Es sábado por la noche, por fin es la hora en la que mi Javier vendrá a buscarme, estaba nerviosa, era mi primera salida con mi príncipe azul, no podía ni sentarme por lo ansiosa que estaba.
- Hija, deja de pasearte, ya va a llegar.
- Es que ya pasaron las diez, son las diez cinco minutos ¿y si le pasó algo?
- No le ha pasado nada, solo está un poco atrasado, además nadie llega a la hora, en especial cuando se trata de una fiesta de cumpleaños.
Pasaron otros cinco minutos y Javier aún no llegaba, vi entrar a mi cuñado, cansado y distraído, por las escaleras se escuchó que alguien bajaba corriendo, se metió a la cocina y salió de ella: era Roberto, abrió la puerta de entrada y le dijo muy fuerte a Rex que estaba en la cocina.
- ¡Voy a un carrete, a lo mejor me quedo en la casa de mi amigo!
- ¡Ya! Llámame cualquier cosa.
- Bueno.
Después de que Roberto salió, pasaron otros cinco minutos más, hasta que sonó el timbre de la casa; era él, Javier que me esperaba bajo el helado clima de junio, con una chaqueta gruesa y guantes de cuero, pantalones de cotele verde oscuro y bototos de color café, su pelo bien peinado y me sonreía con su risa perfecta.
- ¡Wau! te ves preciosa.
- Gracias, tú también estas perfecto.
- Nos vamos, le pedí el auto a mi papá y quiere que lo devuelva antes de las dos. – me puse el abrigo blanco y tomé el bolso de mano, me sentía tan feliz todo era perfecto.
- ¡Sí! Mami, Papi, ya me voy, ¡los quiero!
- ¡Qué la pases bien mi niña! – me dijo mi mamá con cariño antes de cerrar la puerta.
Ha sido un otoño muy lluvioso, estuvo gran parte de la mañana lloviendo, en las calles se veían charcos de agua y el cielo tenía algunas nubes que trataban de tapar la luz de la hermosa luna menguante, de reojo vi a mi lindo Javier que lo alumbraban los leves rayos de los postes de luz de la calle, me causó un poco de temor su sonrisa, me hizo recordar a Roberto cuando me arrinconó contra la pared, esa sonrisa de maldad que me dan escalofrío, preferí mirar por la ventana y ver las casas que había alrededor, algunas con las luces prendidas, la gran parte de los árboles sin hojas y las que aún las conservaban no se les distinguía el color, también pensaba en como seria la casa de Sergio, cuánta gente había y a cuantos conocía, al mismo tiempo meditaba y me ponía nerviosa saber que en algún momento Javier me pedirá que seamos pololos y tendré al hombre más guapo de todos en la fiesta. Llegamos a la gran casa de Sergio, Javier no me dijo nada en todo el camino, fue muy misterioso al no decir ni una palabra, él fue muy caballero al abrir la puerta del auto y tomarme la mano para entrar, vi a los amigos de Javier y a mis amigas, la Cony y la Panchi (me sentí como una actriz de cine estadounidense) quienes estaban muy emocionadas por hablar conmigo.
- ¡Oye, galla! así que estas pololeando con Javier. – me dijo la Cony.
- No, aún no me lo pide, pero estoy segura qué lo hará hoy.
- Te vimos entrar de la mano con él, pensábamos que ya lo había hecho. – dijo la Panchi.
- Se paciente, todo hombre perfecto quiere que su mujer tenga un momento perfecto. – De pronto siento que alguien choca conmigo, no podía creerlo, era Roberto. –¿Qué haces aquí? – si él estaba aquí, también estaba esa rota de Carmen.
- Supongo que lo mismo que tú, me invitaron a carretear y yo vine.
- Se nota que Sergio no es muy selectivo con sus invitados.
- Se nota que no lo es, por tener un regalo más en su montaña de regalos es capaz de invitar a huecas como tú, no me sorprende en nada que no sea selectivo.
- Eres tan odioso.
- ¡Oh que linda! pienso lo mismo de ti. – Estaba muy enojada, ¿por qué tenía que él arruinarme la noche?
- ¿Por qué tuvo que venir? está frustrando mi noche. – Panchi me miró, me llevó a un extremo de la enorme habitación y me dijo.
