Cuando estaba en el colegio vi varias veces a Roberto con Carmen, pero lo vi menos pegado que otras veces a ella, la besó menos, apenas la abrazaba y me miraba contantemente en los recreos, pensaba que no era tan malo un mecánico, incluso podría trabajar para algo grande, en una gran empresa armando los motores para autos nuevos y ese es un gran título universitario. Roberto se volvía de un momento a otro en un caballero de brillante armadura, que lucha por su bella y hermosa princesa. Cuando salimos del colegio Carmen se fue con sus papás y Roberto no estaba con ella, vi a muchos de mis compañeros que iban corriendo a un parque cercano y por curiosa fui a ver, cuando me acercó veo a dos de mis compañeros peleándose, no sabía quiénes eran hasta que Panchi apareció y me dice:
- ¡Andrea! ¡Roberto está peleando con Javier! ¡Creo que lo va a matar!
- ¡¿Qué?! – Traté de pasar y le grité a Roberto que parara, pero no me escuchaba, en sus ojos se veía una ira incontrolable, emanaba un aura asesina, estaba dispuesto a ensuciarse las manos por mí, pero no puedo permitirlo, no quiero un delincuente como pololo, vi a Eduardo animando a su amigo en vez de separarlo para que no se acriminara, le grité a él y a otro compañero para que se dieran cuenta que deben parar la pelea antes de que se pongan peor – ¡Eduardo, Cristóbal! ¡sepárenlos!
- ¡Estás loca! esta buena la pelea. - ¡Cómo son tan insensibles!
- ¡Se van a matar!
- Bueno, que agua fiestas eres. – Los separaron a los dos y Roberto no paraba de insultar a Javier.
- ¡Hueón maricón! ¡nunca te voy a perdonar lo que hiciste! ¡Te reventaré la cara! ¡Romperé cada puto diente que tengas en tu puta geta! – a Roberto lo tuvieron que agarrar entre dos compañeros, ya que estaba cegado de ira.
- ¡Según tú, mugriento de mierda! ¿Qué hice? – los amigos de Javier lo levantaron y su cara estaba llena de sangre, al parecer, Roberto le reventó la nariz y le botó un diente.
- No te hagai el hueón, tú sabí de que habló, ni si quiera ha pasado un día de lo que le hiciste... – Me preocupó que Roberto dijera más de lo que debe así que, grité.
- ¡Roberto! ¡para por favor! – lo miré con un ruego a los ojos y cuando giré para observar a Javier, lo regañe. - Javier ¿Qué te pasa a ti? no es suficiente con tu soberbia que tienes que atacar a todo el mundo con tu matonaje.
La cara de asombro de Javier ante lo que pasaba lo dejó frio, al parecer no esperaba que defendiera a Roberto, pero él con cara de arrepentimiento se acercó a mí para decir algo que no esperaba.
- Lo único que dije fue que te quería pedir disculpas por todo lo que ha pasado a causa de mi conducta, no quise pasar a llevar tus sentimientos, así que quiero reformarme contigo, quiero ser el hombre que mereces y ya que falta poco para la fiesta de los cuartos medios, quería invitarte como mi polola oficial. – Quedé atónita, como podía pedirme eso después de lo que me hizo. – ¿Qué dices mi hermosa reina? ¿me perdonas por lo bruto que fui? seré más delicado contigo la próxima vez.
Mi alma fue destrozada esa noche, lloré tanto que me sentí vacía por dentro, me hizo tanto daño que no hay forma de que pudiera perdonarlo de verdad, no puedo estar con él sabiendo como Roberto me amó anoche.
- ¿Por qué no le vas a contar ese cuento a tu abuela? ¡Nadie te cree concha su madre! ¡hijo de puta mal pario! – sé que Roberto intenta protegerme y no se quedará callado.
- Te mereces a un príncipe como yo, cambiaré para ser el príncipe que tu desees. – de repente Javier me dice en un susurró cerca de la oreja – ¿o debo decir que te gusta un roto de mierda y se lo levantaste a Carmen?
Nadie escuchó esto, pero si me afectó, en especial porque todos me miraban y no podía evitar sentirme observada, también odio que la gente espera que diga lo que ellos quieren oír y odio hacer lo que ellos esperan, me importa demasiado él que dirán.
-Sí, te perdono, seré tu acompañante ese día. – no sé porque lo dije, debe ser un mar de confusión que llevo dentro, sé que quiero a Roberto, pero no sé si él dejará a Carmen y tampoco puedo dejar que los demás se enteren de que estuve con Roberto, todavía no es el momento, hasta que él sea un mecánico que estudia en la universidad y así dejar a todos con la boca abierta.
Javier se limpió un poca la cara, me quería besar en la boca, pero corrí la cara disimuladamente y me besó en la mejilla dejando un poco de sangre en mi cara, sentí asco ante su movimiento, él llamó al chofer de su auto y se fue, en cambio, Roberto, después de permanecer quieto unos minutos, se hizo paso entre la gente y partió caminando a la casa, en ese momento se disipó la multitud cuando los actores principales de la pelea decidieron no continuar peleando. Iba a empezar a correr detrás de Roberto cuando la Panchi me para.
- ¡Andrea! Por fin tienes lo que querías, Javier es tuyo, Eso sí, no entendí porque Roberto se puso tan violento, ¿Qué hizo? ¿Pasó algo con Carmen y él? – Las preguntas de la Panchi se alejan mucho de la realidad, pero no puedo seguir avivando los comentarios, en especial por lo cahuinera que es ella.
- Panchi, ahora no puedo conversar contigo, tengo que irme.
-Pero… - Dejé a Panchi con la palabra en la boca y corrí para seguir a mi hombre.
A nadie le llamó la atención que saliera detrás de Roberto, todos ya saben que vivimos en la misma casa, así que, las sospechas de que algo pasa entre nosotros son casi nulas, ante la idea de que es mi pariente, todos piensan que no hay una relación real entre nosotros.
Roberto estaba muy lejos de mí, caminaba muy rápido y yo soy muy mala corriendo, entre jadeos tuve que gritarle para que parara:
- ¡Roberto …espérame! – su aura asesina no había disminuido, se notaba que su ira estaba igual o peor que antes.
- ¿Por qué no vas detrás de tu nuevo pololo y me dejas en paz de una buena vez? – me gritó con mucha furia y siguió su camino.
- Roberto, por favor. – Le tomé el brazo para que dejara de avanzar, aunque fue difícil, ya que él tiene mucha fuerza y de un tirón se soltó de mi agarré.
- ¿Qué quieres? – su rabia lo hace parecer un hombre dominante y despiadado.
- No te enojes, él no me importa. – quiero suavizar las cosas, quiero que me escuché, quiero explicarme, pero él suelta una carcajada entre dientes y me dice con ironía.
- ¿No te importa y te pones a pololear con él? ¿Qué lógica tiene eso? – sé que no suena bien como lo dice, pero tampoco se pone en mi lugar.
- Solo es para aparentar. – los ojos de Roberto se abrieron sorprendidos y de la nada su mirada cambia a una encolerizada.
- ¡Eso es lo único que al parecer te importa! ¡Solo aparentar! ¿Qué hiciste anoche conmigo? ¿Aparentar? ¡Supongo que las preocupaciones que tenías hoy en la mañana también eran pura apariencia! – Se agarró la cabeza molesto, tratando de seguir su camino.
- ¡No! nada de lo que pasó contigo fue mentira.
- Entonces ¿Qué quieres ocultar? – abrió lo brazos para expresar su frustración, nunca había visto a Roberto tan enojado.
- ¿Qué querías que dijera? Que hicimos el amor y que ibas a dejar a Carmen por mí mientras ella no estaba para que tú se lo dijeras en la cara. – me miró con desdén antes de contestar.
- Con que le hubieras dicho que “no” era suficiente. – se cruzó de brazos mientras su mirada solo traía desprecio
- Pensarían que tuve algo contigo. – trataba de defender mi posición, no era la manera en la que tenía pensado anunciar mi relación con él.
- ¿Por qué te importa tanto lo que piensen los demás? Lo que hagas o no es cosa tuya. – Las palabras de Roberto cada vez sonaban más frustradas, ¿Por qué se siente tan mal si la que iba a quedar mal parada era yo?
- Solo yo iba hacer la humillada, seria conocida como la que “roba pololos”, una cualquiera ¿Cómo me hubieras defendido de eso?
- Hubiera hecho cualquier cosa para defenderte de quien sea. – sus palabras sonaban tan sinceras y protectoras, pero su amor no iba a detener la humillación, la realidad para una mujer que toma al hombre de otra no queda bien en ninguna parte
-Tú no hubieras dejado a Carmen en ese momento. – los ojos de Roberto cambiaron de frustración a una melancólica confesión.
- Si me lo hubieses pedido lo hubiera hecho. – Dice que soy la egoísta y la que no entiende su posición, pero él tampoco es capaz de entender mi compleja postura ante esta situación, traté de evitar volver a discutir con Roberto y solo le pedí paciencia.
- Roberto, por favor solo es un tiempo, después de la fiesta no volveré con él, aun así, podemos estar juntos. – Roberto puso sus manos en las caderas y levantó la vista al cielo, sus ojos se ven vidriosos. De repente bajó la cabeza y con tristeza me dijo:
- ¿Sabes por qué me gusta Carmen? Porque no tiene que aparentar nada, es tierna, inteligente y sincera, he tratado de encontrar eso en ti, pero cada vez que creo que lo encuentro, se pierde en tus mentiras, en fingir algo que no eres ¿tú cómo crees que me hace sentir esto? no puedo pensar que tengo que esperarte casi cuatro meses para poder estar contigo sin que te avergüences de mí. Carmen me ama, tal cual soy y no tiene que estar escondiéndome como tú. – Roberto siguió con su paso rápido hasta llegar a la casa y no me volvió a hablar más, con desesperación grité mis sentimientos hacia él.
- ¡Roberto, yo te quiero! ¡Te amo! – Él para y gira la cabeza un poco y me dice dándome una cruel puñalada en el corazón.
- Si esta es tu forma de amar, no la quiero. Ya no quiero nada de ti, ya no te hablaré, no te miraré, serás como él aire, existes, pero no me importa tu existencia. Recuerda, que aún me debes un favor, haz algo bien en tu vida ¡Y cúmplelo! – sentí como mi corazón se quebró en mil pedazos, ¿Cómo las cosas cambiaron tan drásticamente? Anoche nos amamos con locura y hoy me desprecia, no quiero que me deje de hablar, tampoco quiero que se vaya, ¿Por qué acepté esa condición? ¡Qué estúpida! ¡Qué estúpida! Pronto será mi cumpleaños y quiero que sea un día perfecto, pero sin él no será lo mismo. ¡Me siento tan miserable! ¡Roberto, no me dejes! ¡te amo!