Capítulo 15

2338 Palabras
Después de volver a la cabaña, vi como todos echaban sus maletas en el auto, yo fui a buscar mis cosas, justo cuando dejé mi maleta en el auto, me encontré a Roberto, traté de moverme a un lado para no estorbar, pero él se movía al mismo lado que yo, me pareció absurdo y me volví a mover al mismo lugar que él, atrapados en este estúpido baile decidí ceder y me quedé quieta en un punto, respiré profundo para decir en un leve susurro: - Perdona, yo tengo la culpa, estoy distraída. – después que él siguió su camino yo volví a la habitación donde dormía para revisar que nada se quedara, en eso momento veo la caja que de condones que Roberto trajo, aún no se me va la sensación de sus besos y toques, es como si ese hombre me hubiera marcado la piel, justo en ese momento Alejandra entró y yo guardé rápidamente la caja en el bolsillo de mi chaqueta. - Andrea, quiero preguntarte algo. - ¿Qué cosa? - ¿Te llegó la regla? – su pregunta me sorprendió, la verdad, no me había llegado, pero recuerdo que alguien dijo en el colegio que la primera vez duele y sale sangre al romperse el himen, probablemente manché las sábanas y no me di cuenta. - Aaah… Sí, al parecer saqué mal los cálculos y me llegó unos días antes. - ¿Necesitas algo? ¿Toallitas, tampones? - No, tenía algunas en mi bolso, no es un flujo fuerte. - Bien, apúrate, ya nos vamos. – tuve la impresión de que Ale tiene dudas de algo, pero su sonrisa alegre y ligera me dio a entender que despejé sus dudas. El viaje de regreso me tiene algo incomoda, veo de reojo a Roberto, ahora mi entrada me duele, pero aún recuerdo sus hábiles toques, ahora entiendo por qué quiere ser mecánico, sus manos son una bendición, ¡Maldición! ¡Aún con mi v****a adolorida, lo sigo deseando! Siento la excitación aumentando entre mis piernas, volví a mirar de soslayo y Roberto parece distraído mirando por la ventana, me encantaría que mi pequeño sobrino no estuviera en medio de nosotros, intentaría alguna maniobra para tocarlo, justo cuando iba a mirar el paisaje, mi cuñado habló: - ¿Y estás contento? Vas a volver a ver a Carmen. – Giré la cabeza de forma violenta, lo miré aguantando la respiración y él me observaba con asombro. - Sí… sí, estoy ansioso por estar con ella, la he extrañado mucho, dos semanas sin verla fueron una tortura. – Roberto volvió a ver por la ventana como si nada hubiera pasado, pero Ale también tenía algo que decir y me paralicé ante sus palabras. - ¡Ann! Hablé con la mamá antes de irnos de Valle nevado y me dijo que Javier llamó ayer y hoy, quería saber cuándo llegabas a la casa, al parecer te extrañó. – Roberto me miró algo angustiado, pero volvió a ver por la ventana antes de que yo contestara. - ¿Ah? ¿Sí? ¡Qué bien! Lo llamaré cuando llegué, para que no se preocupe por mí. -Tropecé un poco con las palabras al contestar, levanté la mirada con cuidado, vi por solo un segundo la mirada desconfiada de Rex, al parecer sospecha algo, trataré de ignorarlo, al final ¿Qué puede saber? Él no lo hizo conmigo. Llegamos pasadas las cinco de la tarde, tengo la necesidad de decirle a Roberto qué me esta sucediendo, las cosas que estoy sintiendo por él, después de descargar las cosas y dejar que las nana se encargara de mi maleta, fui a la pieza de Roberto, me quedé esperándolo en el marco de la puerta hasta que llego, mi cuerpo vibra cada vez que recuerdo lo que él hizo, así que, traté de expresar mis sentimiento. - Quería decirte algo. – de repente el frunció el ceño y me trató con un gran indiferencia. - Rex sospecha algo, es mejor que no me hables en un par de días. - Oh… entiendo, pero lo que quiero decirte es … - estoy emocionada de contarle mis sentimientos, pero él fue muy cortante. - Me lo puedes decir en otro momento. – Mi pecho se contrajo, Roberto me hizo a un lado y entró a su pieza sin una gota de compasión, me dieron ganas de llorar, pero aguante mi pena. - Yo… solo… gracias por todo. – torpemente dejé salir palabras al azar, sin saber que quería decir realmente. Me fui a mi habitación destrozada, me tragué mi tristeza