Han pasado varias semanas desde este acuerdo, ha sido una pesadilla, todos mis lápices grafitos están mordisqueados, aguantar las ganas de ir a gritarle al vagabundo de Roberto me tiene estresada, Victoria es una maldita que jotea a cada rato a ese mugriento, estoy tan cansada, sé que he perdido belleza por esta situación, no duermo tranquila pensando en ¿cómo bajaría mi estatus si se enteran de que el indigente de Roberto es mi pariente?
Hoy los apoderados tienen reunión, recibirán el informe parcial de notas, me he esforzado mucho para sacar buenas notas, incluso con lo difícil que se ha vuelto matemáticas. Cuando llegué a la casa escuché que alguien estaba en el estudio, me acerqué y vi que la puerta no estaba bien cerrada, fui muy silenciosa, para escuchar.
- La empresa a sido muy criticada desde que tuviste esa discusión con Josep Edwards, muchos consideran que tu experiencia no es suficiente. – Habló un hombre de voz amable
- Las críticas no han afectado negativamente a la empresa, al contrario, he visto que los clientes han aumentado y los proveedores nos ofrecen mejores ofertas en sus productos. – a pesar de que la voz de Rex es muy suave, ahora se escucha firme y seria.
- Creo que eso no es lo que me preocupa, la verdad estoy preocupado por ti, estoy seguro de que Edwards te quiere dañar directamente y esta comprando a nuestra gente para traicionarte.
- Eso no es algo nuevo, mis enemigos suelen ser más que mis aliados.
- Te arrinconó, recuérdalo, sus intenciones no eran solo herirte, lo que quería era matarte. – un gemido ahogado salió de mi boca la cual tapé rápidamente con mis manos. Se formó un silencio muy largo hasta que veo de la nada aparecer una figura conocida.
- ¡Rex! – él me miró con una suave sonrisa.
- ¿Necesitas algo?
- Aaah… no. – Mi curiosidad es muy grande y me preocupa que mi cuñado esté en algo turbio. – Rex… Tengo que preguntarte algo.
- Dime. – me sonríe con calma.
- ¿Alguien quiere hacernos algo malo? – una carcajada salió de golpe.
- Andrea, nadie nos hará nada.
- Pero yo escuché… - Rex se puso serio y dijo:
- Suelo tener accidentes, trabajo para un holding, donde hay constructoras, empresas de maquinaria y herramientas, una embazadora, entre otras tantas, siempre me puede pasar algo y Ale, también lo sabe. – habla de manera tan segura, pero siento que es tan ambiguo en su discurso que no sé cuan verdad es lo que me dice.
- Entiendo. Tengo que ir a estudiar.
- Es bueno que siempre te esfuerces. – me fui a mi habitación y antes de subir las escaleras se escuchó como cerro la puerta del estudio, quedé con muchas dudas hacia su actitud.
Como a las cinco, Rex y mi mamá fueron a la reunión, mientras que, mi papá y mi hermana están organizando una salida para el veintiuno de mayo, iremos a Zapallar, me encanta el mar, mi piel se broncea y puedo salir a recorrer la costa, ahora solo estoy esperando que mi mamá vuelva de la reunión con mis notas. Pasada las siete, mi mamá llega algo confundida, en vez de pasarme la libreta de notas como siempre, fue directo con mi papá, algo raro está pasando.
- ¡Andrea! ¿Puedes venir, por favor? – La delicada voz de mi mamá tenía un tono de preocupación.
Me esperaban en el comedor, sentí que estaba siendo juzgada por un gran crimen, jamás me habían tratado así, ¿Qué hice mal? Me pidieron que me sentara, me pasaron la libreta, la revisé y casi morí al ver las notas de matemáticas ¡Tengo un rojo en matemáticas! Y a parte hay una anotación de mis distracciones en clases, que no presto atención por seguir a un compañero ¡Siento rabia y vergüenza! ¡Esto es culpa de Roberto!
