Capítulo 6: La pequeña fraternidad

2100 Palabras
Punto de vista de Richard “Tío… ¿estás seguro de que este es el lugar que debemos estar? Parece… muy común” - me dice Stefan en el camino a la oficina de los Warleggan, justamente en el ascensor. Su voz es grave y me resulta tan familiar que a veces me cuesta diferenciar cuando habla él y su padre. “Sabes que sí. Sabes que es difícil de explicar pero entiendes que algo aquí puede ser interesante. Tu abuelo y su padre también lo sintieron hace años, aunque finalmente no encontraron nada… ha sido una búsqueda desesperante. Quizás nosotros tengamos suerte. Además… hay otras razones. También las conoces” - le digo en voz baja, no sabemos si alguien puede oírnos. Stefan asiente y con su mirada me transmite que confía en mí, y que lo entiende, muy dentro de él. Sarah nuestra mano derecha nos mira comprensivamente, obviamente que ella es de las nuestras y absolutamente de nuestra confianza. Lo miro y no deja de sorprenderme, el hombre inteligente que está a mi lado fue alguna vez un pequeño niño al que consentimos demasiado. Es como mi hijo, aunque yo hubiese sido un padre muy joven. Era yo un adolescente cuando mi hermano Massimo, Max como le decimos, me contó que su esposa Anna estaba embarazada. Habían perdido toda esperanza de tener un hijo. Ya desde ese momento sabían cómo sería y cómo se llamaría, al fin al cabo es un Maledetti. Es el reflejo de su padre, y del mío, y de su abuelo, bisabuelos y tatarabuelos, y así. La genética no juega con nosotros, no hay duda de cómo seremos, fuertemente predominantes. Obviamente desde pequeño era brillante y fue increíblemente bien educado, con esmero y amor, sabiendo que muy posiblemente era el futuro de todos nosotros, de un negocio que viene funcionando por décadas y quizás más. Aunque yo era un adolescente, siempre estuvo pegado a mi, quizás ejercí demasiada influencia en él. Cuando ya tenía edad suficiente estaba metido en los negocios, viajábamos juntos, estudiábamos, leíamos, conocíamos personas y contactos, y Stefano aprendía. Se transformó en un hombre extraordinario al que todos amábamos. Pero tiene razón, pues nosotros los Maledetti tenemos un sexto sentido, algo que nos guía. Siempre lo hemos tenido, y todos nacemos con ello. Stefano sabía que esta era una empresa común como cualquier otra, aunque ellos mismos creyeran que era extraordinaria, era una más del montón. Es de esas empresas de una familia que quiere exprimir a otros, se creen más que los demás, les importa solo el dinero y seguir a la cabeza de la cadena alimenticia. Esta es una operación como cualquier otra y hubiésemos podido mandar a alguien más en representación nuestras pero consideré que era mejor que viniéramos ambos. Lo siento incómodo pero en lo que entra a las oficinas de la presidencia de la empresa su actitud es atenta, y no deja traslucir nada de sus dudas, igual que yo. Cuando conocemos a los Warleggan, obviamente son como imaginamos niños mimados ricachones que se creen tener el título de mejores que los demás. Tienen un negocio y automáticamente mandan y son jefes y para remate contratan a sus amigos de la fraternidad. Es un juego de poder que nunca cede. Por un destello de un segundo veo a Stefan ponerse nervioso y voltear abruptamente, luego se recompone y saluda amablemente a unas mujeres que trabajan en este piso, de las pocas que hay, ya que aquí parece un territorio muy masculino, como si fuera un club de fumadores o un club de fútbol. Arnold se ve un señor que ha envejecido, como todos y que quizás esté ya cansado, dispuesto a dejarle el negocio a uno de sus hijos, y a la vez, quiere seguir manteniendo el control. Típico, una vez que pruebas el poder es difícil dejarlo así como así. El joven Louis nos mira con curiosidad, algo muy común ya que no somos muy mediáticos, lo que no quiere decir que no tengamos mucho más poder que el un por ciento de las personas en esta ciudad. Sabemos