y recordé porque razón hice esto, solo fue para estar lista para Javier, él es mi objetivo, él es el hombre que merezco, no un mecánico de cuarta que ni siquiera tiene clase, no tiene el estatus que yo tengo, él ni siquiera es capaz de llegar a nuestro nivel de superioridad, ni aparentar le resulta, ¡él es solo un maldito vagabundo! ¡Él maldito vagabundo que me gusta! Me tapé la cara con las manos y comencé a llorar, no pude suprimir mi pena, solo se desbordó de mi pecho, salió de mí como una herida que no para de sangrar. Apenas llegué al colegio el lunes, Javier me recibió en la sala como a una reina, me regaló unos aros de plata hermosos, pero solo pude fingir interés y emoción, mi cabeza está en otra parte, no dejaba de pensar en que Roberto ya no era un simple hombre en mi vida, era el primer hombre, quien se dedicó a ser delicado conmigo, él que ahora me ignora para olvidar esa noche que pasamos juntos. Estoy tan confundida con mis pensamientos, no quiero sentir esta sensación de deseo y desgarrador dolor que me tiene triste, agotada y sin ánimo. Cada día se pone más cuesta arriba, ya casi ni pienso en mis estudios, hacer yoga me cansa y me deprime, estar en el colegio viendo como esa maldita de Carmen agarra a besos impunemente a Roberto frente a mis ojos me enerva la sangre, los besos que ella le roba a Roberto son míos, su manos, su boca, su cuerpo son míos; Roberto tenía razón, fue mala idea haberlo hecho con él la primera vez. Sé que Javier está al lado mío, aún sigue siendo mi príncipe encantado, el sueño de hombre que quiero, pero si Javier no me pide pololeo es probable que agarre del pelo a esa rota de Carmen y la aleje de mi Roberto, siento tanta rabia al ver como Carmen le coquetea, lo seduce, lo toquetea, lo besa, no puedo dejar de mirarlos, aunque quiera, creo que es porque espero que a ella la aplaste un meteorito o se la trague la tierra para que deje de presumir que tiene a un hombre de verdad. Javier me hablaba sin parar, pero no recuerdo nada de lo que me dijo, ya que estaba sumida en mis pensamientos. - ¡Andrea! - ¿Qué? - Hace rato que estas mirando al Anderson. -No lo estaba mirando, estaba pensando. - ¿En qué? - En cuando me vas a pedir pololeo – Javier se quedó callado y pensativo. - he estado esperando desde principio de año ser la polola oficial del más guapo de los hombres en este colegio y no me has dicho nada, soy perfecta y tú no me pides pololeo. Javier embozó una amplia sonrisa y me dijo: - Lo sé, eres perfecta y quiero pedírtelo de una forma digna de una reina, tengo que preparar todo para que estés contenta y cómoda, la próxima semana quiero que vayas a mi casa, quiero que te conozcan y antes de lo que imaginas tendrás el privilegio de ser lo que tú deseas. - ¿De verdad? – se me llenó el corazón de júbilo, pero muy dentro de mí algo me ponía triste. -De verdad. – sentí mi risa forzada, Javier se fue de mi lado y vi como Carmen abrazaba a Roberto, pero él me miraba a mí con angustia y enojo. Esa tarde decidí irme caminando a mi casa, no quería llegar, no quería ver a mi mamá, ni a mi papi, ni a mi hermana, ni a mi sobrino, ni a mi cuñado, ni... ni a Roberto, quería respirar un rato de ese montón de ideas y sentimientos que pasaban por mi cabeza, nada tiene orden dentro de ella, siento como si un tornado hubiera dejado un desastre irreparable el cual me hace sentir como la niña pequeña que está perdida en ese pequeño bosque en Valle Nevado ¿Cómo puedo olvidar este sentimiento por Roberto y cambiarlo para Javier? No quiero que Roberto piense que no soy madura para olvidar una relación pasajera y vana, tengo que aceptar que solo fue un favor de parte de él y que no hay ningún lazo que nos amarre, también tengo que convencer a Rex de que permita que Roberto se vaya, aunque no quiera, pero es mejor para los dos, vernos todo el tiempo solo hace que el aceptar y olvidar se vuelvan más difícil de lo que parece. Mientras la pena me consumía de a poco, siento que una mano me detiene de pronto, me asusté tanto. - ¡Andrea! te vengo gritando como hace tres