Punto de vista de Dafne
Y así como les decía… no ha pasado, ni pasará nada de nada. Ya a dos semanas del encuentro con las chicas y el presagio de Lorraine, me siento estúpida por albergar alguna esperanza de que mi vida iba a cambiar así de la nada, con un manotazo de aire, con el vuelo de una mariposa. La realidad no es de esa manera, no tiene esos patrones mágicos (exceptuando por las veces que ocurrió con Greta y Lolo), las cosas no son así, hasta el destino mismo se olvida de mí, hasta para las premoniciones de Lorraine paso inadvertida.
Pero como así ha sido mi vida, básicamente desde que tengo uso de razón, realmente no me acongoja, lo que me molesta es haber tenido una estúpida esperanza, porque si hay algo que me molesta es creerme yo misma tonta, tanto como que otros me crean tonta. Nada más lejos de la realidad. Así que sigo con mi vida, levantándome temprano para ir al horrible gimnasio al que voy obligada desde hace poco más de dos años, casi arrastrándome contra mi voluntad, para terminar agotada sin hacer mucho. Es como que no tengo resistencia de verdad, mi cerebro es fuerte… el resto de mi cuerpo no tanto. He hecho de todo, pilates, yoga, aeróbicos, máquinas, pesas, pero nada me gusta y soy pésima en todo. Lo único que me puede distraer es ir a caminar al parque. Pero el augurio de Lolo fue claro: tenía que sacar fuerzas o iba a quedarme marchita y débil como una ramita. Así que intento por todos los medios fortalecerme. Finalmente, después de muchos intentos fallidos, caí en boxing, que es básicamente yo pegarle a una bolsa gigante llena de arena, me ayuda a descargarme; aunque estoy segura que me veo como un ratoncito tratando de mover una puerta. Cuando todos se ven enfocados en lo suyo, con músculos relucientes, curvas maravillosas y ropa deportiva de moda.
Además de las rutinas obvias de mantener una casa, y de mis investigaciones absurdas de La Señora, mi diversión es tocar el violonchelo, me relaja y me hace estar en paz. Fue muy divertido tocar junto a Adam, el esposo de Lorraine en su boda, es maravilloso lo que puede hacer la música. Desde hace algunos meses participo de una organización donde tocamos por diversión y nos presentamos en eventos de beneficencia. El grupo es de altísimo nivel y aunque es sin fines de lucro, solo por placer, realmente nos lo tomamos en serio y somos muy buenos. Incluso invité a Adam a participar y se ha estado uniendo entusiasmado, le servirá para reengancharse en la movida de la ciudad luego de Washington. Ahí me siento segura, detrás de todos con mi instrumento, haciéndolo sacar maravillosos sonidos, es mi lugar feliz.
En cuanto a mi trabajo, pues como dicen es eso, trabajo. Warleggan House es un lugar, digamos… interesante, a falta de una mejor palabra. El ambiente es como si vivieras en la universidad más elitista, pero con gente más grande. Todos vienen de familias adineradas, obviamente tuvieron los mejores estudios (aunque seguramente no aprendieron nada o aprobaron las materias a duras penas); todos quieren parecer que tienen más dinero que los otros o más distinguidos y siempre hablan de que fueron a esquiar a no se donde, o que sus familias compraron una casa en la playa, o un caballo o un avión, o de lo aburrido que es el nuevo restaurante exclusivo que abrió, o la nueva colección de tal diseñador, y así, seguramente ustedes ya se dan la idea. En mi área de inversiones, es peor; la mayoría son unos niños consentidos que mueven influencias para lograr los mejores negocios y solo piensan en dinero, dinero y más dinero. Yo ya básicamente no sé en qué más pueden gastarlo, pero creo que el objetivo es echarselo a los demás en la cara, para mostrar que tienen más que los otros. También es el área más importante de la empresa, así que es realmente difícil entrar aquí. Mi currículum y recomendaciones me hicieron obtener una entrevista pero han pasado ya dos años y me ha costado muchísimo que tomen en cuenta mi trabajo. Digamos que no estoy cerca de un ascenso, y mi camino hacia el tope es largo y empinado, por no ser del grupito favorito de niños adinerados. La realidad es que no sé si quiero estar de directiva en una empresa como esta tampoco. Soy joven y tengo otros intereses.
