Capítulo 13

2224 Palabras
Estar a cientos de metros de Javier me da que pensar, quiero que él sea mi primer hombre, pero tengo miedo de arruinar mi primera vez. Quiero que sea perfecta, que los dos disfrutemos de hacer el amor y que nuestras vidas se unan para siempre, sería conocida como “Andrea, la esposa del mejor hombre del mundo, Javier Zanetti” ¿Qué puedo hacer para que las cosas resulten bien? No quiero estar encerrada en esta enorme cabaña, así que, me voy a ir a caminar, me puse mi traje térmico, mis botas de nieve que son muy peludas y un gorro para no resfriarme. Cuando iba caminando por un lugar muy desierto hacia un bosquecillo que quedaba cerca de la cabaña, un imbécil casi me aplasta con una tabla de nieve, por el susto caí al suelo y otro tipo en una tabla venía hacia mí, pensé que moriría aplastada, pero este tipo paró y no podía ver quien era, ya que estaba contra el sol, hasta que habló: - ¡Oye, hueón! ¡Ten más cuidado! – después de gritarle al otro tipo, él me dijo: - ¿Te pasó algo? – su vocabulario de vago sin cultura lo delató, era Roberto que se veía muy bien con el traje térmico y los lentes de esquiador, tomó mi mano para levantarme. - No, solo me asusté. - ¿A dónde ibas? ¿Querías morir?, ya que por aquí solo pasan los tipos más extremos. – levantó las dos cejas muy sorprendido. - Quería caminar, quería ir al bosquecito que está ahí. - ¿No crees que puedes perderte ahí? – su cara mostraba mucha incredulidad ante lo que pensaba hacer. - No. - ¿Por qué tienes que ser tan ingenua? – puso una de sus manos en la cadera mientras con la otra movía sus lentes - Sé a dónde voy. - Mejor te acompaño, no vaya a aparecer algo o alguien y nadie pueda escucharte cuando grites. – mientras se soltaba las fijaciones de la tabla, pensaba que era totalmente ridículo que creyera que hay cada sicópata por ahí. - He venido desde niña aquí, no como tú que es tu primera vez. – "tu primera vez" se me cruzó una idea por la cabeza, pero se me olvidó rápidamente. Como he estado en otras ocasiones aquí, me es fácil recordar cada marca que he dejado en los árboles, estaba buscando mi árbol favorito, en el cual me puse a llorar cuando me perdí a los ocho años. Roberto tenía la respiración muy agitada ya que llevaba esa enorme tabla y estaba ya agotado porque estuvo toda la mañana afuera esquiando. - ¿Hasta dónde vas a llegar? - Falta poco y yo no te pedí que me acompañaras, podía venir sola. - Sí, claro, todo el que te vea pasando por aquí tendrá la idea de que eres una linda niñita que pasea por el bosque ¿Acaso no te contaron el cuento de caperucita roja? ¿La niña que iba por el bosque y se la quería comer un lobo? A diferencia del cuento, en este lugar hay muchas bestias y no todos quieren comerte literalmente. - ¡Qué paranoico eres! ¡¡Aquí está!! – Era una araucaria, ya de un grueso tronco y de ramas muy largas, como recuerdo de mi infancia aquí, pongo un cintillo en cada rama que alcanzo. - ¿Quién habrá sido el menso que le puso esas cosas al árbol? – Traté de matarlo con la mirada, pero eso no resulta con él. - Yo las puse. - Ouh ¿Por qué? - Cuando tenía ocho años me perdí aquí, así que me quedé en este árbol cuando no supe cómo salir, en el momento que me empezaron a buscar escuchaba voces que no sabía de dónde venían, así que tomé mi cintillo y lo puse en una de las ramas, cuando no escuchaba las voces retrocedía hasta este árbol, encontré una piedra y decidí marcar con una "A" cada árbol que me guiaba hacia las voces, este árbol era más chico cuando lo encontré ahora esta enorme y cada año que vengo le pongo otro cintillo como ahora.