Capítulo 7

2251 Palabras
Estaba estupefacta. ¿Quién se creía este niñato para venirme con esas? —Me da igual lo que te salga o no de los cojones. Voy a correr y no vas a ser precisamente tú quien me lo impida. Hasta luego, Derek. —Y una mierda me vuelves a cerrar la puerta en las narices —y entró como si esto fuera su casa o yo que sé. —¿Qué puñetas crees que estás haciendo? —Evitarte problemas conmigo, bonita. —¿Problemas? Me río por no llorar de lo patético que eres. —Yo cuidaría esa boca, bonita. Te dije que te lavaría la boca con jabón y cumplo mis amenazas. —Ya, ya. A otro perro con ese hueso. Entonces al darme la vuelta con pensamientos de dejarlo ahí, me cogió de la muñeca y me hizo darme la vuelta mientras se acercaba a mí. —Mira, Savannah. Déjate de jueguecitos, porque no tengo ganas de tonterías. No pienso dejar que corras, no una inocentona como tú que va de dura cuando eres una debilucha. Eso fue la gota que colmó el vaso. Él, que no tenía ni idea de mi vida, me venía diciéndome qué hacer o no. A mi nadie me humillaba, y menos un perdedor como él. —¿De qué crees que vas, Derek? No sabes nada de mí, no sabes por qué estoy aquí, no sabes nada. ¿Y vienes diciéndome debilucha? Vete a la mierda y déjame en paz, gilipollas. —Mira, preciosa- —¡Que no me digas preciosa, j***r! ¡¿Qué coño no entiendes?! —A mí no me hables así —dijo mirándome con los ojos entrecerrados, como si me estuviera amenzando. —Oh, sí, ¿qué me harás? ¿Me vas a pegar, canalla? Atrévete —le desafié. —¿Tan bajo crees que puedo llegar? —Parecía sorprendido. Realmente sorprendido. —Hijo de puta —mascullé entre dientes. —Cosas peores me han dicho preciosa. Y, antes de irme, te lo vuelvo a recordar: no quiero que corras —me lo dijo como si fuera una niña pequeña o alguien que no tuviese conciencia. Qué payaso. —Que te crees tú eso. Entonces Rose bajó vestida y preparada para irnos. Se quedó quieta en mitad de la escalera alternando la mirada entre Derek y yo que estábamos más cerca de la cuenta. De un empujón lo aparté, que sin darme cuenta, estábamos a escasos centímetros el uno del otro. —Quita, bicho —dije para restarle tensión e importancia a ojos de Rose. —No decías eso antes. —Estaba pensando en mil maneras diferentes de partirte la cara, lumbreras —le dije con desprecio. —Siento interrumpir pero.. Savannah, ¿nos podemos ir ya? —Sí, vamos. Derek seguía en la puerta como un palurdo mirándome. Si pensaba que no iba a correr la llevaba clara. —Oye, ¿cogemos el coche de mi tío o la moto? —¿Qué crees, Rose? Por supuesto, la moto —dije mirando a Derek todo el tiempo, desafiándolo, retándolo. Enseñándole que a mi nadie me controlaba, que hacía lo que quería, que me daba igual todo. Que payasos como él no tenían cabida en mi vida. Estaba enfadado cuando salió del apartamento dando un portazo. Lo sabía y me daba igual. Sabía que no era la única chica que corría, aunque tampoco éramos muchas. Rose me dijo que ella corría con el coche que era lo que a James le iba también, pero que también le gustaban mucho las motos, como a mí. —Había mucha tensión entre tú y Derek en el apartamento. ¿Qué te estaba diciendo para que te pusieras con esa cara de mala leche? —¿Tensión? Sí, tensión de que un poco más y le doy una hostia que le entra una tortícolis de tal tamaño que no podría girar el cuello nunca más —Rose se empezó a reír y creo que no se creyó lo que le dije, pues bien, allá ella—. Me estaba diciendo el muy hijo de... su madre que no quería que corriese. ¿Pero de qué va ese c*****o? Por cierto, ¿cuándo empieza la carrera? —Tranquila, saltamontes. Aún quedan un par de horas. —¿Qué? ¿Y qué hacemos aquí tan pron..? Oh espera, es por James, ¿verdad? —Sí. Y mira. Allí están. Y mira quién está a su lado —Rose empezó a darme codazos en el lado intentando ser disimulada cuando ese gesto era ridículamente descarado. —No puede ser —¿es que acaso tenía que encontrármelo en todos lados o qué? Maldita suerte la mía. —No te entiendo Savannah. Dices que quieres aceptar su "propuesta", pero no quieres verlo ni en pintura. Aclárate, coño. —Es que no lo entiendes. Yo sólo quiero su vida, no que él esté en mi vida. Son cosas completamente distintas, sabes —le dije fulminándola con la mirada. Aún no habíamos llegado hasta los chicos. —Pero es que no te aclar- —¡Hey! Chicas, veo que habéis venido. ¿Qué