Asentí, sin poder decir ni una palabra. Aunque en realidad no estaba preparada. —¿Te pesa?—me preguntó ayudándome a que elevara el arma. —Un poco, y está caliente —le hice saber. Me sonrojé un poco cuando me di cuenta del doble sentido que podría involucrar esto. Pero esperé que Derek no se diera cuenta del efecto que tenía tanta cercanía por su parte en mí. —Esa está más fría que la otra. A ver, antes que nada debes colocar el arco de tu mano en el arco posterior de la pistola, ¿ves? Encaja perfectamente. Es como un rompecabezas... estira el dedo índice, pero no lo pongas en el gatillo, no todavía. Déjalo por fuera, tendido, y con los otros tres dedos aseguras—me explicó—. Y esta mano es para ayudarte a soportar la repercusión del disparo, pasa estos tres dedos y los posas encima de es

