Capítulo 25

2248 Palabras
- ¡No finjas! ¿Ahora en vez de acosarme quieres hacerme mierda la vida? – Roberto es una persona que no estalla con facilidad ante las provocaciones, pero ahora esta vuelto una bestia llena de ira. - A ver, espera, ¿puedes decirme qué pasa? - ¡Ah! ¿no sabes? Entonces ¿No tienes idea de por qué las minas que, se supone son tus amigas, me tiraron la chorea hace rato? – se ve muy indignado y no sé cuál es la razón. - ¿Qué? ¡La verdad no sé de qué hablas! - ¿Crees que soy hueón? ¡Sabes que te ira mal si sigues sacándome los choros del canasto! – si él cree que se volverá loco, yo debería estar en un manicomio. - ¡Basta! ¿Puedes contarme qué pasó? ¡No tengo idea que estupidez hicieron para que estés así! – él alzó una de sus cejas con incredulidad. - Tu sequito me amenazó con decirle a la profesora que yo las estuve toqueteando en la clase si no desistía de ser candidato a rey, ¡tengo que ceder mi puesto al mierda de Zanetti! - ¡Ay! ¡no! Ellas se están pasando. - Roberto, te prometo que yo no sabía nada, hablamos hace un rato sobre algo, pero insistí en que no tenía caso tratar de quitarte el puesto, la señorita Rebolledo te tiene en muy alta estima. - ¿Y exactamente de que hablaron para que estén dispuestas a hacer tanta huea junta? – Roberto se cruzó de brazos y ocupó una voz muy profunda para expresar su desdén. - Bueno, Javier era mi sueño, hace un año atrás me esforcé mucho por ser la reina del colegio para salir con él, pero la que es la actual presidenta de curso, Loreto, fue elegida la reina, así que mis esfuerzos fueron en vano. Me imagino que mis amigas quieren cumplir mi sueño, pero no tienen idea de que yo ya no quiero eso, si supieran la verdad ni siquiera hubieran intentado pensar en postularme para reina. – Roberto ladeó la cabeza y me pregunto: - ¿Y por qué no les dices la verdad? – una carcajada amarga se desprendió de mí, él no sabe cómo son “mis amigas” - Ja ¿No te has dado cuenta cómo son ellas? La Panchi no se quedaría callada si le contara que Javier abusó de mí y la Coni me culparía a mí por todo, que no fui complaciente o que no soy una buena mujer para tanto hombre. - ¿Cómo lo sabes si no se lo has dicho? - Porque las conozco, la Coni nos contó que su hermana mayor fue golpeada por su marido y ella dijo literalmente que su hermana se lo merecía, por no cumplir como esposa y la Panchi, nos cuenta todo lo que hace con el Eduardo. – Roberto puso una cara escéptica y le volví a destacar la frase. – en serio, nos cuenta “absolutamente todo” - Nadie dice todo, no creo que les haya contado que hizo con el Lalo cuando se dieron como caja la primera vez. - ¿No me crees? Al parecer el Eduardo tiene una tarjeta con una gran cantidad de fondos, el papá de él lo obliga a trabajar en su empresa desde que tiene catorce años, así que todas sus vacaciones de verano las pasa en una oficina, no tenía en que gastar su dinero, hasta que empezó a salir con la Panchi, el pagó por pasar un día en una habitación de hotel, pagó para que lo decoraran y todo, según sus palabras, Eduardo era virgen como ella, así que él fue muy torpe al penetrarla, nos contó cuanto le dolió y como Eduardo trató de consolarla pidiéndole perdón por su brusquedad y la abrazó con cariño, el pidió servicio a la habitación y después de un rato lo volvieron hacer, La Panchi nos llamaba desde el hotel cada vez que Eduardo estaba dormido o en el baño, ella no es discreta. – Roberto puso cara de sorpresa. - ¿Cómo puedes tener amigas así? ¿Por qué no las dejas? – Roberto es un ser tan honesto consigo mismo que para él una persona que lo dañe debe salir de su vida de raíz. - Sabes que no puedo, ellas son mis amigas, las conozco hace años, sé que no son perfectas y que tienen muchos defectos, pero con ellas me llevo bien y me