NINA Milo me llevó a tomar un helado, pero yo estuve distraída todo el rato. —... Es solo que yo soy su novia, se supone que debo estar ahí para él—, protesté mientras me metía en la boca helado de galletas y crema. —Déjalo, Nina, intenta concentrarte en otra cosa—, me animó Milo. —¿Como qué? Probablemente mi novio esté siendo destrozado por su pobre excusa de padre mientras hablamos—, dije con tono exasperado. —Hmm, puedes ayudarme a pensar en cómo voy a invitar a Laura al baile—, sugirió. —¿Vas a invitar a Laura?—, pregunté escéptica. —¿Qué tiene de malo Laura?—, preguntó él. —Nada—, le aseguré, —es solo que no parece tu tipo. Laura es súper dulce, por eso precisamente me parecía extraño que mi hermano la invitara. Normalmente, Milo iba detrás de las animadoras e incluso, de vez

