La conversación entre dos hombres cerca suya fue lo primero que su celebro registró, lo segundo fue sentirse muy sedienta y lo tercero, que no tenía fuerzas ni para abrir los ojos, le pesaban los parpados demasiado.
—Agua… —logró murmurar Esme con voz tenue.
La conversación se detuvo y unos apresurados pasos se dirigieron en su dirección.
—No le des mucha Nirud, podría volver a vomitar y expulsar de nuevo la medicina, que beba pequeños sorbos hasta que veamos si su cuerpo lo admite — Gonsal se acercó al otro lado del improvisado catastro y tocó la frente de su extraña paciente encontrándola por fin fría, sin rastro de la terrible fiebre por la que había pasado en los dos últimos días. Como hijo del difunto Cuman del Clan n***o, su padre lo había criado enseñándole los ritos sagrados para sanar el alma y el arte de la medicina para curar el cuerpo, con la intención que lo sucediera en el Clan a su muerte, por suerte para ella había sido muy bueno en aprender todo lo que su padre le enseñó, sino, no hubiera salido ella con vida de la terrible herida que le había infringido el Aretnap, uno de los depredadores más fiero y mortales que había en el planeta. Según Aslam le había contado mientras le cocía a él la herida de su cabeza, Nirud había necesitado la ayuda de Han para matar a la fiera. No le había sorprendido en absoluto de que así fuera.
—¿Tiene fiebre?— preguntó preocupado Nirud mientras acercaba un tazón de madera con agua a la boca de su pareja.
—No, sigue fría — Gonsal vio como su líder cerraba los ojos con alivio y murmuraba dando las gracias a la Diosa.
Esme sintió el frescor en los labios de la madera húmeda y escuchó a una de las voces pedirle que bebiera. Había escuchado toda la conversación y sabía que los dos hombres hablaban de ella, pero su debilidad en ese momento le hacía imposible reunir fuerzas para volver hablar.
Alguien, uno de ellos dos, cogió su cabeza y la levantó lo suficiente para que pudiera beber con más comodidad. Antes de poder siquiera calmar un poco su sed, le retiraron el tazón. Indignada frunció un poco el seño y con mucho esfuerzo pidió más.
—Tranquila pequeña, dentro de un ratito te daré más— le explicó con calma una de las voces.
“¡No, ella no podía esperar, necesitaba beber ahora, sentía su boca y garganta completamente seca por dentro!” Con mucho esfuerzo, logró abrir los ojos. Ante ellas apareció lo que reconoció como el techo de una tienda campaña de color marrón claro.
—¡Gonsal, está despierta! ¡Pensé que estaba de nuevo hablando en sueño!—
La felicidad que mostró esa voz masculina al verla abrir los ojos intrigó a Esme que buscó al hombre con la mirada.
Unos preciosos ojos verdes la miraban lleno de contento y creyó ver también orgullo en ellos. Eso era lo único bonito que tenía ese rostro animalado.
Había contemplado ya antes esa cara y había huido de él, pensó Esme tan cansada que no tenía fuerzas ni para sentir miedo, era el mismo ser que había aparecido frente a ella en el ritual.
—¿Cómo te encuentras?— le preguntó ese ser mientras que con una de sus manos acariciaba su cabeza suavemente.
“Débil y muy cansada, tanto que me da igual si tú también quieres devorarme ahora” pensó cerrando los ojos y abandonándose a lo que ese monstruo quisiera hacerle.
—¿Qué le ocurre Gonsal, se ha vuelto a desmayar?— lo escuchó preguntar inquieto.
“¿Por qué sonaba tan preocupado por ella? ¿Acaso no era un monstruo que quería hacerle daño?”
Eses fueron sus últimos pensamientos antes de caer de nuevo en el sueño y que horas más tarde la despertara un fuerte dolor en su brazo.
—¡Agarra bien, que no se mueva!— Escuchó que decía una de las voces masculina que ya había escuchado con anterioridad.
—¡Lo intento, pero se mueve mucho!— Esa voz si la reconoció en el acto, era Lis, una de las integrantes de su Club. —¡Esme por favor estate quieta o se abrirán los puntos!—
Con un poco más de facilidad, Esme abrió los ojos y miró a su amiga y al ser que había junto a ella, ambos inclinado sobre uno de sus brazos.
—Me duele Lis— logró susurrar.
Esta miró en su dirección de golpe, con sorpresa en su expresión.
