Ya han pasado casi tres semanas de esa terrible fiesta, Javier me llamó pidiéndome perdón por cómo se había comportado esa noche y que me daría una sorpresa cuando volviera de mis vacaciones de invierno en Valle Nevado, me alegré de que llamara y la sorpresa que me tiene me pone los nervios de punta, ¿Qué será? Mi mente juega con varias imágenes en donde Javier y yo estamos juntos en nuestra primera vez, lo cual también me pone nerviosa al no saber que hacer en una relación s****l. Le pregunté a mis amigas si alguna ya había tenido sexo con sus parejas, al parecer ninguna a tenido intimidad con sus novios, así que, me atreví a hablar con Ale, ella esta casada y debe saber más. Mi hermana estaba sentada en un sillón al lado de una ventana, leía un libro, el título es Como agua para chocolate de Laura Esquivel.
- ¡Ale! ¿Estas ocupada? – dejó el libro a un lado y me miró con una cálida sonrisa.
- No, no estoy ocupada ¿Qué necesitas?
- Ale, tengo curiosidad sobre un tema, no sé a quién preguntarle, es algo importante para mí y quiero que se mantenga en secreto– Alejandra me miró con preocupación y dijo:
- Puedes confiar en mí, soy tu hermana. – me armé de valor y hablé:
- Ale, cuando tuviste sexo por primera vez, ¿Cómo fue? ¿Te dolió? ¿Fue algo que te gusto? ¿Estabas preparada para eso? – De pronto veo a Ale de un color azulino, después de un color rojo y me habló golpeado apretando los dientes.
- Andrea, solo tienes dieciséis años ¡No tienes edad para tener sexo! ¿Alguien te está tratando de convencer de tener relaciones sexuales? ¿Dime quién es? – Ale se puso como loca, no admitiré que voy a tener sexo con alguien, quien sabe que se le ocurra a la demente de mi hermana.
- ¡Ale, no! ¡solo tengo curiosidad!
- ¡No me mientas! ¡Sé lo que quiere un hombre y hará lo que sea para conseguir! ¡lo que desea!
- ¿Eso hizo Rex contigo? – se puso pálida y tartamudeo.
- Aaah… no, él ni siquiera quería decir lo que sentía por mí, antes de… olvídalo, solo te advierto que, si descubro que alguien ha tenido sexo contigo, lo mandaré preso, así que, deja de preguntar tonteras o te acusaré con la mamá. - ¡Qué bien! Mi hermana cartucha no fue capaz de decirme como debo estar la primera vez ¿Ahora a quien le pregunto?
Un viernes de la segunda semana de julio empezaron nuestras vacaciones de invierno, iremos a Valle nevado, hay un hostal que arrendamos durante dos semanas, me gusta este lugar, la nieve es pintoresca en esta fecha y el frío da paso para tomar ricas cosas calientes. Mis padres no vendrán en este viaje, según ellos, el frio cada vez les afecta más a sus articulaciones, así que mi cuñado invitó a unos amigos.
Apenas salí del colegio, el chofer fue a toda velocidad a la casa, estaba loca por ordenar mi nueva ropa, era todo de la moda de temporada y estar perfecta para la ocasión es esencial y por eso elegí un atuendo de la colección que usó Valeria Mazza. Salí de mi habitación con mi gran maleta y al mismo tiempo, Roberto salía de su pieza con un montón de ropa puesta y un bolso deportivo, era inevitable no burlarse de su mediocre gusto en la moda.
- ¿A dónde vas vestido así? ¡Ah! ¡Ya sé! Vas a la Antártida ¿verdad?
- ¿Y tú, pergenia? ¿Vas a desfilarle a los pingüinos? Porque dudo que algún gil te pesque. – Desgraciado ¿cree que soy una cualquiera?
- Yo no voy a cazar hombres, Javier es al único que quiero, pero tú, apuesto que cualquier mujer esquimal se termina metiendo contigo.
- ¿Qué tipo de gente crees que hay en la Antártida? ¡AH! Creo que entiendo, se te dieron vuelta los polos y crees que vamos a un país llamado Chile y que te paseas normalmente por Gringolandia.
- ¡Qué odioso eres! Este viaje va a ser muy largo contigo.
- Princesita tonta, largo son los días que me faltan para dejar de ver tu horrenda cara, este viaje me da razones para buscar algo que hacer para no verte.
- Tu eres… - sin considerar su mal gusto para vestir, su sonrisa pícara me llama la atención, a lo mejor no tiene la piel blanca de Javier o sus ojos azules y su pelo bien peinado, pero este salvaje tiene un lindo tono de piel, ese color mestizo que parece una mezcla de café con leche, de pronto sus ojos verdes me atraen de sobre manera, recordar su cuerpo lleno de músculos genera una presión en mi intimidad que me hace sentir extraña.
- ¿Qué te pasa? – desperté de mi ensoñación y lo vi a él con una expresión de extrañeza, me giré para que no pueda ver mi cara sonrojada y dije:
- No tengo tiempo para infantilismos, quiero llegar luego a Valle Nevado para descansar. – Mi maleta esta muy pesada, pero no puedo ir sin toda esta ropa, me muero si me falta solo una.
Después de que Rex subió mi maleta al auto, llegaron sus amigos en una camioneta, salió un hombre muy alto, ancho de hombros y musculoso, parecía un boxeador, tiene el pelo n***o y una extraña cicatriz en el lado izquierdo de la cara, en el auto había una mujer pequeña de pelo castaño claro y ojos almendrados, se ve muy joven, tanto que podría jurar que tiene mi edad y en el asiento de atrás había un bebé de pelo n***o y unos ojos verdosos muy oscuro, casi imperceptible a primera vista.
En el momento que todas las maletas estaban guardadas, subimos al auto y comenzamos nuestro viaje a este hermoso lugar, de a poco empiezan a desaparecer las casas y solo se logra ver los árboles del camino, de repente se quiebra el silencio con una inocente pregunta de Rex:
- ¿Y cómo te ha ido en el colegio, Rob? ¿Te has adaptado?
- Sí, algo, aún me cuesta inglés y el próximo semestre nada lo van a escribir ni hablar en español.
- ¿Y cómo está Carmen?
- Bien, me hubiera gustado que viniera ella en vez de la malcriada que está sentada cerca de mí. – ¿Qué? ¿Trata de ofenderme? ¡Tú te lo buscaste vagabundo!
- ¡Ah! ¿Tratas de insultarme mecánico de segunda? Para que sepas, hubiera preferido mil veces que Javier estuviera aquí en vez de tener a un pobre diablo de compañero de viaje. – no sé que le pasa conmigo, pero si quiere guerra, guerra tendrá.
- Queremos gente agradable, no paracitos chupasangre del papito. Carmen es simpática y le caería mejor a todos, mucho mejor que el saco de pelotas de Zanetti. – ¡Maldito! Como se atreve a insultar a mi amado príncipe.
- Una rota como ella jamás podría caerle bien a alguien, no tiene modales para estar en sociedad, tampoco tiene la categoría y nobleza de mi príncipe Javier.
- ¡Oh, si! La categoría de un delincuente y la nobleza de Enrique Octavo. - ¿Qué quiere decir con eso? Es una ridícula comparación.
- Eres un… - Rex al parecer se cansó de nuestra discusión, con una voz firme e imponente paró nuestra pelea.
- ¡Ya! ¡Basta! ¿Qué no pueden llevarse bien por una sola vez en la vida?
- Para eso tendrías que pedirles un milagro a todos los santos. – Roberto respondió y se amurró en su asiento.
En el momento que llegamos a la cabaña que, pagamos todos los años, me fui a la pieza que siempre ocupo, esta al final de un pasillo, al lado de la habitación donde están los amigos de Rex. Empecé a ordenar mis cosas, de pronto me llamaron para comer, la cena era pescado a las finas hierbas con cuscús, Alejandra está estudiando gastronomía y ha estado practicando con nosotros, no cocina mal, pero mi figura puede deformarse con el exceso de calorías.
Después de comer, me fui a acostar, pero no pude dormir, me di mil vueltas buscando una posición cómoda y no hubo caso, mi mente seguía dándole vueltas a como debo estar para Javier, a veces pienso que a lo mejor tengo que prepararme, ¿y cómo lo hago? no quiero parecer inexperta, pero a la vez pienso que sería muy romántico que él me enseñe, necesito un consejo y nadie puede dármelo. Fui a la cocina, a lo mejor si tomo un poco de agua mi mente se despeje, mientras mis pensamientos se enredaban en mi cabeza vi una luz que venia del living, me acerqué a ver quien era y ahí estaba ese mecanucho de cuarta, algo en mí se alegró al verlo solo, me di ánimo y con confianza fui hasta él.
- ¿No puedes dormir? – Roberto tiene un vaso con un líquido dorado, al parecer está tomando ron.
- Algo así, hay un par de lobos en celo y no me dejan dormir sus aullidos.
- ¿Lobos? Aquí en Chile no hay lobos. – imaginé que a lo mejor son perros salvajes, ¿pero como reconoce que se están apareando?
- Olvídalo, no importa ¿Y tú, tampoco puedes dormir? – Roberto es hombre, un hombre joven, solo tiene dos años más que yo, a lo mejor él puede explicarme que desea un varón en la cama, respiré profundo esperanzada en que él me diera una buena respuesta.
- La verdad, no, algo me tiene muy confundida. – me senté en un sillón que estaba frente de Roberto mientras que él dejó el vaso vacío en una mesita de centro, al parecer tiene la intención de irse, no puedo dejar que vuelva a su habitación - ¿Puedo preguntarte algo? Pero no te burles. -.
- Bueno ¿Qué quieres preguntar? – Se echó en el sillón y apoyó su brazo en este, se acomodó y se afirmó la cabeza con la mano derecha, parecía cansado, volví a tomar aire y lancé mi pregunta.