tal? —James y su capacidad de interrumpir las conversaciones. El día que le parta la boca el mundo me lo agradecerá. Él nos llamaba desde su sitio, haciendo que los demás nos miraran. —James —suspiré cuando llegué hasta él y me miró, esperando que siguiera hablando—, te dije que vendríamos. ¿Por qué te sorprendes? —Porque Derek se enteró de que ibas a correr; primero se alteró y empezó a maldecir, y luego fue cagando leches al apartamento de Rose a pedirte que no corrieras. Nada que no supiera. —Espera, espera. ¿Por qué le dijiste a Derek que iba a correr? Te dije sorpresa, maldita sea. Y ¿pedirme que no corriera? —solté una risa irónica que hizo que su grupo de amigos me escuchara y miraran todos hacia nosotros tres—. Mejor dicho, me exigió que no lo hiciera. Y me amenazó con algo si corría. —Ya, bueno. Eso es típico en él. Y no se lo dije directamente a él. Se lo estaba contando a un colega y él estaría escuchando o algo, no lo sé. Definitivamente este tío era más tonto de lo normal. —¿Sabes qué? Déjalo porque no tiene sent- —Mira quién tenemos aquí.. La reina del desastre —¿Pero ésto que es? ¿Hoy todo el mundo está en modo 'vengo a molestar e interrumpir conversaciones' o qué? Me exasperan. —Al menos soy lo que dicen que soy y no vivo de apariencias —sarcasmo, te amo—. Dime, Derek. ¿Tienes ganas de que te pateé el culo en la pista? Un conjunto de abucheos un tanto infantiles siguieron mis palabras. Lo que pareció cabrear a Derek. —Sigue soñando, reina —¿quieres jugar Derek? Pues jugaremos, a mi modo. —Qué poco original eres —le respondí con indiferencia. —¿Verdad que sí, princesa? —lo estaba haciendo para joderme, lo sabía. Pero no le iba a dar el gusto de que lo notara. Yo también sabía jugar sucio. La gente empezó a rodearnos, queriendo saber qué pasaba. Querían saber quién era la próxima 'víctima' de Derek. Pues bien, yo sabía que esta vez 'la víctima' iba a ser él. Sonrió burlón, esperando mi próximo ataque para devolvérmelo. Pues bien. —Nos vemos, perdedor —le guiñé el ojo y me metí entre el montón de gente que nos habían rodeado, perdiéndolo de mi vista, y él a mí. Derek: 0; Savannah: 1. Bien Derek. Dejémonos de tonterías y empecemos a jugar de verdad. —¿Qué ha pasado? ¿Qué me he perdido? —Rose llega corriendo hacia mí con dos cervezas en la mano frunciendo el ceño—. No me digas que habéis discutido... otra vez. —Sí, pero le dejé con la palabra en la boca y- —un silbido llamó nuestra atención. La carrera. Pero pude ver que era otro grupo. —Eh, Dawson. Apostemos algo —Derek. Aquí vamos otra vez...— Si gano yo, te vienes conmigo después de la carrera y te llevo a donde yo quiera. Esté a la distancia que esté. Si ganas tú... Bah, déjalo, no creo que ganes tú. Solté un bufido de irritación y en vez de hacerle caso, me concentré en mis nuevas expectativas. Si Derek creía que no iba a cobrar mi venganza estaba muy equivocado. Cuando la bandera marcara el inicio de la carrera, procuraría ser la mejor. Me las pagaría por lo del club, y todas las otras veces que me había molestado desde que llegué, y me las pagaría bien caro. Él no sabía con quién se metía. Esos carteles de ánimo y los aplausos serían para mí con el paso del tiempo. Si Derek quería jugar sucio, pues que tenga unos felices Juegos del Hambre. No podía esperar para que empezara. —Eso ya lo veremos, Schell. Tenía que ganar la carrera como sea. Costase lo que me costase. Se trataba de ganar. Conducir o morir. - —Y el ganador de la noche, una vez más... ¡¡¡¡Derek Schell!!!! Maldito. Hizo trampa. Íbamos igualados, pero de repente se me pinchó la rueda y me quedé atrás. "Casualidad" según él. Manipulación en toda regla según yo. ¿Cómo se me va a pinchar una rueda casualmente al final de la carrera en la cual casualmente él iba a perder y encima revisé las ruedas antes de salir? Es que no tenía sentido y al muy cabrón le daba igual. Pues se iba a ir con él su madre, porque yo no. Lo vi en medio del barullo de gente que lo felicitaban, y yo en la penumbra, donde las luces de las farolas no llegaban apenas, mirando la situación con una cara de 'te voy a matar en cuanto te pille'. —Sé perfectamente que ha hecho trampa, Savannah. Pero mira el lado positivo, si te vas con él, te llevará a un sitio donde no haya gente a la que le interese su vida. Tipo un bar o algo así. Así que podrás matarlo, que nadie