Narra Elira Cubiertos por la suave tela, nos abrazábamos mutuamente mientras nuestros cuerpos desnudos rozaban de manera excitante haciéndome no querer separar ni un solo segundo del lado de este hombre. A veces me pongo a pensar y no podía creer que de verdad le perteneciera a un mafioso. Todo mi cerebro se volvía loco y mi sistema nervioso se descontrolaba cuando pensaba en el resto de mi vida, a su lado. -En que piensa esa linda cabecita? - me preguntó mientras me daba una fresa a morder. Nos habían traído a la habitación una bandeja de antojos, frutas, golosinas, chocolate derretido, champán, pudín y una que otras cosas que solo me harían engordar. Disfrutaba muchísimo el romanticismo que manteníamos vivo porque me hacía sentir como la mujer más privilegiada del mun

