Emilia La noticia del acta ancestral se extendió como la pólvora. El Ministerio de Cultura confirmó su autenticidad, y las autoridades anunciaron que cualquier decisión sobre la Casona del Sol debería contar con el consentimiento unánime de la comunidad indígena y los herederos de mi familia. Don Andrés Márquez intentó oponerse, moviendo sus últimos hilos de influencia, pero la evidencia era irrefutable. La Casona tenía un protector que nadie había previsto: el propio pasado. Unos días después, recibimos una llamada de la secretaria de Don Andrés. Nos invitaba a una reunión en su oficina. Mateo y yo nos miramos; sabíamos que no sería una visita amistosa, pero también que era necesario enfrentarlo cara a cara. La oficina de Don Andrés era imponente, con ventanales que daban a las montañ

