Punto de vista de Dafne
Finalmente llega el día de la reunión importante, y todos en la oficina andan como locos de aquí para allá, casi que parece que vamos a salir en televisión de la ansiedad y expectativa que hay. Supuestamente van a decir a todos los directivos nuevas noticias, y evidentemente… ya las conoce todo el mundo. Desde la asistente a la persona que limpia las oficinas de noche lo saben: Los Maledetti, después de años de negociaciones, van a invertir en Warleggan House por lo que el futuro de la empresa se va a la estratósfera, más o menos. Por alguna extraña razón yo he sido invitada, ni siquiera está Teresa, lo cual parece muy extraño. Como siempre no me explicaron por qué, pues yo solo soy un mero peón en este juego. Quizás se den cuenta de su error y no me dejen entrar y admitan que se equivocaron. Aunque debo decir que es raro que se acuerden específicamente de mí, sin duda quiero ver de qué se trata y por qué soy requerida. Así suceda o no, trate de venirme lo más profesional posible, cabello recogido en un moño bajo y algunos mechones cerca de mi cara, una falda hasta las rodillas medianamente ajustada, una camisa blanca perfecta que me regaló Lolo y está acompañada de un pañuelo n***o que se ajusta en un lazo en mi cuello. Yo lo llamo look de chica profesional, no es muy atractivo, pero parezco seria y me da un aire de madurez. Obvio voy con tacones oscuros y unas medias finas negras semi transparentes que odio, me pican en las piernas, pero que quedan bien.
Debe ser porque estas cosas no me suceden a menudo, pero me siento ansiosa, sin saber si existe una razón lógica para ello. Respiro profundamente y trato de calmarme, es solo una reunión ¡Ni siquiera tengo que hablar! Solo estar ahí ¡Vamos que capaz hasta se equivocaron! pienso riéndome. Quizás, debido a que ando ocupada cruzando por un pasillo cerca de la oficina de Louis Warleggan, que no noté que los esperados invitados llegaron, estaban a pocos metros de mi cuando me doy cuenta de su presencia. Debe ser eso porque… por Zeus, no pasan desapercibidos. Sucedió todo como si el tiempo se congelara, si yo fuera otra persona pensaría que algo anormal me sucedía. Lo que puedo decirles es que de repente estaba viendo a dos hombres excepcionales, destacarían en una multitud, en medio de un estadio, en una concentración, en la calle concurrida… sin duda eran Stefan y Richard Maledetti. Nunca los había visto pero por las descripciones y chismes que había escuchado, eran ellos, no tenía pruebas pero tampoco dudas. Mi mirada se encuentra brevemente con la del más joven, que debe ser el sobrino, Stefan, y sentí que mi corazón se acelera de solo verlo, es… el hombre más atractivo que vi en mi vida. Cabello n***o azabache, que caia como una tela brillante y peinado hacia atrás pero que era tan liso que la gravedad lo obligaba a volver a su cara, por lo que, de tanto en tanto, se arreglaba un mecho liso detás de su oreja en un gesto tranquilo. Tenía cejas gruesas negras, un rostro fino y a la vez muy masculino, labios gruesos, una sombra de una barba muy negra y una piel de marfil, francamente perfecta. Olvídense de lo que dijo Teresa, su descripción se queda corta, es como que casi ni los hubiese visto.
Los Maledetti tienen porte de reyes, Richard muy formal y Stefan vestido completamente de n***o con telas magnificas y hechas a la medida. Qué bien se ven… ¿Quién soy ahora, Lolo? ¿Fijándome en estas cosas? Pero es así casi puedo afirmar como si trabajara en un atelier, que si, las telas y sus ropas son muy caras y de excelente calidad. Stefan Maledetti se mueve con soltura y no sé si es mi estado de trance o que, con boca abierta incluida, pero me parece ver que él también se me queda viendo y se detiene, mientras su tío saluda a otras personas y parece seguir por el pasillo.
