Punto de vista de Dafne
Pasan las horas y yo hago un esfuerzo casi inhumano por calmarme, pareciera como si hubiese tenido un encuentro con un extraterrestre, un fantasma o sabrá qué los dioses del Olimpo, pero debo reconocer que me ha afectado mucho más de lo que creía. Suelo ser una persona tranquila, con preocupaciones como todos, pero esto es salirse fuera de control. Lo peor es que estoy convencida que tiene que ver con las predicciones de mi amiga Lolo. Primero, yo quedándome viendo como tonta a Louis (el jefe de mi jefe nada más y nada menos y el futuro directo de la empresa, no es que me quede viendo a un chico lindo en la calle), luego la llegada de los Maledetti… y ahora esa escena que acabamos de interpretar en el pasillo de la oficina, de la cual, por todos los cielos, no puedo dejar de pensar.
Mi amiga Evelyn siempre dice que la mejor forma de distraerse de los pensamientos que parecen acosarnos en la cabeza es estar entretenidos, con las manos, cabeza y ojos ocupados. Como por obra y gracia del destino, de la nada me había llegado un mail de mi jefe, que ni estaba en la oficina, que por pedido de los Warleggan, me solicitaba un resumen de todos los proyectos en lo que había trabajado, así como también de los de un par de compañeros. En el mail se mencionaba que era urgente y que tenía que estar impecable para la reunión de directores de la tarde. Esto me confirmaba por un lado, que si estaba invitada a esa reunión, al menos tenían conciencia de que iba a estar o estaba al tanto de ese evento; por el otro me exigía estar ocupada y concentrada, no quería meter la pata justamente en este momento. Me pareció extraño por los proyectos e ideas que consultaban, digamos que no eran las más solicitadas o que mayor atención prestaban en la empresa, pero un pedido de arriba así que hice lo que tenía que hacer. Me hundí profundamente en el trabajo, de tal manera que cuando ya faltaban cinco minutos para la reunión me encontraba corriendo, luego de pasar por el baño y arreglarme, directo a la sala de reuniones.
Cuando entré lo primero que me di cuenta es que, llegaba un poco tarde y ya estaban, literal todos los personajes importantes de la empresa, más otros grandes inversionistas, abogados, finanzas, administradores, entre otros. La sala es grande con una gran mesa rectangular de madera pulida y muchas sillas de cuero n***o apostadas a los costados de la misma, observo que Louis y Arnold Warleggan se encontraban en un extremo de la mesa. Luego, en cuestión de milisegundos, me percaté que muy cerca también estaban Richard y Stefan Maledetti, el primero me sonrió amablemente al verme y el segundo me clavó la mirada de una forma que abracé mi carpeta con mis papeles fuertemente para que no se me fueran a caer. Tercero, era la única chica de la sala, exceptuando una mujer rubia y atractiva al lado de Richard que debe ser del equipo de ellos, sin embargo yo era la más joven y seguramente la de más bajo nivel, al menos en su percepción jerarquizada de jefes, directores y otros ambiciosos cargos. Finalmente, algunos parecían percibir que alguien extraño, yo, había entrado y literal no sabía qué hacer, dónde sentarme, qué se esperaba de mí ¿Realmente tenía que estar aquí?
“Ohh señorita, por fin llega… ¿Será que podría traernos un poco de café? No sé si nuestros invitados gustan de algo ¿Café, agua, té? Por favor tráenos un poco de todo lo antes posible. Ya tenemos bastante tiempo esperando” - dice el señor Warleggan de forma despectiva, dándome órdenes y yo me quedo en más shock que antes, como si fuera un juguete que, de repente, le han sacado las baterías y se quedó quieto, sin vida.
