13. Frente a frente

1647 Palabras
POV JULEN DUARTE Nunca pensé que me costaría tanto dar este paso, pero supongo que siempre llega el momento en que uno tiene que dejar de huir, los últimos años los pasé lejos, demasiado lejos, intentando convencerme de que la distancia iba a arreglar lo que la rabia no pudo, pero ya no había escapatoria, todo lo que había dejado pendiente me estaba alcanzando y si quería cerrar de una vez esa herida, tenía que volver a poner los pies en el mismo lugar del que me fui, no me hago ilusiones, sé que Liam me odia y lo entiendo, aunque no lo comparta, lo vi en sus ojos la última vez, esa rabia ciega que no escucha razones, sé que todavía piensa que yo fui el culpable de que Emma lo “traicionara”, como él lo llama, no importa lo que yo diga, él ya hizo su propia película y prefiere creerla, quizás porque es más fácil culparme a mí que aceptar lo que de verdad pasó, pero no vine a aclarar nada, no vine a defenderme, vine porque el tiempo de Amanda Duarte se acabó, esa mujer siempre jugó sus cartas sucias, controlando a Liam como si fuera una marioneta, manipulando cada decisión, cada paso de la familia, lo que me duele es que mi hermano nunca lo quiso ver, para él, su madre siempre fue intocable, y cualquier cosa que yo dijera sobre ella era automáticamente un ataque personal, pero ahora todo es distinto, la empresa se acabó, los movimientos de Amanda ya no tienen el mismo peso, y el momento de arrancarle la máscara ha llegado, yo no pienso quedarme callado, no esta vez, claro hay otro motivo por el que volví... mi padre... no voy a mentir, verlo empeorar cada día desde lejos fue un golpe que nunca quise aceptar, al principio me conformaba con los reportes médicos, con las llamadas que apenas decían lo justo para que no me preocupara demasiado, el fue el único en esa casa que me demostró cariño, siempre estuvo para mí y aunque Liam lo hacía también, Amanda se encargó cada vez de mantenerme lejos de él, jamás entendí por qué ella siempre lo prefirió y de no haber sido por papá, ni siquiera se que hubiera sido de mi, pero ya no puedo engañarme, el tiempo se le acaba y necesito verlo, necesito estar ahí, aunque sea para sentir que no me rendí del todo. El viaje de regreso fue un desastre, no dormí nada en días, me pasé las horas repasando lo que iba a decir, cómo iba a enfrentar a Liam, cómo iba a mantener la calma cuando Amanda intentara meter sus venenos en medio, pero por mucho que lo ensaye sé que nada me va a preparar realmente para el momento en que lo tenga frente a frente, lo que sí tengo claro es que no pienso bajar la mirada, Liam puede gritar, puede insultar, puede escupirme en la cara si quiere, pero yo no vine a pedirle perdón ni a mendigar su aprobación, vine a poner un punto final para Amanda y sus manipulaciones, si para eso tengo que soportar su odio, lo voy a hacer. Me miro al espejo antes de salir del hotel, la camisa arremangada deja ver parte de los tatuajes que me hice en estos años y no es casualidad, cada línea es un recordatorio de que sobreviví a todo, incluso a esa guerra silenciosa que Amanda desató entre mi hermano y yo, ya no soy el mismo de antes y tal vez eso es lo que más va a incomodar a Liam pero no me importa, agarro mis cosas y salgo, ya no hay marcha atrás es hora de enfrentar a mi hermano, de mirar a los ojos al hombre en el que alguna vez confié como en nadie y que ahora me ve como el traidor más grande de su vida, no pienso justificarme, no pienso dar explicaciones que no quiere escuchar, solo voy a hacer lo que debí hacer desde hace tiempo, poner fin al reinado de Amanda Duarte y mirar a mi padre a los ojos antes de que sea demasiado tarde, el resto… el resto ya lo decidirá el tiempo. POV LIAM Nunca pensé que volvería a escuchar ese nombre pronunciado dentro de mi oficina "Julen" el simple hecho de escucharlo ya era suficiente para tensar cada músculo de mi cuerpo, como si me preparara para una pelea que había esperado demasiado tiempo, pero cuando la puerta se abrió y lo vi, la realidad me golpeó como un ladrillo, estaba ahí frente a mí y no era el muchacho que recordaba de años atrás, ahora era un hombre distinto, con un aura pesada, tatuajes que asomaban bajo la camisa remangada, mirada firme y ese aire de seguridad que parecía imponerse en cualquier espacio, muchos se habrían encogido ante su sola presencia.... yo no, el recuerdo me atacó sin piedad, las fotos, esa imagen de Emma entrando en su departamento de noche, como si todo lo que yo había construido con ella se hubiera desplomado en un instante, esa escena aún me ardía en la memoria y ahora lo tenía frente a mí, vivo, real, con la insolencia de plantarse en mi terreno como si nada, todo volvió a golpearme —¡¿Qué demonios haces aquí?!