Capítulo 16

1814 Palabras
Pasó un poco más de una semanas en las que no vi mucho a Roberto, pero Javier estuvo todos los días en mi casa, también todo el colegio se enteró de que Roberto y yo vivimos en la misma casa, que él es hermano de mi cuñado y descubrí hace poco que hay rumores sobre que he estado acostándome con un roto marginal, estoy segura que fue la cualquiera de Victoria la que comento eso, me tiene envidia porque soy una señorita y atraigo miradas sin andar ofreciéndome como ella, pero no me importa tanto lo que dicen, aunque me dañe el ego. No he visto mucho a Roberto en el colegio, es como si se escondiera de mí o se escapara con esa mosquita muerta de Carmen que quiere a mi sexy mecánico para sus horrendos propósitos, alejarlo de mí para siempre. En la casa ya no me dirige la palabra, me ignora más que nunca, incluso he sido muy odiosa y pesada con él para que me diga cualquier cosa, incluso una de sus burlas sarcásticas, pero lo único que escucho es “hola” y “chao” y ni siquiera es para mí. Un jueves en la tarde que salimos temprano del colegio, vi que a Carmen la pasaron a buscar y que Roberto se iba solo, quise alcanzarlo ya que tenía ganas de escucharlo, aunque me hablara con sus insípidos insultos, que me viera, aunque sea con enojo y sentir que aún existo en su vida, pero alguien me agarró la mano y me tironeó, era Javier con unos ojos llenos de malicia. - Te tengo una sorpresa, acompáñame. – vi como Roberto se iba y Javier me dio un pequeño empujón para que entrara a su auto, cuando el auto se puso en marcha vi a Roberto cabizbajo y pensativo, ¡Cuánto me hubiese gustado estar caminando al lado de él! El camino hasta la casa de Javier fue demasiado corto para pensar, sentía un poco de temor al no saber cuál era el propósito de Javier: si me presentaría a sus papás o tendríamos sexo y comenzaríamos a ser pololos, estoy casi segura de que es la segunda alternativa. Entramos a su casa y él me condujo rápidamente a su pieza la cual es muy oscura y esta como si nadie la ocupara, cerró con llave la puerta y muy bruscamente me tiró a la cama. - ¡Aush! eso me dolió. - Y no es lo único que te dolerá. - los ojos de Javier cambiaron de malicia a una mirada diabólica. Javier era un bruto que no tenía compasión, todo lo que estaba al alcance de su boca lo mordía, sus dientes se clavaban con tal intensidad que estoy segura de que dejó feas herida en mi cuerpo. De la nada, con fuerza apretó mi cuello para asfixiarme, cuando casi ya no podía respirar le enterré las uñas en su antebrazo, me soltó riendo como maniaco, di una gran bocanada de aire para recuperarme, pero él me besó y no alcancé a tomar todo el aire que necesitaba, en ese contacto tomó mi labio inferior con sus dientes y lo mordió con tal fuerza que corto mi piel. Me desnudó de forma salvaje, no le importó si mi ropa se atoraba en mis extremidades, jaló de ellas con gran gusto. Me rasguñaba de manera feroz y cada cierto tiempo me decía: "grita, pobre niña, grita" cada vez que yo no gritaba se volvía más violento, me dio vuelta y me amarró las manos a la espalda dejándome con la cara pegada a la cama, sin saber en qué estaba pensando, escuchó el silbido de algo que azota mis nalgas con mucha fuerza, me quejé un par de veces ante los golpes que recibía, cuando dejo de golpearme, tomó mi pelo con fuerza y comenzó a tirar de él, los minutos se me hacían eternos, mientras me penetraba, en algún momento me percate que mi espalda era arañada por algo con puntas, me volvió a girar y apretó mis pecho con tanta fuerza y los mordió casi con deseo de rasgármelos, con eso me quebró, no aguante más y llené el silencio de su casa con un gran grito de desesperación, mis lágrimas no paraban de caer por mis ojos y los atormentadores veinte minutos que estuve con él, oía una leve voz que me recordaba que tuviera cuidado, sentía dolor por toda mi piel, no sentí nada que me produjera deseos hacia Javier, pero traté de pensar que tal vez también era su primera vez, estaba ansioso por este momento y se le pasó la mano, eso es todo. Cuando le encontré el sentido a esta confusa situación, me senté en la cama, pensando que Javier se acostaría un rato conmigo, pero se estaba vistiendo. - ¿Por qué te estás vistiendo? Pensé que estarías un rato conmigo. - Ya se acabó. - ¿Qué cosa? Si ahora que estamos pololeando tenemos que estar juntos. - Se acabó, yo no soy pololo de nadie, lo único que me interesaba de ti ya lo tengo, pensé que gritarías más ya que a todas las que me he comido en el colegio no dejan de hacerlo. Quitarles su virginidad a esas putas fue más excitante que hacerlo contigo, incluso estuve a punto de pensar que ya no eras virgen, pero tu grito final me hizo terminar rápido y