Me pasó algo terrible, algo que jamás pensé que me podía pasar, mis notas de matemáticas son horribles, la profesora Kandinsky habló conmigo en privado, para ahorrarme la vergüenza de que todos se enteren.
- Señorita Dossmar, por lo general es una alumna sobresaliente que tiene muy buenas notas, pero de un tiempo para acá, su promedio en clase ha bajado considerablemente, esta es la última prueba, puede revisarla. - Me quería morir tengo un tres nueve, esta es la tercera nota roja que recibo en este ramo. - Ya que, considero que puede mejorar, le recomiendo que tome un tutor, uno de sus compañeros a destacado en mi clase por entender con rapidez, estoy segura de que él no se negará a ayudarla. – con casi nada de ánimo, le pregunté a la profesora:
- ¿Quién es ese compañero?
- Roberto Anderson, es un buen alumno y es muy colaborador, sé que le ayudará sin dudar. – me congelé en mi lugar, era como un mal sueño del que no puedes despertar, pero por más que me piñizcaba la mano, no podía salir de él, solo me causaba un gran dolor.
- Gracias, señorita.
Después de hablar con la profesora de matemáticas, fui a buscar mis cosas para irme a casa, me quedé un rato mirando al unísono, hasta qué una voz familiar me habla.
- Andrea, el chofer te está esperando abajo.
- Pensé que te habías ido.
- En eso estaba, cuando el chofer me preguntó si habías salido.
- Ya voy. – tomé mi mochila e iba a empezar a caminar cuando Roberto me detiene.
- ¿Qué te pasó en la mano? – sin permiso el tomó mi mano entre las suyas y pasó sus dedos sobre mi piel dañada, justo donde me había piñizcado antes.
- Ah, no es nada, me dio alergia.
- ¿Estás segura? Parece como si alguien te hubiera enterrado algo en la piel, tienes heridas. – quité mi mano con brusquedad.
- No seas tonto, es alergia, solo que me he rascado mucho y así me quedó.
- ¿Alergia a qué? – estoy muy enojada por su insistencia así que le dije:
- ¡Qué te importa! – él suspiró y dijo de forma muy dulce.
- Ten cuidado, ¿sí? Y baja luego. – dio la media vuelta y se fue, de pronto pasaron las palabras de la profesora Kandinsky “Roberto Anderson, es un buen alumno y es muy colaborador, sé que le ayudará sin dudar.”
Esperé pacientemente a que llegará, pero a pasado más de una hora y aún no lo escucho subir, así que fui a buscarlo. Bajé y eché un ojo al living y después pasé a la cocina, y ahí estaba comiendo un pan con carne.
- Roberto ¿podemos hablar?
- Hablar, hablar, hablar. Se supone que tienes amigas ¿Por qué no hablas con ellas? – Para ser paciente con él hay que tener una gran fuerza de voluntad, así que, respiré profundo y dije:
- ¿Cuándo termines de comer puedo conversar contigo, por favor? -
- Wau, mira tú, la princesita si tiene modales. – Su sarcasmo me saca de quicio, pero solo puedo mantenerme calmada.
- Te espero en el living. – pasaron unos cuanto minutos antes de que él apareciera.
- ¿Qué quieres?
- La Señorita Kandinsky dijo que eres uno de los mejores en matemáticas y entendiste muy bien cómo sacar la hipotenusa de todos los triángulos. La próxima semana van a empezar las pruebas globales y no quiero tener la nota que tuve en la prueba de hoy.
- ¿Y qué nota te sacaste?
- ¿Por qué me preguntas eso? ¿Qué nota te sacaste tú que la profesora te considera tan bueno?
- Me saque un siete ¿Y tú? – esto es humillante, tiene una nota tres veces mejor que la mía.
- No tengo la nota que yo esperaba
- ¿Un cuatro? – no puedo decirle mi nota, es vergonzosa
- Algo así.
- ¿Un dos? - ¿Cómo se le puede ocurrir? ¿cree que soy una burra?
- No soy tan mala para tener una nota como esa, si sé algo de matemáticas.
-Entonces ¿Qué nota te sacaste?
-Un…Tres… nueve.
- ¿En serio? ¿Tú la señorita perfección, tienes una mala nota? Si no me lo dices no me la creo ¿en qué momento perdiste el control de ti?
- Mira, necesito entender lo de los triángulos para que mi promedio no caiga más bajo de lo que ha caído. Y esto es muy difícil para mí, jamás había sentido como mi orgullo se hacía pedazos al ver esa horrible nota, tenía un promedio perfecto en todos los ramos y me estoy esforzando para pedirte que, por favor, me ayudes. – Roberto puso una expresión de confusión, después me miró con compasión y paciencia, me sentía tan humillada, pero de la nada puso una sonrisa tan gentil y sus ojos me miraban con dulzura, sentí que mi corazón se agitaba ante ese gesto.
Me sentí muy aturdida al ver como Roberto me trataba de enseñar, sentí que me bombardeaba de información y que sacaba formulas y hacia triángulos con una regla y no sé de donde sacó otro triángulo, me siento muy confundida.
- ¿Cómo sacaste otro triángulo? El triángulo recto tiene una hipotenusa.
- No, no la tiene, tienes que sacar la hipotenusa según el ángulo recto, la base del triángulo es la de acá arriba, para que sepas que está bien tienes que sacar para afuera de este triángulo uno que sea equilátero, la hipotenusa tiene que unirse en un punto donde se unen dos aristas del mismo tamaño que el lado más largo del triángulo recto.
- La cabeza me da vueltas, aún no entiendo como entendiste todo esto.
- No es tan complicado. A ver, volvamos al principio. – Tiene una paciencia de oro, se dio el tiempo de volver a enseñarme todo, la profesora de matemáticas tiene razón, él es muy buena persona cuando quiere.
Eran más de las once cuando Roberto bostezó, se veía cansado y se estiró para decir con pereza:
- Andrea, vamos a dormir, tengo sueño y mañana hay que ir al cole. – me pegó su bostezo y le respondí:
- Sí, tienes razón, es tarde y estoy muy cansada. -
- Si quieres, podemos estudiar otro día.
- Tal vez. – iba a subir las escaleras primero, pero me voltee para mirar a Roberto, de la nada me nació decir: - Gracias… por enseñarme.
Él se sorprendió por mi acto y no me aguanté, necesitaba tocarlo y puse mi mano en su fuerte pecho, una electricidad muy extraña se formó en el aire, de repente siento como respira profundo y algo en mi se prende, provocando un deseo el cual no puedo comprender, saqué mi mano sin mostrar la más mínima alteración y fui a mi habitación, esta vez ni siquiera quería pensar en que estaba pasando, solo me lavé los dientes y me acosté.
La semana pasó rápido y con mucho trabajo del colegio por lo cual no tuve que pensar mucho sobre ningún tema que no fueran mis tareas, ver con la Panchi y la Cony a donde vamos a ir a fin de año y como conquistar a Javier para que sea mi pololo antes de terminar el año; nada me distrajo de mi media hora de descanso para concentrarme. Después de estar calmada y relajarme, fui a comer algo nutritivo y saludable para mi linda y perfecta figura. En la cocina estaba Rex, Roberto y la patética de Carmen que se puso a pololear con el mecánico de pobla, que cree parecer una mosquita muerta dando lastima por ahí. No puedo entender porque la trajo si se suponía que teníamos un acuerdo de que nadie supiera que vivíamos juntos. Bueno, traté de no llamar la atención, de pasar inadvertida, para que distraer a todos con mi perfecta presencia, espero que Carmen no se dé cuenta de que tengo algún parentesco con ese mecanucho.
- Así que estás pololeando con mi hermano. – no pude evitar dar vuelta y decir en mi mente "¿qué dijo?” como se le ocurre decírselo a Rex, lo sabrá todo el mundo.
- Si, él me lo pidió. – ¡Ay por Dios! A quien engaña con su postura de dama fina, que ni un plato rompe al decir: “él me lo pidió".
- Sí, creo que te lo pedí el viernes ¿verdad?
- Creo que sí.
- Tengo que irme. Y Carmen cualquier cosa que haga o NO HAGA mi hermanito, me avisas.
- Bueno. – ¿Cómo? ¿La snob y el mecánico juntos en mi casa? es una pesadilla.
- ¿Roberto puedo hablar contigo? – él torció la boca y tomó un aire fastidiado, si supiera que estoy más fastidiada que cualquiera en este mundo.
- Voy y vuelvo, te quiero.
- Yo también te quiero. – " yo también te quiero" que par de tontos.
Salimos de la cocina hasta el pasillo que lleva hacia el living, estaba tan enojada por lo que pasó, solo bastaron diez minutos para que mi fin de semana se arruinara completamente.
- ¿Cómo se te ocurre traer a una hija de snob? Peor aún ¿Cómo se te ocurre traerla aquí y contárselo a Rex? ¡Prometiste que nadie sabría que vivimos en la misma casa!
- Es mi polola, quería que Rex la conociera.
- Eres un mentiroso que no cumple sus promesas.
- Tú tampoco las cumples y puedo hablar con Carmen, ella no va a decir nada.
- No confió en ella.
- Yo sí.
- Espero que la snob y tú, mecánico de pobla, no destruyan lo que me llevó años crear en este colegio.
- Tu empeño por tratar de ocultar lo que está a la vista, no es tan frágil como la ilusión que tienes por el hueón de Zanetti.
- ¿Por qué me sacas a la conversación a un príncipe azul como Javier? No puedes compáralo a una rota con plata.
- Claro que no, Carmen es rica, muy rica y buena, Javier es un maricón con plata.
- Hablas de ella como si ya hubieran tenido sexo.
- ¿De qué mierda me estás hablando? ¡Ah, ya sé! estas celosa porque el hueón de Javier aún no te mete a su cama.
- ¡Cómo se te ocurre tratarme así! no soy una cualquiera.
- Carmen tampoco, así que limítate a confiar en mí y dejarme tranquilo. - Roberto se dio la media vuelta y se fue a la cocina, no podía quitarme el enojo.
Traté de concentrarme en mi tarea de matemáticas y no tener que pensar en Roberto, que debe estar besando a Carmen con sus labios fogosos, abrazándola con sus firmes y fuertes manos, ella cerca de su cuerpo cálido y con su aroma tan particular de hombre deportivo ¿Por qué pienso en él? debería estar pensando en las cualidades de Javier, él es un semi-Dios, un príncipe azul y... ¡¡Aaah!! ¡¡No quiero pensar en Roberto!! ¡¡No quiero que se pasee por mi mente más!!
Cada semana se ha puesto cuesta arriba, ver a Roberto al lado de "esa mosquita muerta" de Carmen me causa rabia, me molesta ver como se besuquean por todas partes, que vayan de la mano y se abracen cada vez que pueden en el recreo. No estoy celosa, sé que pronto Javier me va a pedir que salgamos.
Después de la hora del almuerzo, Francisca, mi mejor amiga, me comentó que Javier quería hablar conmigo después del último recreo, se lo dijo Arturo, así que saqué de mi arsenal un brillo labial y entré a clases esperando pedir permiso para el baño, ya que él aun no entraba a clases. Me tarde cinco minutos en conseguir el permiso diciendo una pequeña mentira de que estaba indispuesta, me dejaron salir enseguida, llegué donde me dijo la Panchi, cerca de los baños de hombres. Estaba muy contenta pensando en cómo debe besar Javier, que ojalá que sea mucho mejor que Roberto para poder olvidarlo, que sus manos sean de un hombre fuerte y que conserve su perfil principesco, que su aroma sea más atrayente que cualquier olor en este mundo, imaginar me hizo olvidar donde iba, pero llegué justo cuando veo a Roberto y Javier discutir por "no sé qué" exactamente, no es porque sea curiosa, pero retrocedí unos pasos y me escondí detrás de una pared para escuchar lo que decían:
- ¿Por qué no te devuelves al basurero del que saliste?
- No me interesa conocer dónde vives, los mierda de personas como tú, solo viven en la mierda.
- Esto no te importa, "roto de pobla".
- No voy a dejar que le hagas nada y menos donde nadie la puede oír ni ver para defenderla.
- Ella no necesita que la defiendan, solo quiero cumplir con mi récord personal.
- Vas a tener que pasar sobre mí para que la toques, a ella o a cualquiera. No me imaginó lo que habrás hecho con cada niña de este lugar.
- Ya no son niñas, son prospecto de mujeres. Solo les estoy dando una ayuda para que sean realmente una mujer con todas sus letras.
- Maldito maricón, no voy a dejar que la toques, quieres hacerle pebre la vida, destrozarla, pero no te dejaré con ella ni con ninguna otra, antes te voy a enviar a la mierda de dónde vienes.
- ¿Y qué vas a hacer, pololear con todas ellas? Pudiste salvar a Carmen, pero te aseguro que ella será mía de una u otra forma, no puedes estar siempre con ella. Además, no te veo muy diferente a mí, no creo que Carmen conserve lo único que me interesaba de ella y a diferencia de ti, yo solo tengo dieciséis y tú dieciocho, a mí no me van a llevar preso, pero a ti, quien sabe. - No podía entender esta discusión, no sabía exactamente por quien era, hablaban de Carmen y de otras más. Se suponía que me iba a encontrar con Javier, pero tampoco estaba segura para qué nos juntaríamos, pensé que me iba a pedir pololeo y me iba a besar por primera vez.
- ¡Mira pendejo de mierda! ni me parezco a ti, ni a ninguno de los hueones que te apañan. No tengo una mente enferma como la tuya, solo te advierto que... – Vi como Roberto tomó a Javier por el chaleco del colegio, dobló un poco el brazo derecho y empuñó su mano, tuve el presentimiento de que Roberto quería golpear a mi príncipe Javier:
- ¡¡Roberto, no!!- fui corriendo hasta donde estaban ellos y obligué a Roberto para que soltara a Javier. – ¿Javier, estas bien? – Javier movió la cabeza afirmando que estaba bien y me dirigí hacia Roberto. – ¡Roberto! ¿Qué te pasa? él no le ha hecho nada a nadie.
- Andrea tú no entiendes. – me respondió Roberto.
- Entiendo que solo te importa Carmen y que a Javier no le interesa, creo que está interesado en alguien más.
- Es lógico que yo esté interesado en alguien más, para que quiero a una rota salida de pobla, si aquí hay "mujeres" de mi clase. – dijo Javier:
- Roberto, es mejor que te vayas a la sala, tengo que hablar con Javier. – Por un segundo vi en la cara de Roberto pánico, desesperación y rabia.
- ¿Qué? ¿Estás loca? – Una inspectora pasó por el lugar y nos llamó la atención.
- ¿Qué están haciendo afuera de la sala ustedes cinco? Si no vuelven en este momento a clases llamaré a sus apoderados. – Estaba tan enojada con Roberto, por su culpa no pude hablar con Javier, no me pudo pedir pololeo y no puedo ser la más envidiada de mis compañeras por tener a un príncipe helénico a mi lado.
Después de lo que pasó en el colegio, Javier no me ha vuelto a mirar, han pasado casi dos semanas y ni siquiera me saluda ¡Tonto Roberto! está arruinando mi vida con cada segundo que pasa y recién estamos a mitad de año. He tratado de pensar en alternativas para olvidar todo esto, le pedí a mi papi que me inscribiera en un gimnasio donde enseñen yoga, el martes tengo volibol, los jueves voy a comprar ropa con la Panchi y la Cony, y también me junto con mis amigas en la casa, tengo una gran lista que cumplir y en ella aún no está “salir con mi pololo Javier”.
Más o menos la segunda semana antes de junio, uno de mis compañeros, el Sergio, invitó a todo el curso este sábado a su cumpleaños de los diecisiete, no quería ir ya que estaría sola y se vería muy mal que una Dossmar no tuviera a un acompañante digno y glamoroso. Cuando salimos a la hora de almuerzo a Panchi se le ocurre ir al baño.
-Voy y vuelvo, es una urgencia.
- Te apuesto que debe estar indispuesta, estuvo toda la semana tan pesada con nosotras. – Dijo la Cony de forma muy antipática.
- ¡Ay! ¡Cony! todas somos iguales, no puedes criticarla, a parte tú no eres un paquetito de amor en ese momento tampoco.
- Parece que hay otra que va para lo mismo. – Me dijo la Cony.
- Y estoy segura de que eres tú. – La Cony se pone tan desagradable a veces.
- Ojalá que se apure la Panchi.
Cuando Panchi volvió del baño, llega muy risueña y emocionada, era como si se hubiese enterado de la última copucha del día, lo cual no dudo que sea así, es la primera que se entera de todo o que pasa en el colegio, por lo tanto, tuve que preguntar por la curiosidad.
- ¿Qué te pasa? vienes como loca.
- Ni te imaginas lo que acabo de escuchar cuando venía para acá.
- ¿Qué cosa? – Panchi dio una pequeña risita y miró por sobre mi hombro.
- Hola, Andrea. – era la voz de Javier, una voz celestial para mis oídos.
- Hola. - No fui capaz de pronunciar otra palabra más.
- ¿Quieres ir conmigo al cumpleaños de Sergio, hermosa? - me está invitando a salir, ¡se digna!, ¡se digna!
- Sí, sí quiero.
- Bueno, ese día voy a ir a tu casa como a las diez de la noche, así que espérame tan linda como una diosa. - ¡Me ve como una diosa! ¡esto no puede ser mejor!
Llegué muy contenta a la casa, fui directo a donde estaba mi mamá y Alejandra, estaban en el comedor tomando un té:
-¡¡¡AAAAAAH!!!
- ¡Ay! ¡Tonta! casi me dejas sorda. - dijo Ale.
- ¿Qué pasa, hija? Te ves exaltada.
- Mami, el niño que me gusta quiere salir conmigo el sábado a una fiesta y necesito cosas, un vestido nuevo, zapatos, joyas, de todo.
-Bien, tienes que hablar con tu papá sobre las cosas que quieres, también tienes que pedirle permiso para ir y siéntate bien, pareces un animalito saltando con las rodillas en la silla.
-Si sé, voy con mi papi.
- Mamá, la consienten demasiado.
- No ha pedido nada que no hayas pedido tú antes.
Hablé con mi papá, me dio permiso para ir y me pasó la chequera para comprar las cosas que necesito para el sábado, le di el teléfono y la dirección de donde iba a estar, le dije con quién iba y mi papi dijo que era un joven de buena familia y de una gran fortuna, sé que mi papi está de acuerdo que salga con él, así que, tenía todo planeado para el sábado. Fui a comprar, , mi vestido para la fiesta con la Cony y la Panchi, elegí uno de color rosa, con tirantes y ajustado a la cintura, también compré unos tacos blancos, aros y pulseras del mismo color, un bolso de mano color plateado y un abrigo blanco, la Panchi y la Cony me decían "es perfecto lo que elegiste" " Javier no se va a resistir de ser tu pololo, ahora" "eres una princesa moderna". También compré maquillaje, pero nada exagerado, como no quiero que mi piel se destroce con químicos fuertes elegí un humectante para labios, brillo y sombra para mis ojos, con todo esto ya estaba preparada para la fiesta, toda una reina para esa noche perfecta y también para mi príncipe azul en su blanco corcel.