Me gustan las cosas nuevas, investigar qué es lo que está por venir, sin temor a lanzarme a lo desconocido. El mundo está cambiando mucho y muy rápido y los negocios parecen ser manejados por señores de ochenta años, en sus sillas de cuero, en mesas de madera pulidas con un estante de fondo de libros viejos que jamás han leído. A mi me gusta innovar, proporcionar soluciones a las personas. Muchas de las empresas y negocios que analizo quizás no son los que nos van a dar un dinero más seguro, al menos no a corto plazo. Pero a largo… podrían ser los negocios del futuro, las iniciativas que ayuden a otros. Pero al parecer pocas personas ven eso y definitivamente no mis jefes.
“Dafne querida… tenemos reunión ¿No te llegó el mail?” - siento una mano posarse en mi hombro y una voz femenina y fuerte interpelarme. Es Teresa, una de mis pocas compañeras que vale la pena. Ella es alta, rubia, fuerte y realmente hermosa, y a la vez, muy inteligente y con sentido común. Siempre tiene buenas ideas y tiene esa habilidad de nadar entre este mar de tiburones y salir victoriosa, realmente es un don. Digamos que no le es tan fácil, pero tiene mejores perspectivas que yo. Ella tiene el atrevimiento de hablar fuerte en reuniones y llamar la atención, especialmente de los demás jóvenes que se desviven por ella y se quedan mirando sus atuendos. No como en mi caso, donde a veces se preguntan hasta quién soy. Ella ama mis ideas, y yo su forma de ser, así que creo que nos complementamos bastante bien. Hoy luce particularmente encantadora con una falda de una tela tejida y formal y una blusa blanca sin manga con volantes que la hace ver profesional y muy chic. Esta mujer sabe cómo llamar la atención. También suele decir que las mujeres tenemos que apoyarnos unas a otras y creo que tiene razón. Yo le volteo los ojos con una cara que ella interpreta muy bien.
“¿Otra vez? ¿Cómo pueden olvidar invitarte tantas veces? No es como si estuvieras aquí dos días y no hicieras nada ¡El mes pasado tu reporte fue alabado por el mismísimo Louis Warleggan!” - dice con una mirada obstinada, sacudiendo su cabello rubio y ligeramente ondulado. Yo me encojo de hombros, realmente felicitaron mi reporte, no a mi. Quizás hasta felicitaron a mi jefe que poco hace. Dejamos de insistir en el tema de la falta de mis invitaciones y la sigo directo a la sala grande de juntas, esa que cabe un montón de personas, se hablan cosas importantes, y donde generalmente, nadie presta atención. No es una sala que se suela utilizar, lo que me da la impresión de que el tema es realmente importante, y por un momento me invade la curiosidad.
Mientras sigo a Teresa y su contonear de caderas en su falda color crema, nos vemos inundadas de un mar de trajes negros y hombres riendo. Todos hablan de algún juego de fútbol u otro deporte que desconozco, de sus autos, hacen movimientos al hablar con sus manos y sacudiendo sus relojes último modelos y yo tengo vergüenza hasta de enseñar mis uñas que ni color tienen. La gran plana mayor de Warleggan House está aquí reunida y son muchos parte de la familia Warleggan. Casi todos familiares del señor Warleggan están dedicados a alguna parte del negocio, en mayor o menor medida.
“Parece que tenemos un posible inversor… un pez muy muy grande” - me susurra Teresa tapándose la boca con la mano para que no nos escuchen.
Mmm con que es eso, no veía a estos dinosaurios tan entusiasmados desde que salió un nuevo celular. Se ven emocionados, pero a la vez un poco temerosos. Supongo que un nuevo inversor es algo bueno, pero siempre es alguien que viene a meter sus narices en la empresa y ver si realmente vale la pena, y eso significa exponerse, cosa nada fácil. Y Warleggan House tiene muchos errores, muchosss. No creo que haya nada ilegal pero no lleva las cosas como debería, las personas están por conexiones y no por su trabajo, podrían tratar mejor a sus empleados y tener un poco de apertura de mente y contratar a personas diferentes. Aquí lo importante es generar dinero, especialmente muchos ceros a la derecha. Quien sea este inversor debe ser realmente grande, quizás conocidos, para tenerlos así.
El señor Warleggan padre habla con voz alta, pero se podría ser temblorosa, o al menos es lo que yo percibo, estamos sentadas detrás de la gran mesa de reunión donde toda la directiva está, nosotras y otros estamos más lejos, como si fuéramos la plebe o hubiésemos comprado las entradas más baratas de un evento. De reojo solo puedo ver directamente a la cara e interpretar sus facciones, a uno de los Warleggan, al único que conozco, Louis hijo. Él es el jefe de mi jefe, Jeff, el cual nunca está, siempre de viaje, siempre en compromisos, siempre visitando clientes aunque no pareciera hacer mucho y todo su trabajo recae en mi. Louis es uno de los principales herederos de la compañía que ya desde joven la lleva en sus manos, impulsando todo. Para mi es de los pocos que tiene una visión más joven e interesante, y todos suelen decir que el futuro de la empresa está garantizado. No sé si es mucho mejor que los otros jefes que siempre tratan a los demás como inferiores, pero a veces tengo la impresión de que él es diferente. Para mi pesar, es bastante atractivo también, muy rubio, ojos azules con cara seria, rasgos finos y obviamente siempre vestido formalmente. Es el tipo de hombre que se llega de primero y se va de último y realmente lo ves en su oficina, con las mangas de su camisa remangadas, esforzándose por hacerlo mejor. Si, lo he visto varias veces en su oficina, y me le he quedado viendo, no lo voy a negar, me parece… intrigante.
Debo señalar que además me agrada más que los otros porque él es de los pocos que parece saber que existo. Ojo, no es que me tenga en su mente todo el tiempo, pero ha tenido sus momentos en que elogió mi trabajo, o pidió mi opinión sobre algo a mi jefe, lo cual es mucho para mi, parece tener una vaga idea de que hay una chica que hace su trabajo mejor de lo esperado. Me hace sentir como alguien valorado, no como una ratica dando vueltas y vueltas en la rueda, esperando obtener algo. O al menos eso es lo que me repito. Obviamente él está completamente fuera de mi liga, pero muyyyyy por fuera. Su porte de príncipe puede ser muy llamativo, pero finalmente es un Warleggan. Mi situación me recuerda lamentablemente a cuando me gustaba un chico en el otro trabajo, hicimos algunos proyectos juntos, tuve la mala decisión de salir en un par de citas con él y luego… nada. Desapareció, si me veía, me volteaba la cara, como si yo fuera un bichito, o ni respondía mis mails. Fue un infierno hasta que se fue y desapareció de mi vida. Daniel se llamaba. Nunca supe más de él y espero no volverlo a ver. Esto me recuerda a Daniel una y otra vez, aunque no hay forma ni manera de que Louis me vea, oh no no no no, primero caerían palomitas de maíz del cielo.
Un codazo de Teresa en mi hombro me trae a la realidad ¡Auchh! ¿De verdad tenía la cabeza en las nubes pensando en Louis Warleggan? ¿Pensando en mi triste desilusión con Daniel? ¿Qué pasa conmigo? No soy de las personas que sueñan de día… mejor dicho, si, pero no en mi trabajo ¡Qué mal estoy por los dioses! Todo es culpa de esas premoniciones de Lolo que yo ni creía. Volteo a ver a Teresa y ella abre mucho sus ojos oscuros haciéndome señas como si lo que estuvieran a punto de decir es de suma importancia. Yo solo escucho más blah blah blah de la importancia de dar una buena impresión y la imagen de empresa sólida que tenemos que dar. Solo una palabra parece escurrirse, una que había escuchado hace tiempo pero pensé que nunca escucharía cerca de mi. Los Maledetti.