- Lalo vino con Roberto, él no quería venir solo, así como la Cony no quería venir sin que la acompañaran. Y también, Lalo me pidió pololeo.
- ¿Lalo? ¿Ese cartucho? pensé que te gustaban con más estilo.
- Me gustan como él, tierno y romántico.
Me dio un poco de envidia que la Panchi tuviera pololo antes que yo, pero en mi caso, tendré al mejor pololo del mundo. Después de cantarle el cumpleaños feliz al Sergio, la fiesta avanzaba animosamente, el calor dentro de la habitación se hacía insoportable y me saqué el abrigo blanco que llevaba puesto para lucir mi sensual vestido rosa, quería que Javier notara lo perfecta que estaba, pero vi que él se reía con uno de sus amigos y salió al patio, también me di cuenta de que estaba fumando con otros compañeros afuera, pensé que él no era adicto a nada, pero no importa es algo normal. Conversaba con la Panchi y la Cony sobre los perfectos hombres que tendríamos o queríamos tener, mientras estábamos sentadas frente a una mesa, cuando uno de los amigos de Javier, Arturo, se acerca a mí con un vaso de bebida que pone encima de la mesa y me dice al oído:
- Hace rato Javier me dijo que no te había visto tomar nada y pensó que deberías tener sed, es Coca-Cola, tómatela para que él no se preocupe, te va a estar viendo por el ventanal. – miré de reojo el ventanal por donde había salido Javier y vi que él giró la cabeza hacia donde yo estaba.
- Oh, que tiernos son los dos, gracias. – Cuando iba a tomar el vaso, veo una mano que pasa enfrente de mí y toma mi vaso.
- Gracias, ¿Cómo sabías que me moría de sed? – era Roberto y se sintió que el ambiente se puso muy tenso entre él y Arturo.
- ¿Qué haces? ¿Quieres destruir mi vida? ¿No puedes dejarme un solo segundo en paz? ¡Quiero qué me devuelvas esa bebida! – miré a Roberto y pensé que iba a decirme todas las tonterías que normalmente me dice, dio un suspiro y me preguntó:
- ¿Vamos a bailar? - quedé confundida ante esta pregunta.
- Yo... es que no sé bailar esto y yo tengo a mi pareja, está por aquí, tú sabes quién es. – no podía entender que pasaba con él, era totalmente diferente a lo que es normalmente y yo no sabía cómo actuar ante su nueva personalidad.
- Es salsa, no es muy complicado, yo te enseño; y no creo que tu principito se ponga celoso porque bailes con alguien, no se vería bien en un caballero, en especial cuando él no está cerca para hacerlo. - Miré a mis amigas y estaban tan sorprendidas como yo, creo que todo el mundo estaba tan sorprendido como yo. Panchi dijo algo para que dejaran todos de mirar.
- No tiene nada de malo, solo vas a hacer un acto de caridad con él. – me sentí más confiada al escuchar las palabras de la Panchi y con una postura de seguridad le respondí:
- Si, tienes razón, es un privilegio que bailes conmigo. – Roberto dio otro suspiro y dijo:
- Como quieras, vamos.
Roberto me indicó que pusiera mi mano en su hombro, ya que tenía la mano ocupada con el vaso que me quitó y acercó mi cuerpo al suyo poniendo su mano libre en mi espalda y de a poco empezó a bailar indicándome cada paso que tenía que dar, sentí ese olor que me atrae tanto a Roberto, traté de pensar que solo es un mecánico y lo que hacía era solo caridad, lo vi mirando por todas partes, como si buscara a alguien y pensé que a lo mejor estaba buscando a la rota de Carmen.
- ¿Estás buscando a tu pololita para que no te vea bailar conmigo?
- No.
- ¿No te importa que te vea conmigo?
- Ella no vino.
- ¿Por qué?
- Esta castigada.
- ¿La castigaron? Seguramente fue porque está pololeando contigo, ni siquiera tienen la clase social correcta e incluso ellos saben que no tienes la categoría para pololear con alguien de esta sociedad. – Me miró serio, pero aun así no dijo nada, giró la cabeza y volvió su vista a algo que no sabía que era.
- No fue por eso qué la castigaron y no tienes por qué saberlo. – me respondió.
- ¿Y a quién buscas, entonces?
- No busco a nadie solo estoy vigilando.
- ¿Qué cosa?
- Al hueón que te dio esta mierda.
- Eso es un vaso con bebida, no va a hacerme nada
- El hueón que te dio esto le puso algo a tu bebida, lo vi.
- Eso es mentira.
- Andrea estos tipos quieren drogarte, acaso nunca te han dicho que no tomes nada que tú no te sirvas o que hayas abierto tú.
- Es una fiesta, todos las toman, no creo que tenga nada, si fuera así todos estarían drogados aquí. - Roberto volvió a suspirar y nos alejamos hasta el otro extremo de la habitación donde él le dijo a un joven que no conocíamos esto:
- Oye, me puedes hacer un favor, mi amiga que está en esa mesa quiere que le de este vaso de bebida al niño que le gusta que esta por ahí, él que tiene la chaqueta roja con las mangas negras. No quiero dejar de bailar, podrías decirle tú que es de parte de ella, es que acabo de conocer a esta preciosura y no quiero dejar de bailar con ella, tú me entiendes. – me acercó más a su cuerpo, sus palabras me hicieron sonrojar, nunca había escuchado a Roberto decir algo lindo de mí.
- Bueno.
- Gracias, eres buena onda. – el joven sonrió y le fue a dejar el vaso a Arturo y no se percató que Roberto lo enviaba, pasaron cinco minutos en donde Roberto me decía “espera, sé que algo tiene, espera” y vi que Arturo se apoyó de alguien para decirle algo y se cayó desmayado, me sorprendí mucho al ver que se desmoronó después de haberse tomado la bebida.
-Te dije que le habían echado algo. - Roberto me susurró.
Gran parte de los que estaban cerca de Arturo trataron de ayudarlo, incluso una de las invitadas fue al teléfono para llamar a la ambulancia y vi que mi querido Javier entró para ver que le había pasado a su amigo, mientras nos acercábamos con Roberto al mismo lugar, aún me cuesta procesar todo lo que había pasado en este momento.
- ¿Qué pasó? - preguntó mí amado Javier.
- Se desmayó porque algo tenía la bebida que se tomó. – dijo Roberto muy enojado.
- Claro, ahora eres adivino.
- No lo soy, ese vaso era para Andrea, él se lo dio a ella. Lo vi cuando le echó algo que parecía harina. – Roberto hablaba con los dientes apretados y sus manos empuñadas daban a entender cuan enojado estaba.
- Tú no deberías meterte donde no te importa Anderson. Yo vine con Andrea, me preocuparé de lo que le hagan. - Me encantó lo que dijo Javier, pero Roberto, que frunció el ceño, miró fijo a mi príncipe y le dijo:
- Claro, tú viniste con ella Zanetti, pero no han estado ni un solo segundo juntos desde que llegaron, la dejaste botada, te fuiste a fumar quien sabe qué y no volviste a entrar ¡qué preocupado estabas! Me imagino que ni siquiera hubieras venido corriendo por Andrea, como lo hiciste por este hueón y tampoco te importa tanto, en vez de verlo te pones a hablar hueas conmigo, estas tan mal por las hueas que te estas metiendo que con cuea sabes donde estas parado.
- ¡Eso no te importa mecánico de pobla! – respondió Javier alzando la voz.
- ¡Prefiero ser eso que un maricón Abusador! – Respondió más fuerte Roberto.
- ¡Ya, basta! – dije gritando, me sentía tan avergonzada que quería irme- Javier quiero irme a mi casa.
- No podemos irnos, aún no son la una y media.
- Quiero irme. – Javier me tomó del brazo muy fuerte y me dijo:
- No me puedes hacer esto. – me dijo apretando los dientes mientras me miraba con sus ojos llenos de ira, me dio escalofrió pensar que me quería hacer daño, pero Roberto lo apartó de mí y se interpuso entre nosotros.
- Ella se quiere ir y si no la vas a dejar tú lo hago yo.
- ¡Andrea no se va a ir, porque yo lo digo! – Javier subía cada vez más la voz, tengo un poco de miedo ante su actitud, en ese instante sentí la mano de Roberto tomar la mía y giró levemente para decirme:
- Andrea, toma tus cosas y te voy a dejar a tu casa. – me sentí tan protegida por él en ese momento que no dudé en obedecerle.