- Mi niña, con tu papá lo pensamos mucho y decidimos no ir a Zapallar este año, estas castigada. - ¿Castigada? ¡nunca me habían castigado!
- No es justo, esta es la primera vez que tengo tan malas notas. – Mi papá molesto dijo:
- Te estas volviendo irresponsable, tanto que el pailón que tenemos alojando aquí, tiene mejores notas que tú. – No puede ser, ese vagabundo no puede ser mejor que yo.
- Hija decidimos este castigo o lo otro sería prohibirte ver a Javier, ya que me imagino que él es el niño a quien sigues ¿Verdad? – ni siquiera me puedo defender ante esto, si digo que sigo a Roberto me van a querer matar por avergonzarlos.
- ¡Esto no es justo! ¡Esto es horrible! – me paré molesta y me fui a mi pieza, no puedo creer que estoy castigada por ese vagabundo.
Después de mi castigo, todos mis compañeros presumían que habían salido de Santiago, yo tuve que fingir demencia y decir que fui a Zapallar, recordar lo que hice él año pasado y bajarle el perfil diciendo que solo fui a descansar.
Esta semana estamos en campeonato de voleibol, por error de la Panchi nos quedamos sin cancha para practicar, no hay canchas para arrendar en toda la región, estaba desesperada, hasta que, a Gloria, una compañera del cuarto medio B, nos dijo que, en una zona muy alejada de la ciudad, las canchas estaban vacías y sin usar, era extraño que no supiera de un lugar así. Ocupamos dos autos para llegar al lugar, tardamos un poco más de una hora, el sitio estaba algo sucio, pero parecía suficiente para entrenar.
Llevábamos más de una hora entrenando cuando una de mis compañeras golpeó la pelota más fuerte de lo que pensaba y salió volando por una barda y justo en ese momento se escucha un grito:
- ¡¡Concha su Madre!! ¡¡Mi nariz!!
- Parece que le pegamos a alguien. -dijo la Panchi, fuimos a ver a quien golpeamos y solo hay un bulto en el suelo.
- ¡Uy! Perdona, no fue nuestra intención pegarte. – dijo Paula.
- Si hubiera sido con intención me sacan la nariz de un pelotazo. – Esa expresión, reconozco ese sarcasmo en cualquier parte.
- ¿Roberto? – lo miré muy sorprendida mientras él tenía los ojos muy abiertos
- ¿Andrea? ¿Qué haces aquí? – Tenía la nariz roja y algo de sangre, yo respondí por inercia:
- Gloria nos trajo aquí, todas las canchas desde Vitacura a Lo Barnechea están ocupadas, hay un montón de competencias deportivas los próximos meses y no logré conseguir una reservación en ninguna cancha de Santiago o Viña y nuestro campeonato de voleibol es en dos semanas más. – La expresión de Roberto era de una gran preocupación, alzó la voz y dijo:
- ¿Están locas? ¡Tienen que volver a su casa! quien sabe que les pueda pasar aquí, las personas en este lugar no son como allá en el barrio alto, acá les pueden robar todo.
- Estas exagerando, nunca me ha pasado nada cuando vengo para acá. - dijo la Gloria.
- ¿Cómo conoces este lugar? Que yo sepa, la clase cuica jamás vendría a un lugar donde “Los pobretones muertos de hambre” socializan ¿Acaso saliste de aquí? - Gloria se encogía de hombros, me sentí estafada, se ve como nosotras, pero solo es una sucia de la clase baja.
- Gloria, me voy, no quiero que esta clase de personas lleguen a tocarme, siquiera. – La Coni estaba muy molesta.
- No se dé donde saliste, pero espero que tengas una buena explicación para seguir en nuestro equipo. – por desgracia ella es buena, pero apenas termine la competencia, ella se va.
Todas tenemos celulares de emergencia, cada una llamo a su casa para que sus choferes las vinieran a buscar, por desgracia nadie contesto en casa y traté de llamar a todos para que me vinieran a buscar, pero ni la Anita contesta, de pronto me habla la Berni:
- ¿Andrea, te vamos a dejar?
- No te preocupes Berni, cuando logre comunicarme con alguien de la casa me van a venir a buscar. – Es muy importante mantener las apariencias, si todas llamaron y las vinieron a buscar en menos de una hora, a mí si o si tienen que mandarme al chofer.
- Como quieras, nos vemos el martes.
- Nos vemos. - Se fueron y volví a marcar para llamar, pero me quedé con un grito ahogado en la garganta: ¿Queeeé?
- ¿Qué te pasa? – me dice con desdén Roberto.
- Me quedé sin batería, no puedo llamar a la casa. Me quedaré aquí en el quinto infierno por culpa de esta cosa. – ¡Mi maldita suerte! ¡Por qué hoy!
- Si quieres vas al negocio de la esquina. – Me dice ese mugriento de Roberto, como puede si quiera imaginar que voy a seguir tocando cosas aquí.
- ¡Uy, no!
- O te llevo yo a la casa y no tienes que quedarte aquí, en el quinto infierno como dices. – ¡Oh, por dios! Sus ideas son cada vez más absurdas.
- Si crees que me voy a ir contigo y exponerme públicamente, estas muy equivocado, iré a ese lugar donde dijiste que había un teléfono.
- ¿Estás segura? Si te quedas a esperar a que te lleguen a buscar, se va a hacer de noche y es muy peligroso. – me paralicé en mi lugar, sentí un poco de miedo hasta que recordé lo fuerte y valiente que soy.
- ¿Crees que no puedo esperar? Pues mira y calla. – iba a caminar hasta la tienda donde tienen teléfono público.
- Andrea, en una hora más empiezan a salir los ladrones y los hueones que abusan de minas como tú, si no te vas ahora conmigo, te quedas sola a enfrentarlos.
- Estas mintiendo, exageras. – me siento aterrada, pero yo soy fuerte.
- ¿Cómo sabes que miento? Nunca has estado aquí, yo viví dos años por estos lugares y a las minas que están vestidas igual a ti son blanco fácil, y pa’ más remate tú sola esperando que te vengan a buscar en una cancha, te estás regalando. – Está bien, ahora si estoy muy asustada.
- ¿De verdad pasan esas cosas aquí? – Movió la cabeza para afirmar lo que había dicho, frustrada tuve que aceptar su ayuda - Muy bien, llévame a la casa, lo que no significa que no haya podido esperar sola.
- Como tú digas.
Caminamos varias calles antes de llegar a una avenida muy concurrida, realmente este lugar es aterrador en la oscuridad, las calles mayormente son iluminadas por los autos, los postes de luz están llenos de cables y muy lejos uno de otro, de repente me asusté al oír la voz de Roberto.
- Aquí hay un paradero, vamos a tomar la primera micro que nos lleve al paradero catorce.
- ¿Cómo que vamos a tomar una micro? ¿Quieres que me suba a una de esas cosas donde hay gente sudada, con mal olor y con cosas pegadas en los asientos? – me siento muy asqueada en este momento.
- ¿Ahm? Sí. - ¡Qué impresión! Voy a tener que estar alrededor de muchos sucios y pobres rotos.
- ¿No puedes hacer parar un taxi? – un taxi es más personal, solo vamos dos personas y por muy sucio que este, Roberto es más tolerante que un montón de muertos de hambre.
- Sí, sería buena idea, pero no tengo tanta plata, no creo que a esta hora haya taxis vacíos, no nos van a pescar mucho porque se nota a leguas que somos pendejos y en esta comuna nadie puede pagar más de cincuenta lucas en taxi. – me crucé de brazos y solo pensaba en mi horrible suerte.
- ¡Qué horrible es este lugar! – grité de rabia.