entienden. – Roberto soltó una risa entre dientes y dijo: - ¿Te entienden? Creo que ni siquiera te escuchan. Andrea, ellas solo quieren aparentar superioridad igual que tú, eso es lo único que tienen en común. – Me enojé ¿Por qué ser superior es malo? - ¡No es malo ser superior a otra persona! – Roberto se quedó pasmado unos segundo y respondió. - Es malo cuando pisoteas a la gente y es eso lo que hacen todos en este colegio. – odio que él tenga razón y no importa el argumento que dé, Roberto hallara la forma de decir que me equivoco. - Como sea, ahora ¿Puedes salir? Recuerda que es el baño de mujeres. - Roberto gruñó molesto y remató: - Quiero que arregles la huea que hicieron tus amiguitas, o veré la forma de hacerle la vida cuadritos a cada una. – justo cuando Roberto iba a salir se escuchó la voz de dos compañeras. - ¡Mierda! No sabía que hacer, solo se me ocurrió improvisar y empujé a Roberto a una de las casetas para ocultarlo, entré con él, no tengo idea por qué lo hice. Roberto subió a la taza del baño para que no vean sus pies y no supieran que está aquí, yo me quedé parada, no importaría si ven piernas de mujer por debajo de la puerta. Traté de acomodarme lo mejor que pude, pero Roberto es un mastodonte, es ancho de hombros y bastante alto, su cuerpo choca con el mío y quedé en una posición muy incomoda al estar apretada contra la puerta. - ¡No me aplastes! – susurré - ¿Qué quieres que haga? No pensé que esta cagá de caseta fuera más chica que la de los hombres. – Roberto murmuró - Sssh, silencio… - lo hice callar, escuché la voz de la Coni. - Hablé con Jorge, pero dice que no puede hacer nada para sacar a ese maldito roto del colegio. – La voz de la Panchi se escuchaba algo deprimida. - Coni, ya amenazaste a Roberto, ¿Por qué insistes en hacerle la vida imposible? - Hay algo raro entre Andrea y Roberto, él la ha cambiado, ya no es la amiga que confiaba en nosotras, estoy segura de que ese asqueroso le está lavando el cerebro. - Sé que ella esta algo distinta, pero Andrea se sigue juntando con nosotras. - Javier me dijo que Roberto le ha metido ideas a Andrea, incluso ese vago ha creado rumores sobre él. – Roberto y yo nos miramos ¿De qué rumores habla? - Lalo me dijo que Roberto no ha dicho nada sobre Javier. - Entonces ¿De dónde salió el rumor de que él es un violador? Estas cosas no pasaban hasta que llegó este roto. – Roberto emanaba un aura sombría. - Coni, esta vez no te voy a apoyar en nada, estas siendo mala por qué si, Roberto no te ha hecho nada. - Si no cede su puesto de rey, yo lo destruiré, veré la forma de que vuelva de donde salió, no podemos permitir que este tipo de personas se siga metiendo en nuestro circulo social. Mientras ellas seguían hablando pestes de Roberto, de la nada él puso su mano sobre la mía, giré la cara y este hombre me susurró: - Ya sabes quienes son tus amigas. – Sé que la Panchi es más empática y tolerante que la Coni, ella es demasiado conservadora, Roberto me saca de mis pensamientos cuando me vuelve a susurrar – Quiero salir de aquí. - ¿Y qué quieres que haga? No voy a salir a encararlas. – Roberto de pronto comenzó a rozar sus labios en mí cuello, esto me aturdió un poco, soñaba con que me volviera a tocar. - Quiero que después de que grites, digas que estas muy enferma. - ¿Qué? – movió mi pelo, presionó mi nariz con los dedos, volvió a pasar sus labios por mi cuello, mientras yo sentía todo mi cuerpo vibrar, me dio un suave beso que hizo temblar mis piernas y luego, sin piedad, me muerde el cuello. - ¡AAAH! – no soltó mi cuello, se dedicó a chupándome con fuerza, es muy bruto. - ¿Quién está ahí? ¿Estás bien? – Roberto volvió a morderme con fuerza. - ¡AAAH! ¡Zi! ¡Eztoy Bied! ¡Zolo eztoy edferba! - ¡Oh! ¡Qué mal! ¡Quieres que llamemos a alguien para que te venga a