Evidentemente yo no soy una secretaria, pero al nadie conocerme ni prestarme atención… supusieron que era así. No es que sea alguien creída, en mis épocas de pasante me cansé de atender a todas las necesidades y lo que se requiera. Simplemente ahora no son una pasante, ni una becaria, ni una secretaria, soy una profesional. Sin embargo, me encontraba sin saber qué hacer, pensando si dejaba el reporte que traía y buscaba las bebidas o qué demonios hacer. Mientras algunos hablaban, otros se me quedaban mirando como si yo fuera lenta o tonta. Odio que crean que soy tonta y siento mis mejillas sonrojarse de molestia y vergüenza. ¿Qué pasó con mi don de ser invisible? ¡Trágame tierra! Para mi salvación en ese preciso instante, entra Eva la asistente del señor Warleggan, con una gran bandeja llena de café, jarras de agua, vasos, etcétera, y lo tomo como mi oportunidad para sentarme, casi en el extremo de la gran mesa, lo más alejada posible de los Warleggan y los Maledetti y de sus miradas inquisidoras, esperando mi turno de entregar el reporte si es necesario, sino, mucho mejor.
La reunión se va entre comentarios, datos, información de finanzas, mientras Richard Maledetti es el vocero de la parte inversora. Siento como si alguien me mirara con mucha intención y debo controlarme para no mirar a los Maledetti, así que me quedo observando la mesa de madera como si fuera lo más interesante del mundo, mientras tomo sorbitos de mi vaso de agua. Se mencionan los proyectos “alternativos” y escucho mencionar mi apellido por lo que vuelvo atenta a donde está la conversación.
“Si justamente teníamos preparado el reporte que nos habían pedido con este tipo de proyectos, ideas, inversiones… digamos, diferentes” - escucho decir al señor Warleggan como si mencionara algo sin importancia, haciendo un gesto con su mano como si espantara a una mosca, mientras Richard lo mira ávidamente. Hay un extraño interés en sus ojos claros, pero no entiendo la razón.
“Creo que lo tenía nuestra consultora… Eh ummmm ehhhh Daniela…” - dice mirándome y de repente siento todos los ojos sobre mí, más de una docena de caras serias y de pocos amigos me miran a mi, obvio, no había otra chica más en la sala, así que no quedaba otra, tenía que ser yo, por simple descarte. Mientras estaba casi enterrada en la silla de la sala, sin saber qué esperan de mí. Demonios.
“Dafne…” - le corrijo yo, nerviosa, jugando con el lazo de mi camisa y mi voz sale tan suave que Arnold Warleggan me hace señas de que levante la voz, de una manera francamente poco cortés, como si de repente se hiciera el sordo o dando a entender que yo era una débil. Nunca me sentí tan pequeña en mi vida, y la idea de ir a la cueva a esconderme del mundo cada vez suena más atractiva.
“Dafne Wells… es mi nombre” - corrijo lo mejor que puedo y él parece poco importarle si soy Dafne, Daniela, Dani, Didi, Diana, sino que le hace señas a su hijo para que me pida el reporte.
Acto seguido estoy levantada, extiendo mis brazos para acercar la carpeta con mi reporte que, de mano en mano, va a parar en el dueño de la empresa que luego se lo da, a su vez, en la mano a Richard como que si él mismo lo armó, como si acabara de salir de su propia computadora y no de mis pequeñas manos. Ridículo. Richard se voltea a sonreírme y mi mirada choca con la de Stefan, y me observa con detenimiento. Siento que esos ojos color miel me diseccionan y no dejo de preguntarme si estoy peinada y presentable o de evitar sonreír para que no vea mis dientes que hoy me parecían particularmente torcidos. Nunca en mi vida deseé tanto lucir hermosa o agradar tanto.
“D. Wells… Dafne Wells, claro… debo decir que usted tiene la hoja de vida más interesante y sobresaliente que vi en mi vida” - se dirige hacia mí, en tanto veo que pasa el reporte a Stefan quien rápidamente mete su cabeza entre los papeles y se pierde ahí.
Richard luego se dirige a los Warleggan y se explaya explicando parte de lo que leyó de mis proyectos y comenta lo orgulloso que deben estar en la compañía con un empleado como yo. No sé ni cómo empezar a explicar como me siento, nunca me habían elogiado tanto y con tanta admiración, excepto mis profesores en algunas materias y mis amigas que siempre se jactaban de lo inteligente que yo era. Inevitablemente le devuelvo una sonrisa y me siento ruborizar. Mi reporte ya está en manos de la mujer rubia al lado de Richard cuando empiezo a escuchar la voz de Stefan y podría jurar que un segundo antes de escucharla, mi cuerpo ya sabía que iba a hablar ¿Acaso él provoca esto en todas las mujeres?