abrirá la boca. Rose sí que sabía levantarme el ánimo. Sarcásticamente hablando, claro. —Me voy a hacer una asesina en serie solo para cargármelo. Es un c*****o, Rose, sabía que le iba a ganar y me hace la putada esa. —Savannah, buen intento, pero no me alcanzas —no puede ser. Esa jodida voz. La voz del cabrón más grande que ha pisado la tierra. —Que no te alcanzo... —dije asintiendo lentamente con la cabeza asimilando sus palabras e intentando tomármelas lo mejor que pude, pero al final la ira salió—. ¡¿Qué coño significa eso de que no te alcanzo?! Pero, ¿tú piensas pedazo de animal? ¿Eres consciente de que me podría haber matado en la primera curva? —Guárdate las garras, bonita. No he hecho nada, como te he dicho ha sido 'casualidad'. Negando con la cabeza, la ira y la impotencia que sentía no me dejaban hablar. Estaba al borde de las lágrimas. Siempre me pasaba igual. Girando la cabeza en busca de Rose, dispuesta a irme cuanto antes de aquí, siento que él se mueve. Entonces se agacha, y antes de que me diera tiempo a salir corriendo, me cogió las piernas y me cargó en sus hombros. —¿Qué haces? Qué manía tan fea tienes. Suéltame. Sé andar solita. De nada —Le dije intentando que no me temblara la voz. Como vi que no me hizo caso le pegué en la espalda, pero nada—. Derek, suéltame. Te prometo que no saldré corriendo —como sé que se lo va a tragar, cruzo los dedos, y entonces noto como se para y me baja poco a poco, resbalándome por todo su torso, para que pueda apreciar cada músculo y las sensaciones que me hacía sentir. Mientras me bajaba despacito para distraerme empieza a sonreír burlón y aprovecha para manosearme la cintura y las piernas. Haciendo eso me hizo sentir repugnante y absolutamente.. ¿divina? —Te gusta ¿eh?, pues imagínate sin ropa, preciosa. —Bájame —respondo seca. —Como se te ocurra salir corriendo... —me advierte entrecerrando los ojos, empezando a desconfiar de mí. Si es que no aprendes, Schell. Entonces aprovecho que ya tengo un pie en el suelo para saltar y salir corriendo hacia la moto todo lo rápido que puedo, apartando a la gente de mi camino para que me dejaran pasar a base de empujones. Iba mirando hacia atrás para calcular más o menos la distancia que le llevaba de ventaja a Derek.  Pero cada vez que miraba atrás lo veía un poco más lejos y otras veces, en cambio, un poco más cerca. Las manos me sudaban porque entre la adrenalina de correr, de Derek persiguiéndome y todo lo vivido hasta ahora me alteraba un poco. Pero me gustaba. Entonces cuando miré atrás ya no vi a Derek. Tan solo James, que estaba con Rose; ellos hablando con los chicos. Entonces me choqué con algo y miro hacia delante y veo que es Derek. Mierda. Intento retroceder, pero pone un pie detrás del mío y caigo de culo. Bien, lo que faltaba. —Preciosa, te dije que no te librarías de mí... —Y yo te dije que te fueras a la mierda, pero no todos conseguimos lo que queremos. —Me importa poco lo que me dijeras. —Eso dices tú, pero depende mucho de mí —le dije mientras retrocedía intentando levantarme. —No, cariño, ésto se trata de mi, no de ti. Y según tú, ¿qué depende de ti que hace que me importe o no lo que digas? ¿No tienes nada nuevo? —dice sonriendo. Será payaso. —Señor Arrogante, ¿me puedes levantar del suelo? No es cómodo. —Vale, mandona. —No soy mandona, idiota —le dije rodando los ojos mientras me cogía de ambas manos y tiraba de mí. —Ya, claro —dice mientras mira cómo me limpiaba los pantalones por la parte de atrás como podía. Entonces algo —o mejor dicho, alguien— me tira al suelo de un empujón —cabe decir que de nuevo— antes de que pudiera siquiera protestar y de repente una voz chillona nos saca de la conversación tan incoherente en la que estábamos. —Vaya, vaya, vaya.... mira quien tenemos aquí, ¿Derek Schell? Pensé que ya estabas pudriéndote en el infierno —una pelirroja alta, con unos pantalones de cuero n***o apretados, una camisa del mismo color y unos tacones altísimos y los labios rojos, nos miraba a ambos con cara de enfadada con las manos en la cintura, esperando una explicación.  Pues bien, aquí no había nada que explicar, salvo que un gilipollas, Derek, el estúpido americano, me lleva jodiendo desde que tiene oportunidad. Y a él no pareció hacerle mucha gracia esta situación, tampoco.
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