Jade siguió conduciendo por un tiempo, no supo por cuanto, solo había querido alejarse de esa guerra campal, sentía el corazón palpitarle con fuerza, le pareció inverosímil lo sucedido. Daba la sensación de ser una escena sacada de una película de acción o de mafiosos, jamás imaginó encontrarse en una situación semejante. En el preciso instante, cuando se vio aparentemente libre de peligro, el cuerpo comenzó a temblarle, los pies los sentía como una gelatina, sus manos terminaron moviéndose, como si hubiese ingerido licor. No pudo controlarse más y exclamó: —¡Lo siento! Debo detenerme porque estoy a punto de colapsar. Dicho eso, estacionó a un lado de la calzada. Las lágrimas comenzaron a rodarle por las mejillas, al caer en cuenta que pudo haber sido asesinada junto con Zafiro. No p