- Bien ¿Qué les gusta a los hombres en lo s****l? Quiero decir ¿Qué cosas les gusta que les hagan? – nunca había visto a Roberto tan sorprendido, estaba muy rojo y sus ojos estaban fijos en mí, de repente tuvo una risa nerviosa y dijo:
- Creo que me curé, te escuché decir que quieres saber que les gusta a los hombres en el sexo. – Sentí mi cara arder, era eso lo que le preguntaba, pero no quería que se burlara de mí.
- ¡No bromees! Eso fue lo que dije. – él aún estaba muy impactado con lo que pregunté, se veía confundido y movía los ojos de forma errática buscando una respuesta.
- A… Andrea tienes una hermana, ella debe saber algo ¿Por qué me preguntas a mí? Te caigo como el hoyo, no soy tu amigo ni nada para darte consejos.
- Lo sé, pero eres el único con quien puedo hablar sin que arme un escándalo del asunto. La última vez que le pregunte algo a Ale sobre sexo, me retó como niña de cinco años y me amenazó con acusarme con mi mamá por precoz, debiste ver su cara de espanto, se veía azul.
- ¿Y crees qué soy el único que te puede hablar de sexo?
- Por ahora, sí. No me vez como una pequeña de cinco años, no logró entender a mi hermana ¿Qué acaso no me ve? Dime ¿algo de mi cuerpo se ve como una criatura pequeña? ¿O me veo completamente como una mujer? – me paré de mi asiento para que apreciara mi cuerpo, tengo unos pechos un poco más grandes que mis manos, mi trasero esta bien formado, estas cualidades hacen que mi figura parezca un verdadero reloj de arena. Observé a Roberto primero a los ojos y después mi vista se posó en su posición algo tensa.
- Pareces mina, pero como nadie conoce tu carácter, sí, cualquiera diría que eres mujer. – con esas palabras volví a sentarme y me incliné un poco para que escuchara bien mis preguntas.
- Entonces, ¿me puedes decir que les gusta a los hombres? ¿prefieren a las mujeres con experiencia o les gustan las mujeres que sean vírgenes y sin ninguna experiencia s****l? – Roberto no me contesto, su mirada parecía mirarme fijó, pero su mente no está en este mundo. - ¿Roberto, qué opinas? ¿Roberto? ¿me estás escuchando? – mis últimas palabras al parecer lo despertaron de su trance, sus ojos se veían raros, como si suplicaran algo, su cara se puso roja como un tomate.
- Ah… me bajo el sueño, me voy a acostar. – este tonto se paró rápidamente para huir de mí ¿Qué le pasa?
- Pero no me respondiste. – Traté de tomarle el brazo y él esquivo mí agarré.
- Mañana te digo todo lo que quieras, te hago una lista, te escribo un libro, ¡lo que tú quieras! pero ahora me tengo que ir a dormir.
- Pero Roberto, eso no era lo que… - se fue tan ansioso que me dejó muy confundida y dije por instinto - ¿Qué le pasó?
Me fui a mi habitación, me dejé caer en la cama y trataba de pensar en que su actitud cambio cuando me estaba mirando, ¿Qué tenía en ese momento? De pronto comencé a pensar en como estaba vestida, llevo un pijama de pantalón corto y una polera de manga larga con un escote algo revelador, ¿Qué pudo ver ese hombre? Mis palabras me cachetearon, él es un hombre y estaba viendo mi escote ¿Qué horror? ¿él se excitó conmigo? Me senté en la cama, quería sentirme asqueada, pero la verdad la sensación que tengo es de incitación, Roberto es muy sexy, su abdominales están exquisitamente marcados y las veces que me ha arrinconado ha sido muy sensual, me recosté en la cama y toqué mis pechos, mis pezones están muy sensibles al rocé y me da placer el solo imaginar que ese mecánico podría estar tocando mis senos con sus fuertes dedos, una de mis manos baja hasta mi vulva, que esta delicada y deseosa ¿Debo hacer esto? ¿Esta bien? Solo toqué sobre mi ropa interior y sentía mucho deseo, jamás había tenido el instinto de tocarme lascivamente, mordí mi labio inferior y me atreví a escabullir mis dedos entre mi ropa y encontrar mi punto más sensible, mi clítoris, solo imaginé a Roberto desnudo frente a mí, tocándome y rozando su cuerpo con él mío, casi podía escuchar su voz con esa vulgar forma de hablar, por primera vez siento que es llegar y sentir placer, estoy tan satisfecha y a la vez tan arrepentida, ¿Cómo pude imaginarme a Roberto en vez de a Javier? ¡soy una sucia! ¿Cómo pude tener ese nivel de lujuria por ese asqueroso vagabundo? ¡Me masturbé por él! ¡Siento vergüenza! ¡Esto no debió pasar! Debo ignorar lo que pasó ¡Olvidar! ¡Roberto cómo te odio!