Capítulo 14

1661 Palabras
Mi ansiedad está a flor de piel, Roberto se acercó a mí para tomarme por la cintura y me movió hasta su cuerpo, asustada, posé mis manos en su pecho firme y musculoso, su cara estaba muy cerca de la mía, tanto que se me antojaba arrebatarle un beso de su boca hasta perder el aliento, pero la sensación de su respiración en mis labios fue fugaz, rápidamente bajó su cabeza hasta mi cuello y empezó a formar un camino de besos hasta mi clavícula el cual me produce escalofríos, sus labios sobre mi piel eran como fuego que encendía a mi necesitada vulva, sus brazos fuertes empezaron a abrazarme, sus manos me recorrían lento y suave, pasó por mis pechos, mis pezones erectos están tan sensibles que cuando los piñizcó con suavidad no pude evita soltar un gemido, situó su cadera cerca de mi monte de venus y sentí su m*****o ya endurecido, mi cuerpo arde por una emoción que no puedo explicar, sus manos llegaron a mi trasero y lo apretó con un poco de brusquedad mientras su boca recorría el borde de mis senos, mi corazón palpita tan rápido y errático que creo que se va a salir de mi pecho. Después de aturdirme un poco, sacó algo de su chaqueta, por lo que vi es una cajita que dejó encima del velador, después se despojó de su chaqueta y de su camiseta, antes de que él volviera a acercarse, recorrí su pecho, bajé por su abdomen y paré bruscamente al borde de su pantalón, ¿Quería ver? ¿Quiero saber qué es lo que recibirá mi cuerpo? Mordí mi labio inferior con fuerza al imaginar que me espera. Roberto, al ver mi falta de entusiasmo por continuar, me tomó con sus fuertes brazos, el contacto de su piel rozando la débil tela que me cubre hace que me derrita de deseo, me guio hasta la cama y con mucho cuidado me acariciaba las piernas, las apretaba y las besaba, se sacó las zapatillas, los pantalones y su ropa interior, verlo desnudo hizo que diera un jadeo apenas perceptible, se puso encima de mí tratando de no aplastarme, siguió con su sesión de besos y caricias aleatorias, tengo una sed de sentir su boca pegada a la mía, de pronto se arrodilló en la cama y lo oí varias veces tomar y botar aire con fuerza, hasta que agarró la cajita de antes y sacó algo. - ¿Qué es eso? - Un condón, no quiero sacarme un domingo siete contigo ¿Estás segura de lo que vamos a hacer? – No dudé en responderle, aunque estuviera asustada. - Muy segura. – Tiritaba y no sabía porque ¿miedo? ¿Ansiedad? No sabía que era, él me quito la ropa interior con lentitud y calma, su piel mestiza apenas tenía un color rojo en sus mejillas mientras me abría las piernas con cuidado. De pronto me entró un pánico al verlo desnudo, sentí que estaba muy cerca de mí y no pude evitar sobresaltarme y decir: - ¡Roberto! ¡Espera! – Me sentí tan rara, ver su erección me espanto, era grande y no sabía si pasaría por mi pequeña entrada, no quería que lo hiciera, no quería que llegara más lejos. - ¿Qué pasa? – No podía echar pie atrás, esto es solo para estar perfecta cuando este con Javier. Tengo miedo, pero tengo que hacer esto, Roberto es solo un hombre desnudo al que tengo encima de mí, con sus brazos y pecho fuertes, con sus manos tocando mi cuerpo… Bien, estoy lista. - Hazlo con cuidado. - Roberto me miró, se quedó un segundo pensativo y continuó enseguida, sus manos masajearon suavemente mis pechos mientras su boca se entretenía con mi cuello. Roberto bajo una mano recorriendo mi silueta hasta llegar a mi entrepierna y encontrar mi clítoris, con su pulgar comenzó a jugar con mi botón, su tacto me hizo saltar, fue un poco brusco al tocarme, varias veces intento tocar mi punto sensible, hasta que logró estimular esa zona, mi humedad fue aumentando, mí respiración se volvió cada vez más agitada y mi mente estaba muy concentrada en el placer que se me otorgaba. Antes que pudiera darme cuenta, saco su mano y empezó a entrar con su duro m*****o, me dolía, sentí que me hacía una herida, di un quejido sordo que al parecer él lo escuchó y me dijo: - Relájate o te va a doler más. – Escuché sus palabras y respiré profundo soportando mi dolor. Roberto se quedó quieto dentro de mí, empezó a besar mi cuerpo, me enloquecía, fue muy suave conmigo, salió de mí y se arrodilló entre mis piernas, con cuidado me tomó las manos para que me sentara, me sacó la camisola y me volvió a recostar con mucha dulzura, tocó mis pechos con sus manos, me recorrió hasta llegar a mis caderas, se volvió a poner encima de mí para penetrarme nuevamente, a pesar de que dolía, él compensaba mi dolor con caricias y besos por mi cuello y mis pechos. No estoy segura, pero sé que más de una vez le enterré las uñas cuando sentía mucho dolor, percibí como rodaban las lágrimas por mi cara cada vez que entraba, en un momento Roberto paro, dijo algo que no logré oír y saco otro condón de la cajita ¿se usa más de uno? y me preguntó: "si quieres dejamos esto hasta aquí", pero con la cabeza le decía que no, trataba de compensar con más besos y caricias mi dolor, pero lo único que quería sentir en ese momento era sus labios tocando los míos y al parecer él no quería estar cerca de mi cara, sus manos afirmaban mi cuerpo y lo apretaba contra el suyo, el rocé me enloquecía, fue muy tierno conmigo, la velocidad de sus embestidas aumento, su respiración pesada provocaba de vez en cuando algunos gemidos, me abrazo con fuerza y escondió su cabeza en mi cuello, su cara estaba toda sudada y un gran jadeo me anunció que Roberto ya había terminado, no sentí gran cosa ya que el dolor no me dejaba pensar totalmente si fue rico o no, pero todo lo que hizo Roberto para que yo estuviera cómoda y relajada, todos esos escalofríos que me provocó me hicieron sentir abrumada, no pude evitar tomarle la cara y sentir sus labios, eso dejo satisfecho a mi deseo, se quedó un rato acostado al lado mío, le tomé la mano, quería decirle algo, quería decirle sobre ese sentimiento tan raro que apareció en mí, que deseo que me vuelva a tocar y me haga suya otra vez, pero se levantó tan rápido, respiraba fuerte y no supe que hacer para que se quedara. -Sabía, sabía. – lo escuché susurrar sin saber a qué se refería, mientras tomaba su ropa. - ¿A dónde vas? - Andrea... – Me miró de una forma tan triste, tan dolida y aun así en sus ojos se veía una ternura, casi pensé que sentía algo por mí. – esto nunca debió que pasar. - Pero pasó y es un secreto entre los dos. – la verdad estoy tan confundida que ni siquiera sé si me importa que en algún momento se enteren. - Tienes que cumplir lo que te pedí, por favor. – La promesa, ahora no sé que hacer con esta estúpida promesa, en este momento mis deseos son otros. - Haré de todo, te lo juro, pero quería que... – Quería que se quedara conmigo, quería que me acariciara, que volviéramos hacerlo, que me diera más de lo que él me había dado y quiero que esté el resto de la noche conmigo, pero Roberto parecía que leía mis pensamientos - No puedo quedarme, solo fue... sexo, nada más. – estaba vestido, con la chaqueta en la mano, por alguna razón quería que fuera algo más. - No puedes fingir, no puedes quedarte mientras imagino que eres... – no quería decir que fingiera ser mi pololo, no podía. – que eres Javier, un rato. - No, no podría. – dijo poniendo una mirada fría y una sonrisa forzada. – tú no sabes lo que está pasando por mi cabeza en este momento, pero me siento culpable al no poder mantera una promesa con la persona que quiero, si pudieras entrar a mi mente entenderías cuanto me duele todo lo que está pasando en este momento. – eso fue lo último que dijo, abrió la puerta y se fue. Pienso que él debe tener las ideas más claras que yo, ya que estoy tan confundida, se supone que esto era la preparación de mi noche perfecta y se me salió de control, puse todos mis sentimientos y mis deseos en las manos de Roberto, sin decir nada conquistó cada parte de mi cuerpo y mi corazón ¡Qué estúpida soy! ¡Cómo me fui a entregar a este nivel! Ahora me siento tan abrumada, creo que me enamoré de él, pero aún quiero a Javier, aunque a él no lo deseo locamente como a Roberto como cuando lo besé por primera vez. Siento una pena enorme, me siento sola y no sé qué hacer para olvidar este sentimiento, creí que podía controlar mi atracción por ese mecánico bruto, pero realmente no pude, él me conoce tal cual, y a pesar de que fui tan pesada con él y lo traté tan mal, Roberto igual me complace y sigue mi juego, me defiende y protege, pero Javier ni siquiera se ha dignado a pedirme pololeo. Lloré toda la noche, pensando en lo cruel que es la vida conmigo, el último día de mi estadía aquí fui a preguntarle a mi árbol porque las cosas son así, porque Javier no es como Roberto y lo único que se me pasó por la cabeza fue, porque ya no sería Javier, si no el hombre de quien me estoy enamorando
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