—Vamos Sav, sabes que sólo yo puedo hacerte sentir así, ven a casa conmigo esta noche —murmuró el engreído de Derek entre besos, mirándome con una estúpida sonrisa en su cara. El silencio de este sitio solo lo llenábamos nosotros con nuestras respiraciones pesadas y los jadeos que se nos escapaban. Aunque yo sabía perfectamente que llevaba razón. —Mentiroso —le dije intentando sonar firme, cosa en la que fracasé, claramente. Sonrió, dejándome saber que me había pillado. Que tenía razón. Que no había ninguno como él, y que me tenía ahora mismo a su merced. —Pillada. A mi no me engañas —me miraba intensamente. Los nervios los tenía a flor de piel. No podía evitar que se me pusiera el vello de punta cuando me sonreía así, con ese hoyuelo a la izquierda burlándose de mí. —Cuánto tiempo, pre