o cuatro cuadras y no me escuchabas. - era Roberto muy agitado. – ¿Qué te dijo Zanetti? -Nada. – no quería pelear con nadie, menos con él. -Algo te dijo o no estarías así. - No me dijo nada, en serio. - Andrea, después de que conversaste con él en el último recreo andas distraída, no le respondiste de las primeras a la profe, no le hablabas a tus amigas, no me escuchaste cuando te llamé ¿Qué te dijo? – se ve ansioso, como si buscara algo en mí. - Nada que te importe en realidad, son mis cosas, tú tienes una polola de quien preocuparte. – no quería enojarme, pero me está provocando. -Te convenció ¿verdad? Andrea por favor no te metas con él. – me tomó de los brazos con mucha fuerza, cerró los ojos y continúo hablando. – No quiero... no quiero que él te haga nada, eres tan inocente todavía, no sabes... - ¿Por qué crees que soy como una muñequita de porcelana? no me voy a romper, Javier es un caballero no un ogro como lo ves tú, aparte de lo que pienso que puede hacer, no creo que haga nada más. – Sentí los dedos tenso de Roberto y su mirada llena de pánico y angustia. - Andrea, todavía no entiendes, ¿Cómo no escuchaste todas las cosas que te dije?, todas las indirectas y directas que te tiré, ¿Cómo no me pescaste en ningún solo momento cuando te dije lo que Javier Zanetti era? ¡Andrea! ¡¿cómo no entiendes?! ¿Cómo? – Sus dedos se aflojaron mientras me miraba, en ese momento saqué sus manos y muy enojada por todo lo que hablaba le dije: - ¡Porqué todo lo que me dices no lo hace cuando estoy yo! ¡Siempre eres tú él que lo ve, eres tú él que lo ataca! ¡Es contigo con quien tiene problemas! ¡él a mí me trata como una princesa, una reina! ¡Nunca me ha demostrado que quiera hacer algo malo conmigo! ¡solo tú le encuentras defectos! ¡Y si es como tú dices, me daré cuenta yo sola! ¡aunque no te creo nada de lo que dices, porque no tienes como probar nada! ¡Quiero que me dejes tranquila! ya no quiero seguir discutiendo, ni contigo ni con nadie en este mundo. – seguí mi camino y sentía como Roberto me seguía a una corta distancia sin decir ni una palabra. Mis pensamientos cada vez estaban más confusos, una niebla se posó sobre mi mente que no me dejaba aclarar mis ideas, sentía rabia con Roberto por no dejarme sola en este momento y ojalá que se fuera esta misma noche para no volver a verlo, aún mis ideas están borrosas y me siento más tensa que antes, al no haber podido caminar tranquila, cerré mis ojos y traté de pensar en las cosas que me hacían estar tranquila y feliz, y la primera que se me cruzó fue cuando Roberto y yo jugábamos en la nieve, de pronto, por un leve momento, creí que todas mis ideas estaban claras, todas las respuestas juntas y justo en ese instante vi que estaba frente a la casa y todo se volvió a nublar. Yo estaba decidida a entrar a la enorme estructura que llamo hogar, desilusionada, quería irme directo a mi pieza, pero cuando estaba a punto de dar un paso para continuar mi camino, Roberto me toma la mano, suspira con la mirada hacia el suelo, lentamente levanta la vista y dice: - Discúlpame. – quedé atónita con lo que me dijo. – tienes razón, si tienes que saber cómo es Zanetti lo tienes que descubrir tú, también porque no tengo que meterme en tu vida, ya estás grande, ya no eres la tierna muñequita de porcelana que se rompe al tocarla, eres lo que nadie espera de ti: una mujer. – Roberto puso detrás de mí oreja los mechones de pelo que se iban hacia mi cara. - Roberto, no tenías porque... – me dio un leve escalofrío sentir como la mano que arregló mi pelo bajo por mi brazo hasta tomar mi otra mano, fue tan agradable su rocé que incluso olvidé lo que iba a decir. -Si tenía, creo que me cegó la rabia que le siento a Zanetti. Lo único que te pido es que tengas cuidado. – me soltó las manos lentamente, entró a la casa sin que nadie notara nada ¿por qué tiene que confundirme cada actitud que toma conmigo? Cada cosa que hace me gusta, todo lo que hace me atrae, no sabes cuanto odio quererte Roberto ¡no quiero desearte más!
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