Capítulo 5

2978 Palabras
Cuando llegué a clases, Javier no estaba, según los amigos de mi príncipe, tenía una cita médica, no es nada grave, pero cada cierto tiempo tiene que ir, a veces pienso que él tiene algo malo y me preocupa su estado, pero no he escuchado ningún rumor sobre esto, Javier suele decir que tiene una leve congestión nasal por una alergia, eso debe ser, una revisión de sus alergias. Apenas sonó el timbre para el primer recreo, vi a Victoria salir detrás de Roberto, ese indigente parecía tener urgencia en salir de la sala, esto no me gusta, esa zorra va a seguir a ese vulgar, debo detenerla. Caminé hasta la cancha de rugby, a primera vista no había nadie ahí, hasta que vi las graderías, allí estaba el morboso de Roberto viéndole las piernas a Victoria, cero recato a sus impúdicos actos. Me acerqué a ellos y oí a la cualquiera de Victoria decir: - Mmm… A mí se me ocurre una forma de quitarte ese terrible cansancio. – Es obvio, esta perra no puede estar ni un solo momento sin prostituirse. - ¿Cómo eres capaz de dejarte seducir por esa “cualquiera”? – le indiqué a Roberto por el estúpido error que esta cometiendo al dejarse llevar por esta zorra. - ¿A quién le dices “cualquiera”, querida? – Victoria insiste con faltarme el respeto, ¿Qué no se da cuenta que mi estatus es mucho mayor que el de ella? - No me hables, no tienes la moral para eso. Roberto ¿Eres capaz de tener algo de amor propio y dejar de juntarte con mujerzuelas? – Roberto cerro los ojos, levantó la cabeza y se tapó la cara con las manos, podría decirse con cabreo. - ¿Para que necesita tener amor propio si al parecer a alguien más le interesa sentir amor por él? – Sentí una gran furia, pero no me rebajaré a su nivel. - ¡Ja! ¿Quién podría sentí amor por alguien como él? Le siento lástima porque no sabe con qué clase de persona se está metiendo. – Victoria cruzó los brazos y se paró de forma altanera. - ¿Y qué tipo de persona soy, según tú? – Su porte de prostituta barata no me asusta, no puede competir con mi posición de dama. - ¡Paren! ¡Me aburren! – Grito Roberto, de repente se para de un salto y le habla a esa zorra. - Victoria ya te dije que quería estar solo. - Mmm… me encanta cuando dices mi nombre, suena sensual cuando tú lo dices. - Victoria puso sus manos en el pecho de ese tonto, subió hasta llegar a sus hombros y abrazarlo, me sentía molesta, pero no por quien lo estaba tocando, más bien porque algo en mí busca ese coqueteo entre ellos. Roberto tomó los brazos de Victoria para alejarse de ella, sentí un gran alivio al ver este acto, me sentí ganadora de que esa mujerzuela no era del gusto de este hombre, pero aun así estaba molesta porque este vagabundo no fue capaz de pararla antes. - ¿Cómo puedes aceptar que se restriegue en ti como gata en celo? - La de los celos no soy yo, por lo que veo es otra. – Roberto suspiró fuerte y yo sentí que la cara me ardía de rabia. - Yo tengo claro lo que quiero, no como otras que a cada rato se están ofreciendo al primero que ve. - Me aburres, querida, me carga tu discursito de puritana extranjera, algún día cometerás un error que te hará echar al tarro de la basura tu moralidad y lo “dama” que tratas de aparentar. Chao, Roberto. - Victoria hizo un ademán muy despectivo hacia mí, ¡Esa prostituta! Ya me las pagará, vendrá arrastrándose hacía mí cuando me casé con Javier y tenga mucho más poder del que ahora poseo. Después de tomar algo de control de mi rabia, miré a Roberto con desprecio, ahora me iba a escuchar, de una u otra forma debo hacerle entender que sus actos nos perjudican, no puede ensuciar nuestro apellido con personas como esa sucia de Victoria. - Aún no entiendes ¿verdad? - Andrea, tengo dolor de cabeza y no quiero escuchar a nadie. – que tratara de ignorarme me disgusto más, comencé a darle empujones para que me tomara atención, aunque tratar de moverlo es como mover un muro. - ¡No eres capaz de tener dignidad! ¡tampoco un poco de respeto por tu hermano! – Puso nuevamente esa cara de fastidio, ¡Pues no me importa! ¡Me escuchará hasta el cansancio! - Andrea, para. – a pesar de que, sé que no puedo moverlo con los empujones que le doy, Roberto parece retroceder por voluntad. - Mi familia te acoge y tú la insultas mostrándote con una zorra en público ¿Eres capaz de entender que es dignidad o lo muerto de hambre no te deja pensar? – antes de que pueda darle el siguiente empujón, él toma mis muñecas con mucha brusquedad, cuando lo miré, pude ver su rostro completamente enfurecido, me dio algo de temor su actitud. - ¡¡Andrea, córtala!! ¡Me tienes harto con tus hueas de pendeja malcriada! ¡Seré un muerto de hambre, pero no por eso valgo menos que tú! ¡No soy un mierda como piensas! ¡Me carga que me pases acosando como pendejo de cinco años por tus hueas superficiales! ¡Se lo que hago y es huea mía si me mando alguna caga! ¡¿Entendiste?! El rostro de Roberto era de una persona tan dominante y fuerte, algo en mí se siente completamente nuevo, recordé la noche cuando Roberto me arrinconó en el estudio y me dice que me gusta ser dominada ¿Será cierto? Me gusta como toma mis muñecas con sus grandes manos, mi entrepierna se siente extraña, con un deseo que no había experimentado nunca, con ganas de que sus manos recorran mi piel y que su cuerpo roce con el mío, siento que la temperatura de mi cara sube a gran velocidad y ver los ojos verdes de Roberto es como ver un profundo bosque en el cual quiero perderme, casi no puedo respirar porque el corazón me late tan fuerte que quiere explotar. El hombre frente de mí cambio su mirada a una más compasiva, parecía explorar mi alma, me soltó sin dejar de mirarme, pero de la nada giró la cabeza para no verme, volví a la realidad, no sabía que decir, me siento avergonzada por lo que acaba de pasar, no puedo sentir nada por él ¡Nada! Es un sucio y vulgar hombre ¡No tengo sentimientos por él! ¡Quiero gritarle! Pero no se por qué, solo se me ocurrió decir: - ¡Eres un tonto! – salí corriendo, como si lo que paso fuera a desaparecer si me alejo de él. Pasó una semana desde este acontecimiento, creo que solo fue una baja de defensas o algo así, hoy fue un día muy activo, se realizaron pruebas, actividades en grupo y algunos debates con nota, al parecer la estúpida de Victoria esta saliendo con un compañero de cuarto medio, así que, perdió interés en Roberto, eso mejoró él día, aunque no puedo evitar que se junte con la rota de Carmen, pero esa mosca muerta no tiene oportunidad con Roberto, ese indigente necesita algo más. En el último recreo Javier se acercó a hablarme: - Hola, hermosa Andrea. - Javier, hola, pensé que te habías olvidado de mí. - ¿Cómo se te ocurre? – pasó un dedo por el borde de mis pechos hasta subir a mi mentón. – Eres algo difícil de olvidar, eres como una Miss Universo, con la pureza de un ángel ¿Verdad? - Ya te he dicho que estoy esperando al indicado, ya sabes, un hombre que tenga valores, una posición y que me ame. – Javier torció un poco la boca cuando le dije que quería amor, puede ser porque aún no esta enamorado de mí, tengo que esforzarme por ganar su corazón. -Bueno, quiero hacerte una pregunta. – Mi corazón estaba por salirse de mi pecho, a lo mejor estaba esperando un momento adecuado para decirlo y por eso su gesto. - ¿Qué cosa? - ¿Tú sabes donde vive ese bastardo del Anderson? – me congelé y no solo porque su pregunta no era la que yo esperaba, sino porque se la respuesta, otra vez tendré que mentir. - Aaah… la verdad no, ¿Cómo lo sabría? - Hablas tanto con él que, creí que ya eran amigos. - ¿Amiga de ese vagabundo? - ¡Uy! ¡No! Solo trato de mantenerlo en su