ayudar! – Roberto me volvió a morder con fuerza. - ¡AAAH! ¡Do! ¡ya ze pasara! – rápidamente él me soltó para poner sus manos en la boca y hacer el sonido de un enorme gas. - Eeeh… ya que dices que estás bien, nosotras vamos a salir. – se sintieron sus pasos corriendo. Salimos de la caseta y me fui a mirar en el espejo, me dejó una fea marca entre roja y morada, con pequeñas pintas de sangre, ¿Cómo voy a ocultar esto? Ni siquiera tengo maquillaje para esconder esta marca, me giré para lanzarle una mirada asesina a Roberto. - ¿Por qué me tenías que morder? Pude haber gritado sin que hicieras toda esta masacre en mi piel. - No hubieras sonado convincente. - ¡Aaah! Tendré que pedir prestado una base para ocultar esto. – Mientras me miraba al espejo, veía el reflejo de Roberto atrás de mí. – ¿No pudiste ser un poco más delicado? ¿O hacer otra cosa? - Tenía en mente algo más. – dejé correr el agua hasta que saliera muy fría, me puse la mano en mi cuello mientras pregunté: - ¿Qué cosa? – mi mente imaginó un tironeo de pelo o un apretón fuerte a mis muñecas, pero él se posicionó detrás de mí y empujó mis cadera hacia él, mi trasero sintió su erección. - Por esto quería salir. – veía el reflejó de Roberto, sus mirada pícara y llena de fuego hicieron que mi corazón latiera como loco ¡Sabia! ¡Sabía que Roberto solo me quiere a mí! - Pensé que estabas muy enojado conmigo. – me gira, me agarra de las nalgas y me sienta en el lavamanos, y se coloca entre mis piernas, estoy tan agitada y deseosa de él. - Aún sigo muy enojado contigo. – frota su nariz con la mía, me di el lujo de tocar su pecho y siento como respira agitado, sus manos presionan mi espalda solo para que esté más cerca de él. - Entonces ¿Qué quieres de mí? – levanté la cabeza para darle un acceso mas fácil a mi cuello, sus labios rozaron mi piel, de pronto sus manos abandonan mi espalda para tocar con fuerza mis pechos, curvé mi espalda esperando que avanzaras cada vez más. - Lo que quiero no me lo puedes dar. – Roberto restriega su cabeza en mi pecho como un gatito, mientras que sus manos amasan mis pechos con algo de rudeza. - Puedo complacerte. – guie mi mano hasta su m*****o, lo tomé como pude por encima de su pantalón y comencé a frotarlo, él levantó su cabeza y apretó muy duro mis pechos, haciéndome gemir. - Andrea… - enganchada de su cuello comencé a darle placer. Roberto está muy agitado, tiene los ojos cerrados mientras se apoya en el lavamanos con una mano y con la otra me agarra un muslo, lo presiona fuerte, dejé su cuello e iba a bajarle el cierre para tomarlo mejor, pero él me detuvo, me sujeto las muñecas y jadeando me dijo: - ¡Para! – me miró fijo a los ojos, en su mirada se puede ver el fuego que emana, tiene la frente con pequeñas gotas de sudor, sus manos tiritan, estoy un poco preocupada. - Roberto, Estás te… - él se abalanzó sobre mí y me besó con mucha pasión, mi lengua juega con la suya, estoy muy excitada, pensé que no iba a volver a vivir esto con él, sin ganas de alejarme, me deje atormentar por su boca, pero Roberto no pensaba lo mismo, se separó de mí para volver a mirarme, pero esta vez está serio. - Olvida lo que pasó, esto jamás ocurrió, fue un error, yo sigo enojado contigo y no cederé tan fácil la próxima vez. – quería decir algo, pero mi cabeza da vueltas por dentro. – me voy, no quiero que me pillen aquí. Roberto se fue y yo sigo sentada en el lavamanos, estoy muy aturdida, esto parece un sueño, ¿él cedió? ¿de verdad cedió? Estoy segura de que no hice nada para llamar su atención, ¿Cómo sucedió todo esto? Mi corazón esta al cien, mi boca sonríe sola, estoy loca por ese hombre, me deja sin aliento, sin pensamiento y con el cuerpo vibrando por él, ¡Ay! ¡Roberto! ¡Te quiero de vuelta! ¡Te amo!
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