no me dejó dudas de que yo soy el primero. Dejar una marca en cada una al ver sus caras con temor y respeto hacia mí hace que sea cada vez más gratificante mi récord. - ¿Lo único que querías hacer conmigo era aprovecharte de mí? - Realmente sí que eres tonta, pensé que Anderson te había convencido cuando fueron a Valle Nevado, ¡Eres tan estúpida! traté de meterte al baño de hombres solo para satisfacerme, si ese roto de mierda no se hubiera interpuesto en mi camino, hubiera hecho esto antes. – Una carcajada llena de maldad salió de él casi como una burla. – Ja, ja, ja, no puedo creer que no lo hayas escuchado cada vez que te decía que yo era un abusador, pero la superioridad de mi inteligencia es mayor que la tuya para que cayeras fácilmente en mi cama. Ahora, puedes irte de mi casa, no quiero que te vean rondando por aquí, me hacen preguntas hueonas cuando traigo a cualquiera. Mi pecho se oprimió, casi no podía respirar, me quedé completamente congelada ¿Cómo no lo escuché? Todas las veces que Roberto me dijo que Javier era un abusador, un monstruo, no le creí. Mi príncipe encantado se transformó en un horrible tirano sin corazón, el semi-Dios que dormía sobre él voló lejos dejando un horrible titán de dos caras. Salí de su casa con una agonía tan grande, me sentí abusada en un montón de formas, quedé con una pena que me estaba matando por dentro, pero no podía llorar, las lágrimas no me salían, pensaba camino a mi casa lo cruel que era Javier y que Roberto tenía razón, ahora se de quien hablaban frente al baño de hombres, era de mí, cuando Roberto dijo “No voy a dejar que le hagas nada y menos donde nadie la puede oír ni ver para defenderla." Se trataba de mí, quería defenderme como en la fiesta, me lo dijo cuándo nos devolvíamos a la casa "Lo que te pido es que no te quedes sola con él, quiere lo único que no se merece de ti." sabía lo que Javier quería y me estaba previniendo, incluso me lo volvió a decir cuando estábamos en Valle Nevado "Andrea, da igual, a él no le importa. Estoy seguro de que él no espera que estés perfecta, para Zanetti entre más inocente mejor." siento una pena y una rabia tan grande, por ser tan tonta al no tomar en serio todo lo que me decía Roberto, por no escuchar y hacerme la loca con todo, debí darme cuenta, pero quería tanto ser la mujer perfecta, una alumna ejemplar, la hija adorada y obediente, la polola del más guapo de todos en el colegio y ahora no soy más que una joven que ha perdido todo. No me percaté de cuando llegué a mi casa, no quería que nadie me preguntara nada, pero ya era tarde, tenía que explicar porque llegué a las cinco si salí a las una. No fui capaz de ver a nadie, si decía una palabra me pondría a llorar, pero lamentablemente no pude evitar encontrarme con alguien en el camino a mi pieza, mi hermana Alejandra. - ¡Andrea! ¿Dónde estabas? Mi mamá te llamó a la casa de todas tus amigas, estaba muy preocupada. – Alejandra tenía que hablarme, no le dije nada y corrí a mi pieza, ella salió tras de mí y yo le cerré la puerta en la cara, escuché sus pasos alejarse y volver, golpeo la puerta de mi puerta para saber si podía entrar. – ¿Andrea, te pasa algo? ¡la mamá está aquí! No sé qué le pasa, mamá, llegó y se encerró sin decir nada. Oí a mi hermana Ale hablar detrás de la puerta con mi mamá. - Hija, estoy aquí, ábrame la puerta para ver qué te pasa. – no quería gritarle a mi mamá, pero es la única forma que se vayan de mi puerta. - ¡No me pasa nada! ¡quiero estar sola, no quiero ver a nadie! – se me quebró la voz y comencé a llorar. - Mi niña, está llorando, déjeme entrar. - ¡No quiero! ¡Déjenme tranquila! -Mi niña, cuando se sienta mejor me llama y me cuenta lo que pasa. No quiero que este triste. - ¡Quiero estar sola! ¡Váyanse! - Mamá ella no está bien. - Mi niña, es la edad, tú hiciste algo parecido. - oí como se alejaron de la puerta y yo ya no podía dejar de llorar. Traté de calmarme unos segundos para ponerme mi pijama, me puse frente al espejo que tengo en la pared en donde hay una cómoda, vi mi pecho marcado con manchas rojas, parecía una alergia horrorosa y solo son los lugares donde Javier me mordió, sentía vergüenza de mí misma al no notar al monstruo que tenía enfrente de mí, me fui directo a mi cama y me acorruqué abrazando un cojín en forma de flor que estaba sobre ella, volví a llorar sin parar, recordando todo lo que había pasado el día de hoy, todo lo que descubrí y me partió el corazón dejándome una pena incontrolable, de a poco me fui quedando dormida dejando en mi pensamiento lo último que me dijo Roberto en su intento desesperado de impedir que estuviera con Javier "Lo único que te pido es que tengas cuidado"
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