— mi voz salió más baja de lo que esperaba, pero cargada de veneno, Julen no parpadeó, no bajó la mirada, se cruzó de brazos, como si yo fuera el intruso —Necesitamos hablar— respondió —¡no tenemos nada de qué hablar!— hable fuerte, el arqueó una ceja, con una calma que me crispó los nervios —Claro que sí, sobre la venta y las razones de ella— Hizo una pausa, dejando que sus palabras pesaran en el aire —Me enteré de que moviste las cosas sin consultarme— Sentí cómo la rabia me recorría el pecho ¿La venta? ¿Venía a cuestionarme por eso cuando lo que había hecho años atrás todavía me consumía? —¿Tienes idea de lo que me costó mantener esa empresa en pie después de lo que pasó?— le espeté, dando un paso al frente —No apareces en cuatro malditos años, y ahora vienes a exigirme cuentas como si tu opinión valiera algo— Julen me sostuvo la mirada, era ese silencio suyo lo que más me enfurecía, esa manera de provocarme sin abrir la boca —Sigues siendo el mismo Liam, te escondes detrás de tus decisiones y de tu estupidez— Su voz era firme, tranquila pero cada palabra era un golpe directo, sentí que perdía el control. —¡No me hables de estupideces!— gruñí, golpeando el escritorio con la palma de la mano —¿Te olvidas de lo que me hiciste? ¿De cómo me traicionaste con Emma?— Por primera vez, sus ojos se encendieron aunque no de culpa, sino de fastidio —¿En serio seguimos con esa pendejada?— La sangre me hervía, lo señalé con el dedo como si pudiera atravesarlo —¡Te metiste con la mujer que amaba! ¡Con la única que he amado en mi vida!— terminé confesando Julen negó con la cabeza, esbozando una media sonrisa amarga —Eres un reverendo imbéc¡l— Lo dijo exactamente igual que hace cuatro años, el mismo tono la misma condena y ahí estuve otra vez, con ese eco en mi mente, esa frase que nunca olvidé y que de alguna forma me persiguió en cada maldita noche desde entonces, me acerqué, lo suficientemente cerca como para que cualquiera de los dos pudiera lanzar el primer golpe, mi respiración era pesada —¿Sabes lo que me costó no arrancarme la vida? ¿Lo que me costó seguir viviendo después de eso?— Las palabras salieron con veneno —tu me hiciste la peor traición— Julen no se movió ni pestañeó — Lo hubieras hecho, por qué no mereces la verdad Liam, nunca la mereciste— Su voz fue cortante, seca —Siempre viste a Amanda como una santa ¡solo te faltaba ponerle un altar a esa mujer— ese golpe no fue físico, pero lo sentí igual en el estómago. —Eres un cobarde— escupí con rabia ¿por qué metía a mamá en esto? se perfectamente que no es una santa, pero no es una mala persona, siempre fue una madre amorosa que hacía todo por su familia —Y tú más que yo y aparte un ciego— Julen dio un paso atrás, con la seguridad de quien sabe que no necesita gritar para imponerse —No vine aquí para convencerte de nada, vine a ponerte sobre aviso esto no termina sin mí y la próxima vez que hablemos, será con abogados presentes por qué quiero mi parte— me giró la espalda sin miedo, como si confiara en que yo no me atrevería a detenerlo y lo peor de todo es que tenía razón —Y Liam… algún día vas a darte cuenta de lo que hiciste— Lo miré salir de la oficina con la mandíbula apretada, sintiendo que la furia me quemaba la piel, pero también con una maldita duda instalada en lo más profundo de mí su última mirada antes de salir fue un recordatorio cruel, no todo estaba dicho y yo odiaba reconocerlo, cerró la puerta tras de sí, el silencio que dejó fue ensordecedor me dejé caer en la silla, con las manos aún temblando el eco de sus palabras me atravesaba como un veneno lento “No mereces la verdad” lo odiaba, lo odiaba más que nunca, pero dentro de mí en ese lugar al que no quería mirar, una pregunta me ardía ¿y si todo este tiempo había estado equivocado?
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