- Anne Johnson- dijo la profesora entregándome las hojas con los resultados.
Los tomé y comencé a mirar las hojas, sonreí al ver el diez.
- No es justo, tengo baja nota - Bufo Nate.
- Al menos aprobaste bobo - susurré mientras largaba una risa. – podrás descansar en las vacaciones de invierno.
- Cierto - asintió - ¿Irás a algún lado? - me vió curioso.
- No creo, no tenemos tanto dinero últimamente - hice una mueca.
- Atención alumnos, luego del recreo, todos deben ir a la sala de teatro donde se les dictará una charla - sonó en los parlantes.
El timbre para el recreo sonó y con Nate caminamos hacia el campo. Ambos nos tiramos en el césped.
- ¿Que dices si trabajo cuidando a una anciana? - dije viendo el anunció.
- Depende, si te no te dará asco tocarle la popo entonces bien - levantó los hombros. Una mueca de asco se hizo en mi rostro.
- Tienes razón, eso no - seguí buscando pero no había ninguno que me guste.
- ¿Por que buscas empleo? - dijo Nate mordiendo su manzana. Suspire.
- Sucede que mi madre debe unas cuentas, si no las paga entonces nos quitarán las cosas de la casa - cerré el diario resignada.
- Puedo ayudarte - dijo él mirando hacia la nada.
- ¿Eh? - dije sin entender.
- Mi padre es dueño de varios restaurantes de aquí . En uno de ellos, que solo vende pastas, creo que están buscando una empleada - sonrió.
- ¿De verdad? Lo que sea, mesera, personal de limpieza. Pero quiero trabajar - dije con entusiasmo.
- Hablaré con la encargada y te diré ¿si?
- Gracias Nate - dije abrasándolo . El me correspondió.
El timbre sonó y con Nate caminamos hacia la sala de teatro. Algunos alumnos ya estaban sentados, incluyendo a James y sus amigos quienes al vernos solo cambiaron de vista.
- ¿Y a estos que? - le susurré a Nate ya que estaban sentados cerca nuestro.
- Te dije que el director se enteró de lo que James te hacía - respondió también susurrando - lo amenazaron de sacarlo del equipo de futbol si seguía haciendo daño a los demás, o algo así me enteré.
Me quedé en silencio ante el ruido de los demás alumnos.
- Silencio - dijo el director sobre el escenario. La sala quedó en un total silencio - bien, comenzamos. Los hemos reunido a todos aquí para hablar sobre un tema muy importante - hizo una pausa - el acoso escolar. Para ello tenemos a un experto de la consejería quien a su vez es psicólogo y psiquiatra. El señor Jhon Wilson.
Un hombre caminó y tomó el micrófono agradeciéndole con un gesto al director.
- Buenos días - saludó.
- Buenos días - respondimos todos, el sonrió.
- Acoso escolar, bullying, abusos. Pueden decirlo como quieran, pero existe - dijo serio - es un mal, una lacra que no solo hace sufrir a mucha gente, si no que a algunos les cuesta la vida. Todos recordamos los trágicos casos que han ocurrido últimamente y que han salido en los periódicos. Son dramas personales que comienzan como si fueran una broma. Bullying ¿suena a bala, a violencia verdad? Pues ahora les mostraré una estadística. Es evidente que la responsabilidad es de la sociedad, pero también es nuestra. Porque si conocen un caso, tienen alguna sospecha, lo deben denunciar.
Sentí la mirada de James sobre mi.
- ¿Quien puede sufrir acosos? - preguntó el hombre - tu - señaló a un alumno - tu - señaló a otro - cualquiera, no hay un perfil concreto. Y lo más curioso y triste es que el acosado acaba creyendo que es el culpable de lo que le pasa. El dolor de los otros, ese es el alimento del acosador. El dolor de los otros - repitió - tanto que si la víctima no muestra temor, el agresor lo dejara en paz. ¿Y por que alguien se convierte en acosador? - largó una risa burlista - pues sencillamente, para destacar en alguna cosa. Si, bullying. Entre todos debemos eliminarlo. Denunciemos. Muchas gracias.
El teatro se llenó de aplausos. Sonreí.
- Estuvo bueno - dijo Nate sin dejar de aplaudir.
- Lo estuvo - Sonreí.
Al terminar las clases, como de costumbre Nate me llevó a casa.
Cuando llegué entré y estaba todo oscuro. Eso significaba que mi madre aún no había llegado.
Observé que estaba todo desordenado, así que me puse a limpiar un poco mi casa, cuando el teléfono fijo comenzó a sonar. Frunci el ceño y atendí.
- ¿Hola?
- Hola Mónica - una voz bastante gruesa sonó.
- No, su hija - respondí curiosa - ¿Quien habla?
Pero me cortó la llamada.
Miré confundida el teléfono ¿Quién habrá sido?
Me senté en el sofá viendo programas de animación, de vez en cuando me reía por cualquier tontería. La puerta se abrió y mi madre entró cargando unas bolsas.
- Hola Anne - me dio un beso en la frente.
- Madre - dije ayudándola con las bolsas.
- Mira lo que te mandó mi amiga Alice - dijo mostrándome algunas bolsas.
- ¿Para mi? - dije confundida. Ella asintió y de la bolsa sacó mucha ropa bonita, incluyendo algunos collares y anillos.
- wow - dije sin aliento - ¿Por que?
- Siempre le hablo de ti y sintió la necesidad de comprarte algo - levantó los hombros - ahora yo debo ver que regalarle a su hijo. Es muy guapo - dijo ella guardando todo en las bolsas. - ambas soñamos ser consuegras algún día - me guiñó el ojo.
- No tengo tiempo para el amor - rodé los ojos - Me gustaría poder agradecerle personalmente madre - tomé las bolsas.
- Pronto cielo, pronto. Por ahora será imposible ya que estamos muy ocupadas. Muchos vestidos por hacer. Pero en cuanto haya tiempo, hará una cena.
Asentí. Iba a subir a mi habitación cuando recordé aquella llamada.
- Madre, hoy un hombre llamó ¿Sabes quien puede ser?
- ¿Un hombre? - ella me vió curiosa, asentí - ¿No te contó quien era?
- A penas le dije que era tu hija me cortó - levanté los hombros, y ella al parecer se quedó pensando. Luego abrió sus ojos como platos.
- No atiendas más el teléfono cielo, no importa cuanto suene. Mientras no este yo, no contestes - dijo algo nerviosa.
- Pero ¿Pasa algo? ¿Quien era ese hombre? - la miré.
- No se hija, algún abogado o algo. Iré a mi habitación a cambiarme - subió las escaleras dejándome sola en la sala de estar.
- Que extraño - dijo Nate mientras caminábamos por el pasillo.
- Sip, era una voz gruesa. Al oírla me dió escalofríos.
- Anne ¿Quieres esperarme fuera del baño? Necesito hacer mis necesidades - reí al ver como sus mejillas se volvían rojas.
- Esta bien, pero no te tardes ¿eh? - el asintió y corrió hacia adentro.
Cuando Nate entró, me recargue sobre la pared ya que me dolía un poco la cabeza. Era el quinto día que no me alimentaba bien así que seguro era por eso.
Unas risas me llamaron la atención. Vi hacía mi costado y allí venían James y sus amigos.
El se veía muy guapo hoy con su chaqueta negra. De repente perdí el equilibrio y mi vista se volvió borrosa.
Sabía que el me estaba viendo, pero luego todo se puso n***o.