He estado muy triste desde que Roberto empezó a ignorarme, trato de hablar con él, decirle que terminaré con Javier, pero no me hace caso, de verdad ni siquiera me mira, estoy pensando en hacer cosas drásticas, incluso acciones sucias para llamar su atención. Creo que quiero morir, después de mucho meditar y pensar en lo que debo hacer, las palabras que alguna vez dijo la cualquiera de Victoria, pasan por mi mente: “si una mujer quiere a un hombre, la única forma de tenerlo es seduciéndolo.” Al parecer voy a tener que jugar a la prostituta con Roberto.
Sé que es muy vergonzoso y ridículo, pero compré libros y revistas que hablaban sobre como seducir, algunas de las cosas que aparecían eran muy atrevidas, para hacerlas no se debe tener ninguna gota de pudor, me siento estúpida al pensar que tengo que llamar la atención del hombre que me gusta de esta manera, era mío antes de que yo lo supiera y lo perdí antes de poder disfrutar de él, solo por mi arrogancia, ahora debo bajar unos peldaños en mi ego para recuperarlo.
Pasó una semana, mas o menos, desde que leí todo lo que se puede saber de seducción, hoy ocuparé una táctica sutil, pero debería funcionar para llamar su atención, me puse una camiseta de tirantes, me queda muy ajustada al cuerpo, sin sostén y un pantalón muy corto, el cual mostraba un poco mi nalga, me sentía muy incómoda, pero espero que valga la pena. En el momento que Roberto llegó y subió las escaleras, de forma muy coqueta me puse frente a él, llevaba un pompón en las manos, un recuerdo de cuando nació mi sobrino, lo miré fijamente a los ojos, comencé a pasar el pompón de un una mano a otra, me giré y “accidentalmente” este se me cayó, dije “ups” con fingida inocencia, me incliné procurando que mi trasero quedara muy cerca de él, después de eso lo miré, vi que tenía los ojos como platos, le sonreí y volví a mi pieza, espero que resulte, según la revista es una gran táctica para primerizas. Esperé unos minutos para ver el resultado, pero Roberto no vino a buscarme, fallé, debo buscar otra cosa para conquistarlo.
Esta vez intenté otra cosa, en la once, me acomodé en la silla lo mejor posible para tocar con mi pie el asiento que esta frente de mí, ese lugar le pertenece a Roberto, según una de las revistas una de las cosas que les encanta a los hombres es que les acaricien suavemente con el pie de manera sugerente, intentaré ser un poco más agresiva con mis toques, para motivarlo más. Cuando Roberto se acomodó en su puesto me echó una mirada interrogante, no podía mirar donde estaba tocando y se me hacía difícil encontrar su pierna, justo cuando toqué algo, Roberto saltó bruscamente y se derramó el té en su ropa, todos quedaron sorprendidos, yo me tapé la boca con las manos, no esperaba este resultado, él me miraba con rabia y en ese momento Ale preguntó:
- ¿Qué pasó? ¿Estas bien? – él respondió algo molesto.
- Si, estoy bien, no me di cuenta de que el té estaba tan caliente y me quemé la boca. – me lanzaba miradas de odio de vez en cuando. – me voy a cambiar de ropa.
Eso fue peligroso, creo que debo ser más cuidadosa la próxima vez.
Al día siguiente leí otra cosa en un libro, decía que “a los hombres les gusta que las mujeres tengan iniciativa, que sorprendan con ropa seductora y reveladora, no tiene que ser ropa cara o de marca, pero un par de botones debajo del escote o una falda corta provoca hasta al más cauto” ojalá esto resulte, porque no puedo llegar al punto de amarrarlo a la cama y torturarlo.
Apenas Roberto llegó del colegio, se fue a su pieza, yo lo seguí, entré a su habitación, no lo vi en el momento, pero me imaginé que estaba en el baño, lo esperé hasta que lo vi desnudo caminando hasta la cama para tomar su ropa interior, no sabía cuanto lo extrañaba hasta que lo vi sin nada, me mordí el labio y él apenas se percató de mi presencia, intentó taparse con el bóxer que tenía en la mano.
- ¡Cresta! ¿Qué haces aquí? Ándate. – me había puesto un vestido con puros botones al frente, deje abiertos los suficientes para que viera mi escote y es corto así que se pueden ver mis piernas muy bien, Roberto estaba rojo y se puso la ropa interior, pero no pudo ocultar su prominente erección - ¿Qué no escuchaste?
Roberto se veía nervioso, pero se quedó quieto en su lugar, su respiración se volvió irregular, aproveché la circunstancia y me acerqué, estuve a centímetros de él, pero el cerró los ojos y dio una bocanada de aire para gritarme:
- ¡¡ÁNDATE DE MI PIEZA, AHORA!! – Me tomó por sorpresa su grito, no esperaba que él me rechazara de esta forma ¿Qué estoy haciendo mal?