que somos diferentes y lo usamos a nuestra ventaja. Pero también nos mira con desconfianza, de antemano sé que él va a ser el más difícil. Seguramente piensa que nos estamos metiendo en su legado, uno por el que él ha trabajado bastante. Pero lo que ha hecho es repetir lo mismo que su padre y antecesores, no hay mucho de notable en eso. Reproducir lo mismo, lo malo y lo poco bueno. Sin duda se cree inmejorable y no deja de mirar de reojo a Stefan con expresión de recelo, como un niño mimado al que le dan su juguete a otro niño nuevo. Ohhh pequeño Louis no tienes ni idea, pienso sonriendo satisfactoriamente. Cuando le comentamos nuestras condiciones y lo que necesitamos para continuar, nos dan sus mejores credenciales, sus trabajadores número uno, que ya sé como son: adinerados, malcriados, hijos de alguien conocido, etcétera, etcétera. Y sí, así son sus trabajadores, todos con excelentes currículos, las mejores universidades y puedo ver como Arnold y Louis se revuelven en sus asientos, incómodos ante nuestra pregunta por mejores proyectos, por ideas más interesantes. No hay nada nuevo bajo el sol decía mi padre, pero si buscas bien, podrías encontrar algo no nuevo, pero renovado, transformado, y esa es la idea que guía nuestro negocio. Y si buscas aún mejor puedes encontrar una piedrita de oro en medio del barro. Nuestro trabajo era encontrarla. Por lo que Stefan se me adelanta y solicita otro tipo de inversiones. Luego de un rato, entre papeles y papeles de trabajadores con grandes calificaciones y que han generado grandes sumas de dinero, encontramos algo que nos llama, yo lo siento y sé que Stef también. La piedrita de oro. “Aquí veo un par de cosas interesantes” - digo en voz alta y le señalo los archivos a mi sobrino. - “Unos cuantos casos fuera de lo común” - los observo sonriente. Tengo un buen presentimiento sobre esto. Los Warleggan me miran extrañados. Sé que estos casos son raros para ellos, se salen de la norma, es decir, no invertiría ni medio dólar en ellos. “Honestamente Richard, no sé por qué invertiría en ellos. Muchas de esas ideas no provienen de nuestros trabajadores más sobresalientes. Algunos son casos pro bono, o que hacen en sus ratos libres o ideas deliberadamente locas” - dice el viejo Arnold. Si, muy vieja escuela, no vería una piedrita de oro ni que le cayera encima brillando. Les sorprende mi respuesta cuando les digo que no todo lo excelente es lo que ellos creen. Que por ejemplo tenemos trabajadores muy mayores que aprendieron su oficio tarde, o personas que vienen de otros países, algunos sin educación o que, por ejemplo, toda nuestra familia estudió en Italia, en universidades antiguas pero pequeñas no comparables con las que se mencionan en estos currículos, incluyendo profesiones y pasatiempos más clásicos. Tenemos una educación fuertemente basada en la moral, historia y literatura. Eso te abre la cabeza, decía mi abuelo. Oh sí, caras de shock. Nosotros no somos los típicos empresarios, nuestros negocios no son los comunes y por eso tenemos resultados pues, fuera de lo común. Sabemos ver una oportunidad donde nadie la ve. “Este consultor D. Wells parece particularmente destacado. Becas increíbles, estudio de filosofía griega, doctorados en tiempo récord… y en su tiempo libre trabaja en proyectos de inversión de educación, historia, ¿astronomía? ¿Física?…” - dice Stefan realmente impresionado. Pocas veces lo vi así. Veo un dejo de brillo en su mirada, me parece extraño. Me pasa los archivos que separó y si…este, y los que señala son realmente interesantes. Todo lo que expliqué anteriormente, Stefan lo entiende a la perfección, como toda nuestra familia que se guía por estas ideas. Como siempre, este tipo de empresarios no tiene idea de lo que tiene. Casi me siento mal por ellos. Estos proyectos son diferentes, realmente notables. Algo dentro de mi me dice que por aquí puede ser. La piedrita de oro por ser encontrada, después de tantos años. Sonrío complacido. Les digo que sin duda tenemos mucho interés en hacer negocios con ellos, que les estaremos compartiendo próximamente el monto que estamos dispuestos a invertir y que el futuro de Warleggan House es brillante. Los veo relajarse, aunque el joven Louis aún se ve receloso, pero se queda callado, como el buen hijo, acatador de normas que es. Nos despedimos, saludos cordiales, apretones de manos, invitaciones a jugar golf y a ir a tal o cual restaurante nuevo, todas opciones que descartamos amablemente. Salimos y Sarah ya sabe lo que tiene que hacer, otro chequeo profundo a cada Warleggan para saber en qué estamos metidos. Siempre siempre tienes que saber con quién te relacionas, y no está de más echar otro vistazo. Sarah es la mejor para esto, así que casi sin decirlo está en camino a hacerlo. Mientras nos dirigimos al ascensor siento las miradas de los transeúntes, unas más evidentes que otras. Un par de chicas nos señalan y nos miran de arriba abajo, con caras asombradas. Stefan como siempre parece ajeno a todo eso, a mi honestamente me divierte. Solo sonrío agradablemente y escucho risitas a lo lejos. Ya en el auto estamos en silencio mientras nuestro chofer nos lleva de vuelta a nuestras oficinas. Ha sido un día extraño, de alguna manera. No es fácil a veces seguir nuestra intuición. “¿Qué opinas Stef?” - le pregunto a mi sobrino mientras está sentado a mi lado con la mirada perdida en el camino. “Creo que pareciera haber algo, pero honestamente… Me agota tener que ver a esa gente de nuevo. Son realmente creídos, ¿viste como trataban a la asistente? ¡Ni siquiera sus consultores tienen nombres sino solo sus apellidos!” - dice con voz aburrida pero noto cierto enojo. “Si que lo noté… y la buena de Eva, ha estado años con ellos y parece su sirviente. Y eso que es una mujer de gran experiencia” - le digo y asiente. “Pero creo que tienes razón, hay algo ahí… no se que es. Quizás valga la pena tanto esfuerzo de agradar a estas personas y trabajar con ellas”. “Seguramente sus trabajadores sean más agradables. Te vi hablando con un par, estabas nervioso de repente, no es común”” - le suelto y me da una mirada extraña con esos ojos que son los mismos de su padre y de su abuelo. Yo me sonrío, Stefan siempre ha sido más serio y yo más jovial, más relajado en la vida. Quizás yo a mi edad tenga menos presión, quizás yo a su edad estaba igual, preguntándome qué pasaría, qué sería de mi vida. Ya no tanto, estoy en plena fase de tranquilidad como ningún Maledetti ha estado. “Sentí algo extraño, pero no era nada. Quizás era que estaban nerviosos los empleados o… era Louis con su mirada envidiosa” - dice y me rio, peor no sé si era en broma o era algo serio. Realmente Louis se veía envidioso, supongo que un poco de ambas cosas. “¿Mi querido hermano y cuñada están de viaje de nuevo?” - le pregunto cambiando de tema. “Mis padres están en París… de nuevo” - responde de forma cansina. “¿Si? ¿Y ahora que es? Ya celebraron su aniversario ¿No?” “Creo que es algo como el aniversario de cuando se besaron por primera vez o algo así” - dice aburrido. Yo me echo a reír y me da un codazo a mis costillas que me hace reír más. Max y Anna están tan enamorados como desde el primer día que se vieron y mi hermano va a donde ella diga, normal. Ser hijo de ese par no debe ser nada fácil, por eso usualmente se la pasaba conmigo, a veces digo que yo lo crie, aunque tengo que reconocer que Anna y Max hicieron un excelente trabajo. “No quiero empeorar tu extraño mal humor pero… ¿entiendes que de ahora en adelante tenemos que ver a los Warleggan más seguido?” - no obtengo respuesta sino un voltear de ojos. “Lamentablemente comenzará en una reunión de anuncio a los asociados en los próximos días” - le digo. Tenía años que no sentía el comienzo de la búsqueda, como un colono que va a buscar nuevas tierras, y es muy emocionante.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR