POV EMILIA/EMMA
El vino siempre sabe distinto cuando lo compartes y no sé si es la compañía, el cansancio acumulado o simplemente que la copa número tres siempre entra más fácil que la primera, pero lo cierto es que ahí estábamos... Maya estirada en el sillón como si fuera dueña de mi departamento, Stwart sentado en el piso con la espalda apoyada contra la mesa de centro, y yo abrazando mi copa como si fuera un escudo.
—Brindemos por la firma— dice Maya levantando su copa con entusiasmo —Porque hoy vimos caer un pedacito de los Duarte—
Choco mi copa con la suya, aunque no con tanta euforia —No ha caído nada todavía, apenas se movió la primera ficha—
Stwart sonríe con esa calma suya que siempre me desconcierta —Pero es la ficha correcta créeme Emilia, hay victorias pequeñas que valen más que una guerra entera, eso era para ellos su más grande tesoro, era la sede principal de sus negocios y ahora.. tendrán que empezar de cero.. eso están haciendo, ya no tienen más ganado, no han sembrado tierras, no queda nada de los que antes fueron, solo tenían eso y ya se los quitaste— lo miro y no sé si habla como socio, como amigo o como alguien que me entiende demasiado bien, con él nunca se sabe.
Maya, en cambio, se sirve otra copa sin pensarlo —Lo importante es que seguimos vivas, seguimos de pie y, por si fuera poco, estamos ganando—
Me río bajito —Eso lo dices porque ya vas en tu cuarta copa—
—¡Mentira!— responde indignada, aunque casi derrama el vino al levantar la copa, Stwart y yo nos miramos y explotamos en carcajadas, el ambiente es ligero, demasiado ligero para lo que estamos planeando y quizá eso sea lo que me gusta, que por un momento podemos hablar de destruir a una familia poderosa como si fuera un tema de sobremesa.
Después de un silencio breve, Stwart apoya la copa en el suelo y se acomoda mejor —Hablando en serio, hay algo que necesitan saber—
Eso siempre significa que viene una advertencia, me enderezo en el sillón y lo observo —Adelante— le digo
—Liam y su socio.. ese abogado que lo acompaña.. están desesperados por conseguir un inversor— empieza, con ese tono de voz pausado que nunca pierde —Sin dinero fresco no podrán sostenerse mucho tiempo.. la venta es solo el principio para ellos— dijo y sonreí.. ya imagino para donde va la cosa
Maya arquea una ceja —¿Y eso qué nos importa? Mejor ¿no? ¡Nadie va a querer invertir con ellos! así caerán solitos y sin que tengamos que mover un solo dedo— yo no podía dejar de sonreír y de ver a Stw directamente
—Sí y no— responde él, mirándome directamente a mí, ambos estábamos en el mismo canal —Si quieren asegurarse de que caigan, lo ideal es meterse al juego desde adentro y la mejor forma es ser ese inversor, por qué lo conseguirán tarde o temprano, fueron queridos aquí hasta donde sé—
Lo pienso unos segundos y me sorprendo a mí misma considerándolo seriamente —¿Un inversor anónimo?—
—Exacto— afirma —Entrar sin que sepan quién está detrás, ganar su confianza y entonces, cuando estén más vulnerables, apretar la cuerda— dijo sonriente
Maya abre los ojos como platos —Eso suena arriesgado—
—Lo es— responde Stwart sin dudarlo —pero también es brillante y si funciona dejará muy buenas ganancias—
Dejo la copa sobre la mesa y paso los dedos por el borde de la botella, como si pudiera encontrar una respuesta en el cristal, parte de mí siente un cosquilleo de adrenalina, otra parte recuerda que cada paso que doy me acerca a una línea que juré no cruzar —¿Y si me descubren?— pregunto, no a ellos, sino a mí misma.
Stwart me sostiene la mirada —Entonces tendrás que decidir qué pesa más... la justicia o la venganza, porque cuando estás dentro, Emilia… la tentación de cruzar la línea siempre está ahí— sus palabras me golpean más de lo que esperaba.
Maya resopla, intentando quitarle hierro al asunto —Ay, ya basta de discursos de película, lo importante es que no vas a estar sola, aquí estamos nosotros—
Le sonrío porque sí tiene razón, ellos están aquí, y aunque el plan crezca, aunque los riesgos aumenten yo sé que no lo estoy haciendo sola, sirvo otra ronda de vino —Bueno, entonces brindemos por la tentación— digo levantando la copa —Porque tarde o temprano va a aparecer, y espero ser lo bastante fuerte para no caer—
Maya choca su copa conmigo sin pensarlo —Y si caes, ahí estaré para lo que necesites, pero confío en ti—
Stwart sonríe de lado, como si supiera algo que yo no —Brindo porque no tengas que hacerlo—
El vino sabe más intenso esta vez, quizá porque ya no es solo un juego de copas y risas, sino la antesala de algo más grande, y mientras me recuesto contra el sillón, con Maya riéndose de sus propias ocurrencias y Stwart observándome en silencio, no puedo dejar de pensar que en efecto estoy bailando demasiado cerca de la línea y lo peor… es que me gusta...
A la mañana siguiente, lo primero que siento es un dolor agudo en la sien, como si un tambor marcara el ritmo dentro de mi cabeza, lo segundo… es un pie... un pie que no es mío, aplastándome la cadera, abro los ojos y lo primero que veo es el techo de mi sala, estoy tirada en el piso, envuelta en una manta que no recuerdo haber sacado, con una botella vacía de vino a medio metro de distancia.
—¿Por qué siento que me atropelló un camión?— murmuro con la voz pastosa, apenas capaz de moverme, un quejido a mi lado responde, giro la cabeza y ahí está Maya, tirada en el sillón en una posición imposible, con la cabeza colgando hacia atrás y la boca entreabierta, su pelo parece una cortina desordenada.
—No hables tan fuerte— gime, llevándose una mano a la frente —Creo que todavía estoy borracha—
Me río bajito, aunque reír duele —Eso se llama resaca querida, bienvenida a la realidad— me burlo, aunque estoy igual o peor que ella, intento moverme y entonces me doy cuenta de quién es el dueño del pie que me está aplastando... Stwart, que duerme en el suelo, pero en dirección contraria a la mía, tiene un brazo bajo la cabeza y el otro extendido como si hubiera perdido la pelea contra la gravedad —Stw…— lo sacudo suavemente, aunque mi brazo pesa como plomo —Quítame el pie de encima— él solo gruñe algo inentendible y aprieta más, Maya se ríe desde el sillón, con esa risa floja de quien todavía no se despierta del todo.
—Parece que encontró su lugar perfecto— dice
—Pues su lugar perfecto es mi cadera— respondo, empujando su pierna con esfuerzo hasta que consigo liberarme, me incorporo como puedo, con el cabello hecho un desastre, y camino tambaleante hacia la cocina, abro el refrigerador con la esperanza de encontrar agua milagrosa y solo me recibe la gran nada... suspiro.
—¿Y ahora?— pregunto en voz alta, como si el universo fuera a responderme, Maya aparece detrás de mí, arrastrando la manta como una reina decadente
—Café— dice con solemnidad —Necesitamos café o moriremos—
Yo asiento con seriedad —Es una misión de vida o muerte—
Stwart entra después, despeinado y con la misma camisa arrugada de ayer, se rasca la cabeza y nos mira con los ojos entrecerrados —¿Por qué parece que pasamos una semana de fiesta?—
—Porque quisimos hundir a los Duarte a base de vino ¿por qué lo hicimos?— responde Maya con una sonrisa torcida y quejándose al mismo tiempo
Yo no puedo evitar reír —Estrategia brillante, por cierto—
Los tres terminamos alrededor de la mesa de la cocina, con tazas de café humeante delante, nadie habla los primeros minutos, el silencio está lleno de sorbos y suspiros resignados.
Maya rompe la calma primero —Prometo no volver a beber tanto vino—
—¿Lo dices en serio?— le responde Stwart, sin levantar la mirada de su taza.
—¡Y esta vez lo digo en serio!— se defiende, aunque inmediatamente suelta un quejido porque la voz fuerte le duele, yo los observo y siento una chispa cálida en el pecho, no debería ser así, no debería sentirme tan ligera cuando estamos metidos en algo tan serio, pero aquí estamos... tres adultos comportándonos como universitarios, con resaca y planes de venganza que parecen más un proyecto grupal de fin de semestre.
—Bueno— digo al fin, apoyando la barbilla en la mano —Si sobrevivimos a esta resaca, sobrevivimos a cualquier cosa—
Los tres reímos y en ese momento, con el café suavizando el dolor de cabeza y el recuerdo de la noche anterior flotando entre nosotros, me doy cuenta de que pase lo que pase, ya no estoy sola.. y ahora tengo que hacer algo importante... no puedo guardar tanto rencor en mi corazón y con los nuevos planes.. si caigo no quiero hacerlo sin hacer lo que tengo que hacer.. hablaré con mi mamá... y que pase lo que tenga que pasar...