Capítulo 8

2323 Palabras
Ha sido muy difícil ignorar a Roberto, pero lo he conseguido, esta semana Javier ha estado muy coqueto y seductor conmigo, al parecer por fin mis encantos están causando un efecto en él, antes de irme Javier me llama: - Andrea, hermosa, ven un momento. – - Sí, voy. – me tomó de la mano y me llevó hasta la sala de ciencias, fue extraño, pero estaba feliz de estar con él, cuando Javier toma el pomo de la puerta e intenta girarla no pudo. - ¡Mierda! – susurró, parecía molesto. - ¿Qué pasa? ¿Qué querías decirme? – se giró hacia mí, me arrinconó contra una pared y me apretó con su cuerpo. - No pasa nada, solo quería estar a solas contigo. – estoy tan emocionada, este será mi primer beso con él. - ¡Qué pena que estuviera con llave la puerta! – una de sus manos bajo hasta el dobladillo de mi falda, bajo un poco más para tocar la piel de mi muslo y comenzó a subir, estaba tan cerca de mi boca que solo un impulso más y él me besa. - ¡Andrea! – en ese momento escuchó el grito de Alejandra, mi hermana, olvidé que saldría de compras con ella. Javier me soltó rápidamente y se alejó como si yo tuviera la peste. - ¡Javier! - Tengo que irme, nos vemos mañana. – se veía muy molesto. - ¡Ay, Andrea! Te estaba buscando, si no fuera por tus amigas que me dijeron que estabas dentro del colegio, hubiera pensado que te habías ido. – al parecer Ale no vio nada, eso me alivia, pero no me quita la rabia que llevo dentro. - Ya me encontraste, así que vámonos. - ¿Y dónde está Roberto? Podemos llevarlo, quiero comprarle algunas cosas, al parecer Rex encontró su pasatiempo favorito y … - Mi hermana quiere volverme loca - ¡¡No sé dónde esta!! ¡¡Y no me importa!! ¡Ese mugriento ya es adulto y hace lo que quiere! – Alejandra se veía sorprendida, puede ser porque no oculté mi furia, ¡Ella lo arruinó todo! ¡Javier casi me besa! Después de las compras, llegamos a la casa, estaba agotada, harta y solo quiero hacer un poco de yoga y darme un baño de tina para relajarme, apenas crucé la puerta, veo al anormal de Roberto desarmando la radio del living. - ¿Qué hiciste? ¡Rompiste la radio! - No la rompí, la arreglé. - ¿arreglarla? Si están todas sus piezas desordenadas. - ¡Roberto! ¿Qué le hiciste a la radio? – dijo mi hermana tan sorprendida como yo. - Nada malo, tenía unos cables sueltos y los soldé, ahora hay que probarla. – Que haya puesto todas las partes que sacó dentro de la radio, no significa que este arreglada, quiero ver su fracaso al encenderla. - ¡Wau! La arreglaste, deberías estudiar algo que tenga que ver con lo que hiciste con la radio. – dice Ale emocionada, yo no podía creerlo ¡La hizo funcionar! ¡Uy! Me siento más molesta que antes. - Bueno, a mí me gustaría ser mecánico de autos cuando salga de cuarto medio, me gustan los autos. – ¡Quiere ser un sucio mecánico! no pude aguantar largarme a reír, esto me hizo el día. - ¡Ja, ja, ja! Era lógico, alguien que viene de una población no puede ostentar por grandes ambiciones, todo sueño que puedan llegar a tener se piensa en pobre, poco ambicioso. – Roberto me miró con odio y no se quedó callado. - Bueno, debe ser tan poco ambicioso como agarrarse a besos con el primer mino que se encuentre en el metro. – Me quedé atónita, ¡ese maldito me está atacando! - Eso no tiene sentido ¿A qué va? – Ale no entendía, pero yo estaba furiosa ante su golpe bajo. - Eres un vulgar. – me giré y me fui hasta las escaleras, subí lento para saber que decía este enfermo de mí. - ¿Qué le pasa a Ann? No le dijiste nada. Al menos que tú y ella sepan algo que yo no. – dijo Ale, me asusté un poco ante la respuesta que le iba a dar este animal. - ¿Qué puedo saber de ella? Que vivamos juntos en esta casa no significa que sepa cosas de ella. Lo bueno es que la radio funciona y pueden volver a usarla. – Por lo menos se dignó a quedarse callado. - No la vamos a usar, como pensábamos que había dejado de funcionar, Rex compró un equipo de música de última generación, lo traerán mañana. – La palabras de Ale fueron las últimas que escuché, me fui a bañar y me quedé ahí un buen rato hasta calmar mi ira, me acostaré para olvidar todo esto. ¡No quiero pensar más en Roberto! Desde que se me ocurrió ir a "esa horrenda cancha" en la comuna de Puente y algo, todo el desprecio que sentía por este niño tonto y de vestimenta vulgar, se volvió en una confusa atracción que mi mente no puede ignorar desde que lo besé en esa estación de metro que no puedo recordar el nombre. Necesito un tiempo para pensar, nadie puede saber ni siquiera imaginar que algo pasa con el cuñado de mi hermana, además a mí me gusta Javier, es un hombre lindo, deseado por gran parte de mis compañeras y no tiene polola en este momento. Tengo que hablar con Roberto, mi reputación como "señorita de bien" se puede romper por culpa de este desafortunado tropiezo, tengo que esperar a que este "roto" llegue, ya que hicimos un acuerdo de que él llegaría a la casa una hora después que yo y es porque no quiero que sepan que vivo con alguien tan desacorde a mi estatus social. - ¡Por fin llegaste! - De que sirve que yo llegue una hora después de salir del colegio si rompes el acuerdo todo el tiempo. - Tenemos que hablar. - ¡Otra vez! no tienes una hermana para hablar. - Es por lo que pasó en el metro. - ¿Hubo un accidente? - mirarlo con rabia no resulta muy bien, no entiende la indirecta. - ¿Chocaron los vagones? ¿Un hueón cayó en la línea? ¿Cuál de esas hueas pasó? - Hablo de lo que pasó el otro día con nosotros. - Pensé que no volveríamos a tocar el tema. - Quiero asegurarme de que no vas a decir nada a nadie, no quiero ni imaginar lo que Javier pensaría de mi si sabe que yo toqué a alguien como tú, un semidiós como él debe tener a alguien intocable, una musa inspiradora, una santa como yo, sería horrible que me dejara de mirar por tocarte a ti, un prospecto de mecánico. -Prefiero ser el prospecto de mecánico que el abusador a quien alabas. -Solo le tienes envidia porque no puedes ser como él. - Roberto se quedó quieto frente a su pieza, de pronto se dio vuelta, me tomó las muñecas con fuerza y me empujó hasta la pared aprisionándome en ella con su cuerpo. - ¿Crees que no puedo ser como él? - Su cara tan cerca de la mía me aturdió, sentí el aroma que traía su ropa, muy diferente a lo que siento cuando estoy cerca de Javier, es algo atrayente. Sentí un deseo de volver a besarlo, como en el metro, pero al mirarlo a los ojos sentí un escalofrió que recorrió toda mi espalda, su mirada era de maldad, sin pudor, casi sentí que me desnudaba con la vista, incluso me hizo pensar en lo peor que podía hacer cuando con sus piernas intento abrir las mías, estoy asustada, pero de la nada cambio de actitud y dijo: - Tienes razón, nunca llegaré a ser un maldito abusador como él. - Me soltó suavemente y se fue directo a su pieza sin ni siquiera hacer sonido, apenas se escuchó cuando cerró la puerta. Creo que perdí el aliento, caminé tambaleando a mi pieza, confundida por lo que había pasado solo hace unos minutos, ni siquiera sé que me quiso decir con tanta actuación, ni siquiera recuerdo lo que me dijo, estoy hiperventilada, quisiera desaparecer por un segundo. La noche fue muy agitada, no pude evitar soñar una y otra vez con Roberto, en todos mis sueños él es un ser poderoso, atrayente y muy protector que me salvaba con sus fuertes brazos, me apretaba contra su cuerpo y sentía su respiración sobre mis labios, hasta casi sentía ese olor tan particular que tiene, a pesar de que me sentía cómoda en el sueño, despertaba porque sabía que él no es así, es ególatra, soberbio e indiferente, todo eso lo vuelve un ser vulgar y sin clase. Desperté muy cansada en la mañana, con la sensación de que todo lo que había soñado era real y pensé que tal vez Roberto tenía ese lado heroico que me atraía en mis sueños, me bañé y preparé para ir a clases, salgo de mi pieza aún con la idea de lo que soñé, di unos pasos por el pasillo pensativa y siento que alguien me pasa a llevar por el hombro muy fuerte y me dice: - No hagas taco, tengo hambre y no quiero irme sin comer al colegio. - Vi como bajo por las escaleras y me vino una rabia hacia él que me respondí a mi misma "Es imposible que él sea como en mis sueños, es un animal sin ninguna educación". Esta semana empezó horriblemente mal, la cocina se inundó porque las cañerías se habían roído con oxido y se rompieron, lo cual nos quedamos sin agua todo un día, lo peor es que nos dijeron que van a tener que cambiar todas las cañerías de la casa, porque son muy antiguas, así que tuvimos que quedarnos gran parte de la semana en un hotel, recién el domingo en la noche pudimos volver a la casa porque habían habilitado la cocina y uno de los baños, aún no sabía cuál. El lunes después de clases llegué sintiéndome salida de un basurero. - Me siento tan sucia. - ¡Andrea, llegaste! - me dijo Ale muy sorprendida - ¿Pasa algo? - Siii… Tengo una buena noticia y otra mala. - ¿Cuáles son? – Ale anda con rodeos - Bueno, la buena noticia es que ya llevan la mitad de las cañerías cambiadas, la cocina y un baño de la casa ya están funcionando. - Eso ya lo sabía, ahora quiero bañarme ¿Cuál es el baño que está funcionando? - Esa es la mala noticia, el que está funcionando es el baño de Roberto. - ¡¿Queeeé?!¡El único baño que funciona es el de ese mecánico sucio y asqueroso! No puede ser ¿Cómo me voy a bañar? – Estaba tan molesta, él es hombre, es sucio, no se baña nunca y yo que lo necesito, no tengo mi baño, es tan injusto. - Báñate ahí, vigilaré que nadie entre y cuando llegue Roberto le explicaré lo que pasó. - ¡Qué otra me queda! no quiero parecer una cualquiera, una vulgar. Fui a buscar mis cosas, mi perfume, mi shampoo, mis cremas, mi ropa, mis toallas, todo. Entré a la pieza de este espécimen de hombre, apestaba, parece que nunca abre las ventanas, ropa tirada por todos lados, lo único que se veía decente era la cama que estaba hecha. El baño se veía limpio, dejé mis cosas encima de un mueble que había ahí, me empecé a desvestir, dejé correr el agua caliente y antes de entrar a la ducha veo colgada una toalla en el fierro de la cortina, la tomo con la punta de los dedos, la toalla se veía ploma. -Por Dios ¿Qué es esto? – en eso momento alguien abre la puerta, por el susto chillé y me cubrí con la toalla que tenía en las manos. - ¡Ah! No sabía que había alguien, perdón. – Era Roberto, cerró la puerta muy rápido, estaba desnudo, completamente desnudo, y yo con apenas una toalla asquerosa. - ¡Qué asco! ¡Toqué la toalla de Roberto! – tiré lejos ese paño sucio que él usa de toalla y me bañé lo más rápido que pude. Cuando salí del baño, bajé a pedirle explicaciones a Ale, pero al único que vi fue a Rex, que estaba hablando por teléfono, ni siquiera estaba Roberto, lo cual fue un alivio que él no estuviera, me siento muy avergonzada de que me haya visto sin nada de ropa. Rex colgó el teléfono y me preguntó: - ¿Te pasa algo? - ¿Dónde está Ale? - Tuvo que salir a dejarle unos documentos a tu papá, era algo urgente. - ¿Y mi mamá ya llegó? - No que yo sepa. - ¿Y tu hermano? – Rex me miró algo confundido. - Él salió, dijo que iba a dar una vuelta y volvía. - Ah, así que, no hay nadie en la casa – Rex movió la cabeza afirmando mis palabras. – Entonces me voy a mi pieza a estudiar. - Creo que sería lo mejor. - no sé si son ideas mías, pero desde que conozco a Rex, él hace y habla de forma muy misteriosa, como ahora. Encerrada en mi pieza, pensaba que Ale me las iba a pagar por desaparecer y no avisarle a Roberto que me estaba bañando, nunca me imaginé que iba a entrar desnudo, con esos brazos fuertes, un abdomen firme y… ¡Ay! En que estoy pensando es un vulgar, sucio, mal oliente y fuerte mecánico, totalmente desnudo ante mí con su cuerpo firme y… No puede ser ¡¿Por qué sigues paseándote por mi cabeza?! Te odio Roberto, eres un tonto.
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