La Panchi y la Cony me miraron muy asustadas, me ayudaron a ponerme el abrigo y me pasaron mi bolso de mano, cuando me giré vi que Roberto le decía algo a Javier, pero estaba tan nerviosa que no me importó si lo estaba insultando o no, me acerqué hasta donde estaban ellos dos y vi que sus miradas eran de furia y rencor, la tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo, mi voz apenas fue un sonido sordo que no se podía escuchar con todos los susurros que había en ese momento, que me hacían sentir más avergonzada:
- Ya estoy lista.
- Vámonos.
Roberto tomó mi mano, sentí que su agarré era firme y tenso, salimos de la casa prácticamente corriendo, él no tiene auto a sí que caminamos varias cuadras antes de que me soltara la mano y empezáramos a conversar de lo que había pasado.
- No pasa ni una huea por aquí.
- ¿Por qué me destruyes? ¿Por qué arruinas mi vida poniéndome en vergüenza? Ahora todos deben estar imaginando que tú engañas a la rota del curso conmigo y Javier no me pedirá pololear con él, mi vida se ha vuelto una tragedia, una horrible tragedia y todo por tu culpa. – Roberto suspiró y me dijo:
- No se me antojaba ayudarte en todo caso, no quería meterme, pero Zanetti y los hueones de sus amigos no son… no son… no creo que haya nada bueno en ellos, sé que te querían drogar para… ellos no tienen ninguna buena intensión contigo. – él levantó los hombros algo fastidiado.
- Eso es lo que piensas tú, a lo mejor tú crees que el vaso tenía algo, a lo mejor le dio un ataque de epilepsia a Arturo o algo así, debe estar grave en un hospital con alguna enfermedad y tú lo exageraste todo.
- No sé por qué lo intento, da igual lo que te diga si el lunes volverás a pensar igual. Lo único que te quiero pedir es que no te quedes sola con Zanetti, él quiere lo único que no se merece de ti. – Traté de pensar en que podía querer un hombre de mí y se me ocurrió una sola cosa, en lo que había dicho en alguna ocasión la maldita de Victoria "el hombre solo piensa en tener sexo, entre más bruto pueda ser mejor para él"
- Me quieres decir que, ¿Javier quiere tener sexo conmigo? – Roberto botó aire con alivio.
- Más claro echarle agua ¿no?
- Entonces para que él me quiera como su polola, solo tengo que hacer el amor con él y será mío para siempre.
- ¿Qué? ¿En qué mundo vives? no eres más tonta porque no puedes ser más cuica. Andrea, Zanetti no es bueno en ningún sentido.
- Es mi problema, Javier sigue siendo un príncipe, tiene una gran fortuna, un título noble y me va a hacer una princesa, feliz y con mi propio castillo.
- Si lejos de aquí donde jamás te puedan encontrar. Aquí viene un taxi, vamos. – Todo el camino estuvimos callados hasta que llegamos a la casa, donde tuve que advertirle a Roberto sobre lo que pasó esta noche, tenía que evitar cualquier tipo de pregunta en mi casa.
- Roberto, no le digas a nadie en la casa lo que pasó en la fiesta. – Roberto suspiró, miró una rosa que estaba en el jardín y la sacó.
-Solo si me prometes algo. - Lo miré y afirmé moviendo con la cabeza. - No te quedes sola con Zanetti, él no solo quiere tener sexo contigo, si no que tengas un trauma permanente, cuídate. - me entregó la rosa y entró mientras me preguntaba a mí misma ¿cómo apareció este sentimiento que no había sentido antes por Roberto? mi corazón latía de una forma ligera, apenada y a la vez regocijante, agitado. Me sentí hiperventilada no podía creer que él se preocupara de mí, como si fuera su polola, el cielo se volvió oscuro, las gotas de lluvia empezaron a mojar mi pelo y mi blanco abrigo, la rosa que aún no afloraba la apoyé en mi pecho buscando la forma de entender que era lo que sentía, bajando la cabeza sentí una gota que recorrió por mi cara, lo único que no sé si fue una gota de lluvia o una lagrima mía.