso, fuerte y dócil con nosotras, que nos amará y querrá sin importarle nuestro aspecto. Será parecido a los protagonistas de los libros de hombres lobos que tantos nos gustan leer. —Esme sonrió mirando a Olivia —Si no lo intentamos, si que estaríamos loca. Si resulta, que es lo más seguro, que no hay magia y no pasa nada, será una anécdota más para el CLUB que contaremos a las chicas nuevas que se vayan incorporando, pero si hay aunque sea una mínima posibilidad de que la magia exista y el hechizo se haga realidad, quiero intentarlo y llevarlo a cabo.— Olivia asintió con la cabeza, estando de acuerdo con lo que había dicho Esme. Estuvieran locas o no por creer y llevar a cabo un ritual o hechizo mágico, ahora le daba igual, lo haría por su amiga, porque podía ver cuanto necesitaba Esme tener una nueva ilusión en su vida, algo que la distrajera de su vida diaria y del recuerdo de lo que le había hecho su ex. Hacía ya dos años que le habían roto su corazón, dejándola mal herida emocional y físicamente. “¡Maldito hijo de puta!, ¡¿cómo pudo hacerle eso?!” Olivia apartó la mirada de su amiga y miró los campos que pasaban con velocidad a través de su ventanilla. Como siempre que pensaba en esa noche, dos años atrás, los ojos de Olivia se nublaron de lágrimas ante el recuerdo del sufrimiento de su amiga. Acababa de acostar a su padre y darle la medicación, tenía pensado hacerse palomitas, coger un lata de refresco cero calorías y sentarse en su sofá a ver una película romántica. Esa hora de la noche era su preferida, podía por fin descansar y dedicarse tiempo a ella misma, al menos durante cinco horas, si su padre no la llamaba antes. A las cuatros de la madrugada su tiempo acababa, daba igual si había dormido o no, su padre se despertaba y la tranquilidad en la casa se acababa. El microondas sonó, señal de que las palomitas estaban hechas, al mismo tiempo alguien llamó a la puerta de su casa. Curiosa miró por la mirilla y lo que vio la asustó, haciendo que abriera la puerta con ligereza. En el umbral se encontraba su amiga Esme, llorando desconsoladamente y con tan sólo un bata echada sobre su voluminoso cuerpo desnudo. Aún recordaba el frío intenso que hacía esa noche en la calle. Su amiga había recorrido en ese estado los casi cien metros que separaban su casa de la de ella. Le costó casi una hora tranquilizar un poco a su amiga y media más para lograr que le contara lo que le había ocurrido. Esme es virgen…todas en el Club lo somos, no porque queramos permanecer en ese estado, sino porque ninguna ha encontrado un hombre que nos quiera tal como somos, con nuestros kilitos de más. No es que no exista hombres con los que podamos acostarnos, es que aún no hemos hallado a uno con el que además de sexo quiera compartir con nosotras su amor. Esme creyó haberlo encontrado, incluso yo pensé que ella lo había conseguido y la envidie por ello, sanamente por supuesto, pero todo resultó ser una mentira. El muy asqueroso se había apostado con sus colegas del trabajo que se tiraría a la gorda de la bibliotecaria en menos de un mes, y casi lo consiguió, se arrepintió en el último momento, cuando ya Esme estaba completamente desnuda, tumbada en la cama y con él entre sus piernas. El hijo de la gran puta comenzó a reírse mientras recorría con la mirada los grandes pechos de Esme, su torso y después la entrepierna de ambos, mientras frotaba su flácido pene contra el sexo de su amiga. —¡Es imposible empalmarme con este cuerpo, ni siquiera sé si podría metértela con tanta carne sobresaliendo por todos lados!— “¡¿Cómo pudo el muy cabrón decirle eso a su amiga?! ¿Cuánto de cruel tiene que ser una persona para burlarse así de una mujer tan buena y noble como es Esme?! La respuesta a esa pregunta tiene que ser, mucho”. Esme le contó que sintió como si le hubieran tirado un cubo de agua fría al escucharlo, se quedó paralizada en la cama sin ser capaz de reaccionar, mirandolo con los ojos como plato, sin creer aún lo que estaba escuchando. Él era el hombre más maravilloso de todos ellos, era su primer amor, le resultaba imposible de creer que el que estaba de pie delante suya, siendo tan cruel fuera el mismo hombre. —No pienso seguir con esto— se retiró y levantó, mirando a Esme con burla. De sus pantalones, tirado en el suelo donde se los había quitado momentos antes, sacó su móvil y fotografió a Esme, que seguía paralizada y desnuda en la cama. Fue en ese momento que por fin su amiga le contó que reaccionó y protestó entre indignada, confusa y dolida, a la toma de la fotografía de su cuerpo desnudo. —Tranquila amor, tan solo es para tener una prueba de que te he follado.— “¡En ese momento si hubiera sido Esme me habría levantado, arrancado el móvil de sus asquerosas manos y se lo hubiera estrellado en su cabeza!” Pero Esme tan solo lloró al escucharlo, y lo vio vestirse y marcharse de su casa con actitud chulesca, sin tan siquiera haberle gritado su furia, ni una sola vez. Lo único aceptado que hizo esa noche fue ir a su casa y contarle lo que le había sucedido. Al día siguiente lo denunciaron por la toma de la fotografía sin consentimiento y posible difusión entre sus amigos, pero el abogado de Esme no logró obtener pruebas de que la foto se hubiera difundido por Internet y la ley no podía ejecutarse sin ellas, incluso el muy canalla borró la foto de su móvil antes de que la policía se lo revisara, pero para cuando eso sucedió ya se había cansado de enseñar a sus colegas la foto desnuda de Esme. Su amiga, humillada y avergonzada, había tenido que dejar de desayunar en la cafetería cerca de su trabajo, lugar donde también desayunaba su ex y colegas del trabajo y el sitio dónde lo había conocido, debido a las continuas burlas de ellos hacia su cuerpo, dejándole bastante claro que todos habían visto su foto desnuda. De repente, gordos goterones comenzaron a caer sobre la luna del coche, sacando a Olivia de sus pensamientos. –Pararemos en el próximo pueblo y compraremos ocho chubasqueros baratos en alguna tienda de los chinos, al menos algo de lluvia nos quitará si nos llueve esta noche —anunció Esme presionando la palanca del parabrisas para que se movieran y limpiaran las gotas de lluvia del cristal delantero.

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