- le puse el cintillo y me senté un rato al lado del árbol para pensar, Roberto se sentó al lado mío sin decir nada, traté de pensar en que podía hacer para que Javier me encuentre perfecta en ese momento tan especial como es la primera vez, pensé que se me ocurriría algo estando aquí, pero mis ideas no fueron apareciendo, así es como escuché que Roberto me dijo: - Parece que está oscureciendo, pero todavía no son las cuatro de la tarde. - El bosque se oscurece más temprano, si quieres nos vamos. - Bueno. – Mientras caminábamos, a mí se me ocurrió una gran idea, antes con Alejandra jugábamos a tirarnos nieve, pero no creo que Roberto lo haya hecho antes así que decidí probar. - ¡Oye! ¿Por qué me tiraste eso? – Roberto me miró confundido - Es nieve, es una guerra de nieve. – estábamos cerca de salir del bosque cuando Roberto suelta su tabla y dice: - ¡Ah sí! pues qué tal te parece esto. – Me empezó atacar con nieve, hace tiempo que no la pasaba tan bien jugando a algo tan simple. El juego se fue poniendo más extremo al tratar de echarle la nieve dentro de su traje térmico, él me agarró y quedamos tirados en el suelo. - ¡Te atrapé! – él quedó encima mío sujetándome las manos para que dejara de molestarlo con nieve, pero las risas se acabaron cuando reapareció ese sentimiento tan raro hacia Roberto. Lo miré fijo a los ojos con la respiración muy agitada, veía en su mirada fuego, pasión y deseo, es algo que no he visto en nadie, lo escuché tragar saliva una vez y tuve la necesidad de besarlo, de sentir esos labios fogosos y deseosos de ser tocados, pero Roberto corrió la mirada y se paró repentinamente diciendo: - Ya estamos por llegar a la cabaña y tengo hambre, todavía no he almorzado. – tomó la tabla y se fue caminando con un paso cansado, me paré sin dejar de pensar "es su primera vez" y la idea perdida que tenía se activó en mi cabeza, Javier no tiene que saber que él no va a hacer mi primer hombre, que tal si hago que Roberto me enseñe como hacerlo, para estar más tranquila con Javier, aunque es una idea tonta ¿Cómo le voy a decir que quiero que él me enseñe? pero si le digo a Alejandra se va a escandalizar y me va a tratar como una niña de cinco años. Anocheció, Roberto estaba afuera, sentado mirando el leve paisaje que alumbraba la luna, estaba tomando té, me mordí el labio inferior y decidí fingir ser coqueta, tierna, amable y sensual. - ¿Qué miras? – le dije de forma coqueta. - Nada, pensaba. – contestó sin importancia. - Te ves tenso ¿Te gustaría que te hiciera un masaje? – Me miró extrañado y con una ceja alzada contestó: - ¿Se te congeló el cerebro? Tú no eres así conmigo. – No te enojes, solo es un hombre, su inteligencia no supera la mía. - ¡Qué gracioso eres! pero tanto esquiar y pasar el tiempo en actividades físicas desgastan a un hombre como tú. – traté de que mi voz sonará sensual y deseosa. - De verdad me estas asustando, estoy casi seguro de que las neuronas se te atrofiaron con él frio. – no puede quedarse callado. - ¡Soy muy buena haciendo masajes! – Puso una expresión de que tenía algo que decir, pero no dijo nada. Me acerqué balanceando mis caderas y me posicioné detrás de él, donde estaba sentado, empecé a masajear sus hombros, lo cual son muy firmes y fuertes, tuve que morder mi labio para evitar una sensación que venía de mi vientre, él soltó un pequeño gruñido, sentí que suspiró con alivio y que se relajaba de a poco. - ¡Qué buena eres! deberías ser fisioterapeuta o algo parecido a eso. - ¿Tú crees? Puedo darte otro tipo de masajes. – de pronto ciento que los hombros de Roberto se ponen muy tensos, como si le hubiera dicho algo malo. - ¿Qué… tipo de masajes? – su voz sonó preocupada. - No sé, en la espalda, en los brazos, pero a cambio quiero pedirte un favor. – volvió a relajarse y dijo con voz ligera. - ¿Qué quieres? – me acerqué a él y le susurré en el oído: - Que tengas sexo conmigo. – Roberto se paró bruscamente. - ¡¿ESTÁS