Capítulo 7

1583 Palabras
Estaba aterrada esperando que no apareciera un sicópata por ahí, de reojo veía a Roberto mirar los vehículos que pasaban, no puedo creer que él use un estúpido gorro, lleva arremangado el polerón y tiene una patineta, al parecer la Coni tiene razón, aún no crece. De pronto este vago levanta la mano y para un bus que se cae a pedazos ¡¡Oh, Dios mío!! ¡¡Moriré! Sentí un asco al subir, apesta a fritanga y a varios olores corporales, entré sin tocar nada, no quiero afirmarme, todo se ve muy sucio, de repente escucho la voz de Roberto. - Andrea, estas con buzo, supongo que te pusiste eso para poder ensuciarlo, así que sentémonos, así vas a estar más tranquila. – traté de pensar positivo ¿qué podría ser peor? Caminé casi al fondo del bus y cuando creí que había encontrado un asiento vi a un viejo que apestaba a muerto y alcohol, echado en donde quería sentarme. - ¡Ay! ¡Qué asco! Prefiero ir parada y caerme antes que sentarme. – Roberto suspiró y como para su pesar dijo: - Entonces, afírmate de mí, porque el suelo no está mejor que los asientos o cualquier cosa que allá aquí. – este sin vergüenza solo quiere humillarme más de lo que ya lo esta haciendo, me crucé de brazos para no tocarlo, pero en ese momento está chatarra dobló y casi me caigo, entre en pánico y alterada dije: - No eres lo mejor que hay, pero sé que estas más limpio que esta chatarra andante. - giró los ojos y se afirmó de un fierro mientras ve su patineta, la que dejó en un asiento. Después de estar media hora viajando en esta lata andante, bajamos frente a un centro comercial, estaba asombrada, sentí que me demoré más de una hora en llegar a ese horrible lugar. - ¿Dónde estamos? Se parece al Parque Arauco. - Estamos en la Florida, ese es el Shopping. – me quedé quieta mirando la similitud, le iba a hablar a este animal, pero él se acercó a unas escaleras, se giró y me miró raro - ¿Qué pasa? - ¿A dónde me quieres llevar? ¿Qué hay allá abajo? – su cara mostró sorpresa. - Ahora vamos al metro, por aquí es la entrada, en una hora estaremos en Escuela Militar. Creo que me quedan dos boletos. - ¿Vamos a subir a otro transporte público? ¡Dios mío! esto es una pesadilla que no termina, tengo que volver a subir a otro lugar sucio y con gente borracha durmiendo. – ¡Estoy harta de este asqueroso lugar! ¿Cuántos lugares hay cómo este? - No es tan así, el metro es dis…- de pronto veo una cara de pánico en los ojos de Roberto. - Mejor vámonos, se hace tarde, ya está oscureciendo. – me tomó del brazo y trató de obligarme a bajar a ese oscuro lugar, es tan brusco que me hace daño. - ¡Auh! ¿Qué te pasa? Me aprietas fuerte. – de pronto las actitudes de Roberto parecían muy desesperadas. - ¡Andrea, baja corriendo las escaleras! - ¿Qué? – miré para atrás y vi a un par de tipos venir hacia nosotros, pero Roberto me jaló con fuerza para que bajara las escaleras. - ¡Corre porque me quieren sacar la cresta! – bajé lo más rápido que pude, estoy muy asustada, debí imaginar que este mugriento era un delincuente, de pronto, Roberto me toma de la mano y me tironea para que vaya más rápido. - ¡Mierda! – Roberto dijo al aire, me está asustando el ver su cara de preocupación. - ¡¡Ahí está!!- Se escuchó mientras cuatro tipos se acercaban, Roberto tenía una expresión preocupada, de pronto me empujó frente a un torniquete y me dijo: - Andrea, pasa y baja rápido por la derecha y sube al primer vagón que veas. - ¿Qué dijo? Me dejó con la boca abierta. - ¿Qué? ¿Me vas a dejar sola? – La cara de él se puso seria y me ordenó: - ¡Haz lo que te digo! - Puso el boleto en una ranura, me empujó para pasar al otro lado e hice lo que me pidió, me siento muy asustada, vi los vagones del tren y me subí al vagón más vacío, respiraba rápido y fuerte, podía sentir el rápido latido de mi corazón, no veía a Roberto, no bajaba ¿Qué pasa? ¿Estará bien? En ese momento se escuchó un timbre y una voz que decía que se cerrarían las puertas ¡estoy muy preocupada! Hasta que veo que alguien salta de las escaleras, era él, parecía buscarme, así que, le grite: -Roberto, apúrate: -él corrió hasta el vagón donde yo estaba y entró justo a tiempo, los tipos que lo seguían no pudieron abordar y los alcanzaron los guardias, Roberto estaba muerto de la risa y yo al borde de un ataque cardiaco. - Roberto, casi no entras. - Casi. - él tenía una sonrisa de oreja a oreja. - Pero alcancé. - dijo mientras dejaba la patineta en el suelo, se sacó el gorro y el polerón que llevaba puesto, los guardó en su mochila, de la nada, él me toma la mano y me lleva al otro extremo del vagón, yo no sabía que decir y solo se me ocurrió: - ¿Por qué te sacaste el polerón y el gorro que llevabas, y los guardaste? - Para que no me reconozcan. - ¿Por qué no quieres que te reconozcan? - Para que no me echen por subir sin pagar. - ¡No pagaste! – ¿Por qué lo hizo? - ¡Shhh! No lo publiques, me pueden pillar. - me susurró - Es la primera vez en mi vida que tengo que correr porque quieren linchar a alguien que viene conmigo. - Sí, que loco. Ahora esos hueones deben odiarme con muchas más ganas que antes. – se reía como si esto fuera una gracia. Giraba por mi cabeza una y otra vez lo que acababa de pasar y me di cuenta de que él me dijo que, se pasó para subir al tren, me dio su boleto, me protegió, como si el fuera un héroe como el de las películas, de pronto veo algo en él, un hombre poderoso y deseable. - ¿Qué pasa? – sentía mi cara arder, debo estar muy roja. - Pensaba en que, este día ha sido muy emocionante, el más emocionante que he tenido hasta ahora, es la primera vez que alguien me protege dándome su única posibilidad de escapar. Te arriesgaste a ser golpeado por mantenerme segura y a salvo, fuiste muy valiente, casi un héroe. – mi corazón late a toda velocidad y me siento tan atraída a él que soy capaz de... - Andrea, que le pones color, si a ti no te iba…- le rodee el cuello con mis manos y lo besé con deseo, su boca respondió ante mí acto, he besado antes, pero él parece tener más experiencia que yo, ya que siento sus labios encajar perfectamente con los míos, su lengua intrusa busca la mía y siento que me pierdo en un extraño remolino de sensaciones, pero Roberto no puede ser el indicado, él es el hermano de mi cuñado, es como familia, no, Javier es mi príncipe, él será mi futuro esposo en algún momento, no puedo seguir con esto. - Esto no está bien, fue un lapsus por la conmoción del momento ¡un delirio! ¡esto jamás pasó! ¿Entendiste? – Roberto me miró confundido, se apoyó de una de las paredes del vagón y se quedó callado. El resto del viaje estuvimos en silencio, no podía entender lo que me pasó, yo no soy tan impulsiva, como pude tocarlo, me siento tan avergonzada y extraña, él no me gusta, ahora que lo pienso mejor, él jamás estaría dentro de los hombres que me gustan ¡Es un salvaje! Debo dejar las cosas claras, este roto no me puede volver a tocar, él no vale nada, es solo un mugriento, yo merezco más que un roteque de pobla. - Voy a entrar yo primero. – Lo miré muy seria y con desprecio. - Y espero que no le cuentes a nadie lo que pasó en el metro, no quiero que sepan que un tipo de tu clase me tocó, sería muy humillante que supieran algo así. – El tonto de Roberto parecía confundido, pero cuando reaccionó sacó a relucir su sarcasmo - Aún no caigo tan bajo para degradarme diciendo que pasa algo contigo, aún tengo amor propio. - No estoy para responder sus estupideces en este momento. - Entra cinco o diez minutos después de mí, no quiero que piensen que vamos juntos para todas partes. – las primeras en recibirme fueron mi mamá y mi hermana, preocupadas por que no llegaba, les expliqué lo de la práctica de voleibol y quedaron conformes. Fui a mi habitación, aún tengo esa sensación de deseo hacia Roberto, pero no puedo sentir algo así, quiero sentir estas ganas locas por Javier, pero lo que siento por él es muy distinto, a lo mejor estoy confundida en mis deseos, la verdad debo querer estar con Javier, pero es Roberto quien siempre esta cerca, eso es, solo es una confusión por la cercanía, ahora, mejor me voy a bañar y acostar.
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