—¡Estás despierta! —exclamó Lis muy feliz.
—Las algas— pidió el ser a su amiga. Por asombroso que fuera, su amiga obedeció y le dio lo que esté le había pedido en la mano, sin que Esme viera ninguna muestra de miedo por parte de Lis hacia el ser, que se parecía mucho al que ella había visto con anterioridad.
—Las algas te quitaran el dolor Esme, Gonsal es médico y te está curando — Le informó orgullosa Lis.
—¡Soy Cuman, no médico, ya te lo he dicho! —soltó molesto el ser.
—¡Ya lo sé, pero mi amiga aún no sabe que significa eso de ser Cuman, por eso si le digo que eres médico lo entenderá y te hará caso! —le explicó también molesta por su forma de dirigirse a ella.
Esme miró a uno y después al otro sorprendida, parecían actuar como una pareja, peleándose ya entre ellos con confianza.
De pronto entró más claridad en la tienda y una voz que ya conocía sonó furiosa:
—¡Dije que me avisaras si despertaba!— bramó Nirud.
Esme se encogió en el catastro del susto y su amiga pareció que esta vez también reaccionó con miedo ante el enfado del otro ser.
—Ella acaba de despertar Nirud, ninguno de los dos podemos dejar lo que estamos haciendo para avisarte, iba a hacerlo en cuanto terminara la cura — contestó con tranquilidad el ser que la estaba curando.
En el campo de visión de Esme apareció de pronto la figura humanoide de la criaturas que acababa de llegar y la vio arrodillarse al costado de su cama, muy cerca de su torso, provocando que su cuerpo se pusiera en tensión debido al miedo que le inspiraba el ser.
—¿Cómo te sientes?— le preguntó con preocupación mientras extendía una de sus manos terminadas en garras hacia su cabeza.
Por instinto, Esme dejó escapar una exclamación de miedo e intentó apartarse de la garra que quería lastimarla, obligando a que Lis y Gonsal tuvieran que echarse prácticamente sobre su cuerpo para obligarla a que se mantuviera quieta.
—¡No Esme, no te muevas!—le pidió Lis muy preocupada.
—¡¡Ayúdame, me va a morder!!— le rogó Esme al recordar el ataque que había sufrido con la anterior fiera, sin apartar sus asustados ojos del ser que aún tenía sus garras levantada sobre su cabeza y la miraba como si su reacción le hubiera molestado.
—¡Tranquilízate, no te va hacer daño Esme!— le informó Lis sujetándole con las manos el torso contra el camastro. —¡Él está preocupado por ti! —.
—¡Que se vaya Lis, quiero que se vaya, quiere morderme! — volvió a repetir Esme sin que las palabras de su amiga hubieran penetrado en su celebro.
En ese momento Esme vio como el monstruo se levantaba sin apartar sus ojos de ella y retrocedía de su posición un paso, apartándose de ella.
—Avísame cuando termines— le ordenó a Gonsal antes de dirigirse hacia la salida con paso rápido.
Para más asombro de Esme, esta vio como el ser tenía una cola gris muy larga y peluda saliéndole de su trasero hasta prácticamente llegar al suelo.
—Él jamás te haría daño compañera de Nirud, tan solo quiere cuidarte como ha hecho desde que te salvó —le recriminó el otro ser que estaba vendado su brazo con tiras verdes de lo que parecía ser una enorme hoja.
Esme lo miró sobresaltada, se había olvidado que junto a ella había otro de esos monstruos, aunque para su asombro este no le daba tanto miedo.
—Si hubiera querido hacerte algo, ya lo habría hecho Esme —le informó apenada Lis— él ha estado junto a ti estos dos días cuidándote, apenas si a salido de esta tienda en ese tiempo, ni siquiera sé si ha dormido ya que tu fiebre era muy alta y delirabas casi todo el tiempo.—
Toda esa información fue demasiado de asimilar para Esme que sentía la cabeza apunto de explotarle.
—¿Cómo has permitido que esa cosa se quedara sólo conmigo?— se quejó aterrada Esme al saber que había estado tanto tiempo indefensa junto a alguien que querría lastimarla.
—¡Esme, para, no hables así de él, no sabes nada de ellos ni de este mundo!— le riñó Lis, dolida por el comportamiento de su amiga y que no hacía ni dos días había sido el suyo y del resto de las demás mujeres. Verlo reflejado en Esme le hacía comprender lo superficial que habían sido todas ellas, una cualidad que todas odiaban por haber sido víctima durante todas sus vidas y que ellas habían ejercido sin darse cuenta sobre los seres de este planeta.