LOCA?! ¡¿QUÉ TE PASA?! Realmente tus neuronas están congeladas ¿verdad? Pensé que ibas a tener algo con Zanetti. - No, aún no he tenido nada con Javier. - ¿Y para qué quieres hacerlo conmigo? creí que tu sueño era que él fuera el primero. - Y lo es, pero no quiero parecer inexperta, quiero sentirme segura en el momento que lo haga con él. - ¿Y crees qué yo te voy a enseñar a hacerlo mejor? - Tal vez. - Andrea, da igual, a él no le importa. Estoy seguro de que a ese hueón no espera que estés perfecta, para Zanetti entre más inocente mejor. - ¡No es así! sé que él quiere que yo sea su mujer y que mi primera vez con Javier sea una romántica noche de amor. - Estás loca. Yo estoy pololeando, lo mínimo que le debo a mi polola es una semana más de fidelidad hasta que vuelva. - ¡Ah! Ahora entiendo. Ya lo hiciste con ella verdad, era lógico, no fuiste capaz de esperar ni un solo mes por respeto. – pensar que la tonta de Carmen está en la mente de él evitando que me ayude, me molesta mucho. - ¿Por respeto a quién? si lo hice con ella es cosa mía, a ti te falta sentido común. A parte ¿Qué gano yo?, si Carmen sabe que me metí contigo me deja y Zanetti te tratará como a una puta. - Seria un secreto entre los dos y te doy lo que quieras, cualquier cosa. – Sé que el "cualquier cosa" no tiene ningún límite así que espero que si me pide algo sea derivado de la plata. Lo pensó un rato y sin titubear respondió: - Quiero que convenzas a Rex de que me deje salir de la casa lo antes posible. - ¿Por qué? - Porque no quiero volver a verte si lo hago contigo. No quiero mirarte y sentir... no quiero sentir nada, no quiero pensar en nada que tenga que ver contigo. Me gusta Carmen, la quiero y espero que tú no seas una de las razones para que se vaya lejos de mí. - no sabía qué hacer, un lado de mí aceptaba con tanta facilidad este acuerdo, pero el otro lado, una voz inaudible trataba de decir que no tenía que hacerlo, que no podía dejar que se fuera. - Bueno, voy a hacer todo lo que pueda. - Vas a tener que hacer más que eso. - Roberto se alejó de mí y me dijo antes de entrar a la cabaña – Déjame pesarlo, no estoy seguro de nada de lo que quieres. Faltaban tres días para volver a la casa y Roberto no me ha dicho nada, creo que me está ignorando para no tener que responderme, necesito aire, me siento tan ahogada por no saber qué hacer, salí al frontis de la cabaña y me apoyé del barandal cuando Roberto me habla al oído y me dice: - ¿Crees que mañana en la noche estés lista? - ¿Qué? entonces lo vas... - Dime sí o no. - Creo que sí... sí estaré lista. - Recuerda lo que tienes que hacer, favor por “favor". - Lo sé. – Roberto se fue con su tabla hasta el centro de esquí, me puse histérica y me quedé sin pensamientos al tratar de preparar la pieza para que fuera más agradable el momento con él. El día paso lento, hice todo tan rápido que no sabía exactamente qué hacer, al día siguiente no vi a Roberto en todo el día y pensé que se había escapado o algo así, me puse mi camisola de satín y me perfumé bien, no sabía a qué hora iba a venir así que, me dediqué a hacer posiciones de yoga y concentrarme en nada, hasta que a las una de la madrugada tocan la puerta y me da pánico, empecé a hiperventilar, hasta que escuché la voz de Roberto. -Andrea, soy yo, abre – Me arreglé un poco y me volvía a echar perfume. -Llegaste, pensé que... qué bueno que llegaste. – sentí vértigo en mi estómago, me siento tan nerviosa al verlo. - Si, tenía que estar seguro qué todos estaban durmiendo. – De pronto no supe que hacer, me aturdí y quedé paralizada. – ¿Qué pasa? -No sé qué hacer, no sé cómo empezar. - Tranquila, si quieres empiezo yo. – moví la cabeza para decir que sí, hoy dejaré de ser virgen
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR