Kilian se levantó de la cama sintiendo una opresión en su pecho, ambas enfermeras intentaron detenerlo, pero fue en vano, estaba cerrado a cualquier sugerencia. —¡Señor deténgase! No tiene permitido salir —espetó una de las enfermeras, aunque en apariencia su voz era firme, no pudo ocultar su nerviosismo. La otra intentó sostenerlo con fuerza, sin embargo, el hombre le dio un empujón haciéndole dar un tras pies y caer de bruces en el suelo. —¡Ni usted ni nadie podrá detenerme! —exclamó con indignación. Continuó caminando, apartando a todo aquel que se atreviera a cruzarse en su camino, sin atender a indicaciones de nadie, sus pasos eran acelerados, como si estuviese siendo perseguido por cientos de demonios. En el momento de llegar a la sala de espera, observó a Kerry sentado con las