Hoy es mi cumpleaños, pero el fin de semana se hará una gran fiesta, a pesar de que no quiero ver a Javier, este día solo se dedicó a estar conmigo, en el primer recreo hizo un show el cual debió llevarse el Oscar:
- Andrea, mi reina, te compré este cadenita de oro con un colgante de rubí, mi primo me lo envió desde Alemania, es perfecto para ti. – Javier me puso la cadenita, pero sentí que me ponían un collar para perro y también, dar a entender que tengo dueño.
- Gracias. – di una sonrisa forzada.
- Todo lo mejor para mi reina. – me tomó por la cintura con fuerza y me acercó a él para que lo besara, pero me da tanto asco que lo alejé, él pareció molesto, me agarró la cabeza y me susurró. – estás haciendo que esto sea más difícil, eres mi polola y me debes entregar lo que te ordeno, mi amor.
Lo besé, su brusquedad y la presión que ejerce con la mano en mi cabeza, causo que me mordiera el labio, me dolió mucho, pero no pude separarme de él, estoy muy incómoda. De repente, Javier se aleja de mí muy molesto.
- ¿Qué mierda? – unos compañeros se vinieron corriendo hasta donde estábamos.
- Perdona, Javo, el Anderson lanzó la pelota de basquetbol muy fuerte, no alcancé a tomarla. – Javier miró a Roberto, al igual que yo, pero estaba mirando a otro lado riéndose con Eduardo.
- Si claro. – Javier se veía muy molesto, me soltó y fue directo a donde estaba Roberto. - ¡Oye, indigente de mierda!
Roberto giró a ver y Javier le tiró la pelota tan cerca que pensé que no la atajaría, pero me equivoqué, las habilidades con las manos de este hombre me siguen sorprendiendo, solo con recordar la última vez que tuvimos sexo, se me agita el corazón, pero su mirada no se enfoco en mí, solo en Javier.
- ¡Zanetti! Si quieres jugar, búscate un equipo, aquí estamos completos.
- ¿Ahora te harás el loco? ¡Me tienes harto! ¿Aún no te das cuenta con quién te estás enfrentando? – Roberto veía a Javier con desdén, pero no respondió. – Esperó que te cuides las espaldas, porque te haré pagar cada una de tus humillaciones, vago culiado.
- ¿Terminaste? – Javier parecía mucho más molesto que antes, pero no dijo nada. – Bien, entonces parte derechito a la mierda de donde viniste y deja de huevearme a mí, no es culpa mía que no todos sepan agarrar una pelota y yo pensé que si sabían, ya que agarrarse las bolas parece deporte nacional para algunos en este colegio.
Javier encolerizó y se iba a tirar contra Roberto, pero yo no quería que lo dañara, así que me interpuse entré los dos.
- ¡Javier! – lo paré tomando sus antebrazos y buscando una excusa para irnos. – Es mi cumpleaños y este fin de semana es la fiesta, no quiero que arruines tu perfecta cara, por favor, hazme feliz y vayámonos, sabes que él… él no vale la pena.
- Tienes razón. – Javier dio una gran sonrisa triunfante y puso su brazo sobre mis hombros. – yo tengo el premio mayor al tenerte como “mi mujer.”
- Si, cierto, ahora vámonos, dijiste que me tenías más sorpresas. – antes de irme vi a Roberto mirarme de reojo con las manos empuñadas con gran tensión, volví a fijar mis ojos en los suyos, pero se dio vuelta y volvió con su juego.
Las grandes sorpresas de Javier solo fueron un mal cliché de una película gringa, tal vez en otra época hubiera sido un sueño hecho realidad, pero ahora mi único deseo es estar una vez más con Roberto.
Después de clases me fui a bañar, la casa estaba vacía, por lo que se mi papá y mi mamá fueron a una reunión de amigos, Ale fue con mi sobrino Ricky y me imagino que también con Rex a comprar una torta, y la servidumbre, quien sabe, se que mi nana fue a comprar, pero la Clara, puede que este en algún lugar escuchando cahuines de la gente. Después de mi baño, me puse una toalla en la cabeza y con la otra tapé mi cuerpo, bajé a la cocina por agua, y al llegar al último escalón vi en el living a Roberto, estaba viendo televisión, se ve un poco distraído, seguí mi camino, me serví agua mineral y mientras daba sorbos se me ocurrió algo extremo. Cuando salí de la cocina fui a la escalera, di un vistazo de soslayo y subí el primer escalón y solté mi toalla en la parte de atrás, soltaba la toalla cada dos escalones, hasta que esta quedó en mis manos y subí completamente desnuda, no sé cual fue la reacción de él, pero esperé a que viniera corriendo a buscarme, pero mis esperanzas se derrumbaron, Roberto no vino, mi corazón se apretó ¿Ya no me ama? ¿Lo perdí?