“Si ustedes están de acuerdo, queremos que todos los proyectos aquí mencionados sean evaluados por nuestro equipo, hay un material sustancial y muy relevante para nuestra empresa. Sin duda ha sido un maravilloso trabajo y tengo la certeza de que debe haber tomado muchas horas de trabajo y con ayuda de un gran equipo” - dice mirándome de soslayo, pero la felicitaciones van a todos.
Obvio que no sabe que fui yo, sola solita quien lo hizo todo. Tampoco nadie parece importarle porque no me dicen nada, sino que la conversación prosigue a términos legales, cláusulas, revisión de fideicomisos, impuestos y otras cosas, aunque de tanto en tanto Richard y Stefan elogian mi trabajo o mencionan específicamente algunos de los proyectos mencionados en mi reporte, algunos de otros compañeros, pero la mayoría de los míos. Es como si se hubieran dedicado realmente, pero realmente a leer y analizar lo que yo presenté. Creo que ni mi jefe le prestó atención. Inclusive parecen ser conscientes de algunos de los artículos académicos que yo he presentado en mi carrera, que aquí a nadie le importa. Estoy realmente estupefacta. Hasta veo a Louis Warleggan observaba con renovado interés y curiosidad, casi puedo ver en su cara preguntándose ¿Quién rayos es esta chica? Intentando recordar mi nombre aunque lo acabo de decir hace unos minutos. Yo no hago otro movimiento, solo me quedo ahí, como si nada, sobrellevando esta reunión que ha sido todo menos lo que yo esperaba. Soy pésima tomando elogios así que solo me quedo callada, simplemente esperando cuáles serán los próximos pasos.
Es triste, pero lo más seguro es que tomen mis ideas y las usen a su manera, las cambien o hagan algo completamente diferente y me dejen de lado, así como a los otros proyectos. Es lo que sucede cuando trabajas en una gran compañía y no eres del grupito de los amigos del jefe, o del jefe del jefe, eres una más, que a nadie le importa, y que realmente no tiene ni voz ni voto para quedarse con el crédito que realmente le correspondería, en un mundo justo, el cual no es este. La idea me apenaba, aunque la realidad era que esa era solo algunas de mis ideas, ni siquiera eran las mejores. Mi mente es extremadamente activa y siempre estoy en mil cosas para no aburrirme, crear y pensar es mi modo de vida.
También hay otro pensamiento en mi cabeza, y no les voy a negar, un sentimiento en mi corazón y es que, ojalá y no me dejaran de lado. La idea de trabajar con los Maledetti me parecía más tentadora que nunca, así fuera una pequeña consultora, así me preguntaran ideas o me tuvieran al corriente de lo que se vendría, una simple asesora. Ambos eran sin duda mucho más justos que donde trabajo actualmente y me reconocían ¡Me reconocían! ¡Les gustaba mis ideas! Eso era algo que no tenía precio para mi. Inclusive se acordaban de mí, hay una emoción dentro de mí que realmente no pensé tener en mis mejores días. Y si… solo de pensar en tener cerca a Stefan, hacía que mi respiración colapsase. No se si iba a ser la persona más efectiva, perspicaz y proactiva cerca de él ya que solo tenerlo cerca, en el mismo lugar, compartir el mismo oxígeno, hacía que mi mente se nublara y mi cerebro cayera en desuso.
Pero… qué pasaría si… ¿trabajara con él? Digo laboralmente ¿eh?, tenerlo cerca profesionalmente. Personalmente… pues estaba fuera de discusión, quizás podría ser su conocida y lo vería más a menudo. Solo de pensarlo me siento sonrojar de nuevo y tengo una estúpida sonrisa en mi cara y me recuerdo que estoy en una sala de reunión en mi trabajo, con una docena de señores, mis jefes y los susodichos Maledetti. ¡Compórtate Dafne! me digo a mi misma ¿Será esta la sombra de la que hablaba Lorraine? ¿Mi cerebro embotado con tontas ideas? Voy a tener que llamar a las chicas y contarles estos extraños episodios ¡Se van a matar de la risa!