Por segundos salgo del trance y obvio, intento volver a mis asuntos y de la nada se me caen los archivos que tenía. ¡Que torpe Dafne por los dioses! ¡Justo en este momento cuando un hombre increíblemente atractivo por fin te mira! No sé ni cómo sucedió, es como si mis manos fueran de mantequilla y simplemente no se podían sostener, menos los archivos en ellas. Así que ahí estoy de rodillas, en una pose poco favorecedora recogiendo mis papeles que parecen haber decidido volar por todas partes ¡Genial! Así estoy por segundos que parecen meses, estirando mis manitas y viendo como, lamentablemente, mi media se ha roto y mi look de chica profesional pasó a ser de pordiosera en segundos. Mi falda ya debe haberse ensuciado y mi peinado desordenarse, hasta me siento acalorada de la vergüenza. Estoy tan concentrada que no siento pasos que se aproximan hasta que veo unos relucientes zapatos negros, preciosos que parecen de exhibición, y una figura oscura que se acerca a mi.
Tiene un perfume intoxicante varonil como si fuera madera, cuero y un bosque y veo unas manos largas y níveas, que parecen obras de arte, con algunos anillos llamativos, aparecerse en mi campo de visión y darme un papel. Siento que levanto mi cara poco a poco y veo una rodilla en el piso, unas piernas largas, un traje impecable, mientras que, con un vergonzoso jadeo llego a la cara del buen samaritano que se ha agachado a ayudarme. El dios de cabello oscuro que hace minutos observaba con la boca abierta, a centímetros de mi ¡Y por Zeus! es aún más atractivo. Stefan tiene una belleza arrolladora, sus labios parecen una fruta deliciosa, su rostro es imposiblemente simétrico y perfecto, su cabello parece de seda y sus ojos… son de un castaño como la miel. Es absurdamente cautivador, nunca ví a un hombre así en toda mi vida. Si yo fuese más valiente, extrovertida y bella como él, quizás andaría con muchos hombres, de seguro él debe tener mil mujeres tras suyo y debe ser un eterno mujeriego.
Veo sus pupilas grandes y oscuras, con el fondo de ese color dorado de miel y me pierdo. Quizás si me equivoqué y puedan hipnotizarme. Él me observa con una expresión extrañada, sus ojos hacen un gesto extraño de abrirse con sorpresa y yo estoy perdida detallándolo como si viera unas de esas imágenes hermosas en televisores de alta definición, hechas especialmente perfectas para resaltar las bondades del aparato. Veo sus suaves labios moverse, chocar entre sí en una suave vibración, la sombra de la barba oscura los hace acentuar aún más y lo escucho vagamente decir, con un suspiro, como si no pensara lo que dijera.
“Te amo” - escucho débilmente decirme.
Me quedo parpadeando como una tonta mientras él me mira fijamente, de repente ninguno de los dos entendemos que acaba de suceder. Oh ohhhh ya sé lo que sucede… oh ohhh sí que estoy mal. Hace poco acabo de decirles que nadie ni me ve, que mi vida es en las propias sombras, en el punto ciego de las personas y de repente tengo a este hombre colosalmente hermoso, arrodillado frente a mi, y escucho que me dice que me ama. Mi cerebro sí que me está jugando malas pasadas, estoy peor de lo que pensaba. Me siento tan ridícula de solo pensar esto que solo quiero irme a una cueva a perderme del mundo.
“¿Disculpa?” - solo atino a decir como si fuera a caer en el vacío. Lo veo morder suavemente sus labios, como si tratara de contenerse y ya ahí ni se donde estoy, sus labios aparecen de actor de cine. Observo que me da una hoja de papel y recuerdo que se me cayeron las cosas, y que por eso estamos en esta inusual situación. De otra forma, Stefan Maledetti no se hubiese acercado a mi, ni en un millón de años luz. Es más, ya es raro que alguien de su nivel sea tan amable. Punto positivo para los nuevos inversores.
“Preguntaba… si te ayudaba en algo” - me dice él, aclarándose la voz, y suena amable, su tono es grave y para mi es encantadora. Creo que si lo escuchara hasta leyendo el libro más aburrido, me mantendría interesada. Yo intento por todos los medios recobrar la compostura y no quedar como una adolescente que acaba de ver a su crush cantante de música pop. ¡Escuche que me decía que me amaba! Mas ridícula no se puede ser.
“Ohhh… no no hay necesidad” - le digo desestimando la situación, riendo de forma nerviosa, apartando los mechones de mi cabello, culpando a mi evidente torpeza de este incómodo momento. No hay necesidad de que él esté aquí conmigo en el suelo, ensuciando su lindo traje, él es el invitado más especial de la empresa y yo solo soy una trabajadora más.
De repente veo que no hay nadie cerca nuestro, estamos solos. Él parece no escuchar mis lamentables pedidos de que deje de ayudarme, sino que continúa en el suelo recolectando mis pobres papeles. Me debato entre recoger todo rápido para que él no esté ayudándome o quedarme admirándolo y obtener una vista cercana de este hombre tan hermoso. Siento como si no volviera tuviera la oportunidad de volverlo a hacer y, por alguna razón, no quiero perder la ocasión. Es un sentimiento que hace doler mi pecho de repente. De forma ágil, y como un caballero me ayuda a recoger hasta el último de los papeles, mientras yo me siento hiperventilar. Veo cómo evita acercarse demasiado a mi y cuando terminamos, no me ofrece la mano para ayudarme a levantarme, lo cual hago de la forma menos elegante posible.
Mientras me sacudo el posible sucio de mi ropa, vuelvo a dar un vistazo a el espécimen delante de mí, ahora erguido y parado, en toda su inmensidad, frente a mi. Mis ojos vuelven a viajar desde sus pies a su cabeza, en un lento y famélico paseo donde me siento como una niña pequeña. ¡Y qué pequeña! Stefan es mucho más alto que yo y siento que ahora su rostro queda demasiado lejos de mis ojos, cosa que me parece una real pérdida, quisiera poder volverlo a ver de cerca. Es tan alto que tranquilamente podrían usarlo de medida. “Esa casa tiene dos Stefan de alto o se necesitan tres Stefan para llegar allá”. Es imponente con su estatura y porte, irradia poder y grandeza… No sé otra forma de describirlo. Él me mira con una expresión extraña y siento que por un determinado tiempo, nos quedamos así, sin hacer ni decir nada. Algo dentro de mi me dice que Stefan me ve, sabe que existo, quizás no sepa mi nombre pero no soy invisible para él. Es más… siento que ve a través de mi con esos ojos color miel, esos destellos dorados que me hacen suspirar, y ve cada hebra de mi ser, cada movimiento imperceptible de mi cuerpo. Casi percibo mis labios temblar y quiero llevarme la mano al pecho para detener el salto descontrolado de mi corazón. Pero tengo vergüenza de que se haya quedado ayudándome en el suelo de la oficina así que le agradezco, con voz trémula y me vuelvo a sentir como si tuviera cinco años.
Stefan se me queda viendo de nuevo, como si él también estuviera en trance y mi pobre agradecimiento lo hubiese despertado de repente. Quizás no debí haber dicho nada y habernos quedado mirándonos como tontos de por vida. No hace otro gesto, no dice nada, ni un “no hay problema” o un cordial “de nada” solo se dispone a moverse. Poco a poco se va alejando de mí, al inicio camina hasta atrás en pequeños pasos y su rostro casi no expresa nada. Pero mientras me sigue mirando, logro atisbar una extraña emoción en su rostro, solo sus ojos parecen delatar algo en su cara de póker y su ceño tiene un pequeño fruncido con sus cejas oscuras. Finalmente, se da la vuelta y me da la espalda, sin darme otra mirada o reconocer mi existencia. Observo sus amplios hombros encerrados en la oscura chaqueta de su traje, sus largas piernas alejándose de mí como si huyera. Suspiro. Qué encuentro tan… extraño, emocionante para mi vida aburrida, pero extraño sin duda. Casi parece un sueño. Volteo para todos lados pero sigue sin aparecer nada. Yo me voy a mi lugar, rezando por no verme tan mal como creo y apretando los papeles contra mi pecho, recordando sus largas y preciosas manos en ellos.