—Esa “Cosa”, cómo tú la has llamado, es nuestro líder. Es un Lobre Alfa fuerte y valiente que arriesgó su vida y la de su mejor amigo para salvarte a ti —soltó molesto Gonsal— y que se ha pegado dos días cuidándote sin apenas comer de lo preocupado que estaba por ti.— Dicho eso se puso de pie ante la atenta mirada de Lis y Esme, recogió el material que había necesitado para la cura y lo colocó en una especie de macuto hecho de lona, después, sin despedirse salió de la tienda.
—Lo has enfadado Esme.— Suspiró Lis molesta mirando a su amiga con el seño fruncido.
—¿Querrá matarme Lis?—preguntó Esme con los ojos abiertos de miedo.
—¡Deja de decir esas cosas Esme, aquí nadie te volverá hacer daño, ninguno de ellos lo permitiría! —
Un grito de sorpresa y aprensión salió de la boca de Esme al escuchar a su amiga.
—¿Cuántos de ellos hay?— preguntó intentando incorporarse en la cama para huir. Lis se apresuró a volver a sujetarla contra la cama y e intentó de nuevo volver a calmarla.
—¡Quédate quieta por favor!, has estado muy mal estos dos últimos días, apenas si has comido y perdiste mucha sangre, tú cuerpo estará débil y si te levantas ahora puedes marearte y caerte. Si se te abrieran los puntos de la mano volverían a infectarse y todo comenzaría otra ves, no creo volver a poder pasar de nuevo por la angustia que he pasado durante los últimos dos días, cuando no sabía si sobrevivirías a tus heridas.
La mente de Esme liberada de la amenaza de los terroríficos seres, por fin pudo entender lo que su amiga le decía y comprender la gravedad por la que había pasado.
—Desde el ataque de ese animal, no me acuerdo de nada más hasta que desperté y escuché a esos dos seres hablar sobre mí, ¿ tan mal tengo el brazo?— preguntó levantándolo para vérselo. Lo tenía envuelto en hojas. — ¿No se me caerán estas hojas que me ha puesto ese … ¿Qué son Lis? ¿Qué son esos seres tan parecidos a animales? ¿Cómo es posible que existan y que nadie los haya visto antes? —le preguntó angustiada olvidándose de sus anteriores preguntas.—¿Cómo sabes que no van hacernos daños? Y las demás ¿Dónde están? ¿Lograron huir?—
—Espera Esme, tranquila, ha sucedido muchas cosas en estos dos días que te tengo que contar. Las demás están bien, están fuera, en sus respectivas tiendas.—
—¿ Por qué no han venido a verme? ¿ Saben que estoy despierta?—
—Seguramente Gonsal les ha informado a sus parejas y ellos se lo habrán dicho. Pero aún sabiéndolo, su jefe, el que se marchó de aquí enfadado, no las dejará entrar, te protege demasiado como para arriesgarse que te contagien algo en tú estado tan débil.—
—¡Espera Lis, ¿ qué parejas?! ¿Por qué me siento tan confundida cada vez que me hablas?, siento que mi cabeza va a explotar de tantas cosas que no logro entender de lo que me cuentas—.
—Intento explicártelo pero no dejas de preguntarme cosa y me lío, tú cállate y déjame contarte todo.— Le pidió Lis. Esme asintió con la cabeza en silencio y la miró fijamente, a la espera de que comenzara a explicarse.
—Lo primero que tienes que saber es que el ritual funcionó y nos dio parejas a todas.—
—¡¡No me lo puedo creer, eso es fabuloso!!—exclamó Esme intentando de nuevo incorporarse por la alegría y subidón de energía que le había entrado. Lis corriendo puso sus manos sobre los hombros de Esme y detuvo su avance.
—¡Quieta y escúchame Esme!— Le pidió cansada ya Lis de tener que lidiar con su amiga. Su temperamento era bien conocido, era una mujer con nula paciencia para las personas dura de mollera, como parecía ser el caso en esos momentos de Esme, por lo que su paciencia se estaba agotando a pasos agigantados con respecto a su amiga, si no terminaba pronto con la explicación y se marchaba, mucho se temía que iba a explotar y ponerse a gritar como una poseída.
—¿Dónde está mi pareja Lis, por qué no está aquí contigo cuidándome?— preguntó mirando hacia la entrada de la tienda esperanzada.
—Lo ha estado haciendo Esme, pero tú antes le has pedido que se fuera.—
—¿Yooo…. —soltó Esme con sorpresa, antes de callarse y mirar con cara de susto a su amiga.— No puede ser— murmuró sin apartar sus ojos de Lis que asentía con la cabeza atenta a la reacción de su amiga.
—Sí, es él —confirmó Lis.
De la boca abierta de Esme no volvió a salir ningún sonido, oportunidad que aprovechó Lis para continuar contándole todo lo que había sucedido.
—Lo siguiente que tienes que saber es que el ritual era para encontrar pareja con auténticos hombres lobos.— Lis observó que la cara de su amiga se ponía blanca, pero decidió continuar su explicación lo más ligera posible.— Si, ellos son hombres lobos. En total son ocho, uno para cada una. Nosotros no lo sabíamos, pero resulta que al igual que nosotras, ellos también estaban realizando aquí el mismo ritual a la misma vez que nosotras y pedían también que se les concediera pareja. La diferencia es que a cada uno de ellos se le apareció en el fuego un rostro, el de una de nosotras, y según una magia poderosa que ellos tienen en sus cuerpos, saben cuando una hembra es su pareja predestinada. Ahora ellos creen que les pertenecemos porque esa magia se les ha presentado cuando nos vieron. — Esme la miraba con los ojos bien abiertos atenta a todo lo que decía.— Otra de las cosas que descubrirás cuando salgas de la tienda es que ya no estamos en la Tierra, este planeta se llama Lobo.— Lis vio como Esme parpadeaba, la única señal visible que demostraba que había reconocido el nombre del planeta, era el mismo que el de la historia del libro que ella había leído.
La mente de Esme era un caos de palabras e imágenes en ese momento, su cerebro había dejado de escuchar a su amiga, incluso sus ojos se había cegado ante cualquier imagen de su presente y ahora tan solo veía los dibujos de ese libro y podía identificar las criaturas de él con las dos que había visto en esa tienda.
“¿Cómo era posible que lo que leyó en el libro fuera cierto y no una novela fantástica? ¿Entonces de verdad existió María, la heroína de la historia que salvó a la r**a autóctona del planeta Lobo enamorándose de uno de ellos y mezclando su sangre al engendrar una nueva r**a híbrida más fuerte y libre de enfermedades genética?”
Por la mirada perdida de Esme, Lis supo que por fin había comprendido todo al igual que las demás, la diferencia es que las otras habían tenido que atar cabos durante dos días con la información que obtenían de sus impuestas parejas y Esme se había ahorrado todo eso, llegando directo a la conclusión que las demás había llegado en ese tiempo.
—¿Y ahora qué hacemos Lis? Si lo que cuentas es verdad, este planeta tiene el mismo nombre que el de la novela que me encontré en el sótano de la biblioteca y que tenía el ritual.—
—Si Esme, todas lo sabemos.—
—Esa que la mujer viaja a otro mundo lleno de lobos inteligente y que acabó enamorada de uno de ellos.—
—Si, ya lo sé.—
—Ella se queda y tiene hijos híbridos con un Alfa y sin saberlo salva la especie de su amante al mezclar ambas sangres y tener descendencia genéricamente libre de enfermedades.—
—Aquí ella ahora es una Diosa y por lo que he escuchado es la que nos ha concedido los deseos a ambas partes. Por lo visto esa historia es para ellos como la biblia para nosotras, es la de sus comienzos, es el inicio de lo que son hoy. A ella le deben su existencia y la forma hibrida de sus cuerpos—. Explicó Lis.
—Si ella existió de verdad y es la que nos ha traído, ¿Por qué lo ha hecho?—
—Según lo que hemos averiguado, están pasando por la misma situación que vivieron cuando la que llaman Diosa apareció en este mundo, no logran tener descendencia sana, muy pocos bebés sobreviven. Los bebés hembras son los más escasos y aquellas que logran llegar a la edad adulta son débiles y llenas de enfermedades genéticas.—
—¡No me digas que crees que esa Diosa nos ha traído aquí para que tengamos bebés con ellos!— exclamó Esme con cara horrorizada.— ¡Si son mitad animales, tienen hasta cola!—