lugar, nada más. - ¡Qué raro! Por alguna razón cuando entré al sistema del colegio, todos los datos de ese huevón están como confidencial. - Ahm… Pero todos son confidenciales. - No, todos se pueden hackear, menos el de ese bastardo, es como si fuera hijo de mafioso. – Me puse a pensar en la extraña forma de actuar de Rex, se que en la empresa tenemos suficiente poder para proteger muchas cosas, pero si Javier pagó para enterarse de los datos de Roberto y no pudo, ¿Qué tipo de vida llevaba mi cuñado antes de casarse con Ale? – Bueno, no importa, te veo luego hermosa ángel. A pesar de que me hubiera gustado que Javier encontrara lo que quería, agradezco que él no haya descubierto ninguna información sobre este vagabundo. Después de clase les conté a mis amigas la cercanía que tengo con Javier y que el fin de semana fui a comprar ropa con mi hermana, la temporada “otoño-invierno” está muy de moda, Valeria Maza usa gran parte de las marcas que me compré, así que, ellas me pidieron ir a casa conmigo para ver mis nuevas adquisiciones. Decidimos caminar, ya que era un lindo día de otoño, estábamos comentando sobre la farándula, las hermana Campos, dos modelos jóvenes, están acaparando la pantalla y las revistas de moda chilena. Mientras conversábamos y nos reíamos, pasa al lado de nosotras Roberto, me puse pálida, ya que no imaginé que él se fuera por este camino, eso explica porque llega media hora después que yo. - ¡¡Roberto!!- paró en seco y se giró a verme - ¿Qué pasa? – su pose de fastidio ni se compara al que me dará a mí más tarde - ¿Desde cuándo pasas por aquí? – Tengo que ser muy discreta para no delatarme. - Desde que vivo por aquí. – Me mira con una ceja alzada y con molestia. - ¿Tu casa está por donde vive Andrea? – pregunta la Coni. - Sí…algo así. – respondió algo confundido al verme modular la palabra “No”. - ¿Ann, porque no nos dijiste que él era tu vecino? - dijo la Panchi. - No sabía que él vivía por aquí, no conozco a todos mis vecinos. – estoy sudando de los nervios - ¿Si quieres nos acompañas? – La Sole y sus coqueteos descarados, si no fuera porque es la hermana mayor de la Panchi ya la hubiera sacado de nuestro circulo de amistad. - ¡Sole! él no es igual que nosotras, viene de otra clase. - el comentario de la Coni no le agradó a Roberto, se le nota por su ceja levantada y su fría mirada hacia ella. - Me importa un pucho irme con una manada de pendejas. – se dio vuelta y siguió su camino, yo estaba entrando en pánico. - ¡¡Roberto!!- él se volvió a girar y me miró con desdén. - ¿Qué? - Tú… ¿Tú vas a tu casa o tienes algo más que hacer? – trataba de expresarle con mis manos y con mi cara que no fuera a la casa, mientras escuchaba que mis amigas decían que él me gustaba. - Tengo que estudiar…Y eso normalmente lo hago en la casa. - Es que te oí… no es que quiera meterme en las cosas de los demás, pero justo pasaba por ahí y escuché que le decías a Carmen que tenías que buscar no sé qué, donde un amigo. – Parecía confundido ante mis palabras, aún no entiende mi indirecta y escuchar los murmullos solo me saca de quicio. - ¿Yo? – vi mover los ojos de Roberto, parece que está dándose cuenta de lo que trato de decir, él entorna los ojos, da un suspiro casi inaudible y dice dándose un golpe en la cabeza: - ¡Ah! Sí, tengo que ir a recuperar una historieta que presté, de ahí me voy a mi casa. - ¿Eres un niño? ¿Aún juntas esas cosas? ¿Qué edad tienes? – sé que seguramente Roberto debe estar odiándome por lo que está diciendo la Coni, pero supongo que esta acostumbrado a la humillación pública, ya que le gusta estar cerca de Victoria. - Pensé que era más maduro. – dijo la Sole, se veía en su ceño fruncido que Roberto estaba molesto, pero no dijo nada y caminó de regreso al colegio. Antes de llegar a casa les dije a mis amigas que me sentía enferma y que no tenía el ánimo para atenderlas, que el viernes lo compensaría, ese día Roberto apenas llega a casa, sale, solo debo calcular las horas e invitarlas. Apenas llegué a la casa, me bañé y esperé a Roberto, tengo que hablar este tema con él, no sé cómo se me pasó este detalle, pudo haberme perjudicado de por vida. Estuve esperando a este vulgar por una hora, ¿qué pudo estar haciendo durante todo este tiempo? - ¿Por qué no me dijiste que te ibas por ahí? – encaré con esta pregunta a Roberto mientras subía la escaleras con un paso pesado. - No sería mejor que me dijeras: “Hola Roberto ¿Cómo llegaste?” ¿en vez de atacarme con preguntas sin sentido? - Tu sarcasmo no responde al por qué no me dijiste tu ruta. - ¿Desde cuándo te digo lo que hago? Ni que fueras “Sapo de Micro” para decirte la hora y el recorrido que llevo. – ¿Por qué es tan roto para hablar? - ¡Deja de hablar como pobre y se claro! Mejor olvídalo, tienes que buscar otro camino, hay otras calles por las que puedes transitar. - Esa calle es la más corta, está a una hora del colegio, las demás son un laberinto y no llegaría nunca a la casa. – No puedo dejar que llegue primero que yo, ese indigente tendrá que ingeniárselas para llegar más tarde. - Entonces llega media hora más tarde, así nadie te verá llegar aquí. – la cara de Roberto quedó pasmada ante mi sugerencia. - ¿Qué te pasa? ¿Se te cayó un tornillo? ¿Qué te hace pensar que voy a hacer lo que me digas? - Me lo debes, por las humillaciones que me has hecho pasar en el colegio. – Este mugriento se larga a reír y me dice con burla: - ¡Ja! Las humillaciones te las haces tú sola, nadie te manda a ser la loca de patio conmigo, y no tengo ninguna razón para andar dando bote media hora por la calle, menos porque a ti se te ocurre. - ¿No lo vas a hacer? – puse mi pose seria y de mando, nadie me dice que no. - Mmm… no. - ¿Qué? ¡Este indecente no me puede hacer esto! - ¡Bien siente culpa desde ahora, porque por tu culpa seremos rechazados por la sociedad y perderemos nuestro prestigio ante la gente que nos respeta y teme! ¿Podrás vivir con eso? – puso una cara de desdén ante mis palabras y con sarcasmo respondió: - ¡Oooh! que terrible, déjame pensarlo bien… sí, sí puedo vivir con eso. – Roberto quería seguir su camino y yo entré en pánico ante su actitud, así que, preferí ofrecerle algo. -¡¡No, espera!! Espera, te propongo un acuerdo. - ¿Un acuerdo? – levantó una ceja con curiosidad. - El acuerdo es que tú tienes que llegar una hora más tarde y yo no te volveré a molestar, tampoco te diré nada, no te hablaré. – en ese momento Roberto se puso pensativo. - Mmm… ¿Nunca más me vas a molestar ni hablar? Espero que lo cumplas, porque no me hace gracias estar dando la hora por ahí y menos pensar que me vas a volver a dirigir la palabra, porque es suficiente con escuchar tu voz chillona aquí en la casa. - ¡cómo desprecio a este tipo! De pronto este vagabundo pone su mano frente a mí como si me estuviera pidiendo algo. - ¿Qué quieres? - Cerrar el acuerdo, tienes que darme la mano. - ¡¿Qué?!- ¡Uy! ¡Dios mío! ¡él esta sucio! Me crucé de brazos y dije: - tus manos están sucias, quien sabe dónde las metiste. - ¿Y así quieres que confíe en lo que prometiste? – Con mucha fuerza de voluntad le di la mano, solo quería soltarlo y vomitar. - Espero que cumplas, porque si no me devuelvo a la hora que quiera. Moví la cabeza para decir que sí y corrí a mi habitación para vomitar, aunque no boté nada, me lavé las manos muchas veces y me eché mucha pasta de dientes para sacarme el mal gusto de boca que me quedó, ahora será una verdadera tortura tener que ver a Victoria cerca de Roberto, no voy a poder estar cerca para echarla, bueno un sacrificio por otro ¿Qué podría salir mal?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR