Me había traído a este bar de nuevo. O motel, o lo que sea. Ese al que me llevó la primera noche que salimos después de hacer oficial el trato. Esa noche en la que me besó hasta casi dejarme sin respiración. O no sé si realmente lo hizo. Pero sabía besar. Y de qué manera. Y a pesar de no haber llegado a nada más, se sintió gloriosamente bien. Aunque esta vez estaba más cabreada que otra cosa. Me había estado retando al poker y me había ganado, cuando yo solía ser la mejor en mi ciudad natal. Aunque eso era fácil teniendo en cuenta que sólo había niños pijos que no se habían tomado nada en serio en su puta vida. A pesar de eso, reuní unos miles de dólares a su costa, que fueron los que utilicé para apañármelas y llegar hasta aquí, a pesar de que todavía me quedan unos cuantos que serán los

