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1202 Palabras
              —Mira lo que encontré en el pasillo — señaló Víctor entrando a la sala.             Detrás de él entró Kesean.             La agente Pierce alzó la mirada un segundo, pasó la mirada de Víctor a él, lo escaneó y entonces saludó: —Hola, Kesean, bienvenido —sonrió un poco en su dirección y luego regresó su atención a los papeles.             —Buenos días, agente Pierce — contestó acercándose.             —Qué bueno que llegaste, ya ordené y señalé las evidencias más simples que encontré — abrió las manos señalando el escritorio lleno de papeles, bolsas y demás —. Por lo menos las que consideré que podrían captar tu atención, pero creo que podría estar equivocada. No tenemos todas las evidencias aquí tampoco, no es como que podamos traer las de tantos casos de una vez, pero si observas algo en las fotos que quieras ver a detalle, Víctor lo traerá.             —Sí, ese es parte de mi trabajo —  dijo él alzando la mano con entusiasmo.             Según lo que había visto hasta el momento, Víctor era un joven enérgico, era bastante inteligente y dedicado a su trabajo, le gustaba lo que hacía y tenía una personalidad confiada, segura, relajada y enérgica al mismo tiempo.             —Bueno, ¿qué debería ver primero? — preguntó Kesean dando una mirada a todo lo que estaba sobre la mesa.             Todo estaba perfectamente etiquetado y separado; carpetas, unas cuantas bolsas transparentes con objetos dentro y fotografías.             —Creo que lo mejor es ir en reversa.             —¿Cómo en reversa?             —Del último caso al primero — explicó ella y luego señaló la pantalla —. Víctor, coloca en pantalla el último caso.             —Sí, señora — respondió y se movió rápido a la computadora —. Luego iré al baño.             —¿No fuiste? — preguntó asombrada.             —No, me encontré al nuevo en el camino — contestó moviendo los dedos por el teclado de la computadora. —Kesean, toma asiento — indicó la agente Pierce y obedeció. —Aquí tenemos el caso de la cafetería — indicó Víctor.             En la pantalla se veía una foto de los escombros de la cafetería, al lado lo que parecía un reporte:             —Como ves — explicó la agente Pierce —, fue un derrumbe causado por explosivos que se colocaron en las columnas del establecimiento de manera precisa. Resultó en setenta y ocho muertos, entre ellos siete niños, cuatro heridos y un solo sobreviviente ileso.             La imagen le causó escalofríos, era una atrocidad lo que sus ojos estaban observando y los muertos y heridos, trataba de no dejar que se convirtieran en solo un número, eran personas, padres, madres, hijos, hijas, hermanos y hermanos, que dejaban un espacio vacío en casa que no podría ser llenado por nada y por nadie.             —Encontramos que las bombas utilizadas son las más utilizadas en demoliciones comunes, así que supieron cómo obtenerlas de forma que no dejaran rastros — continuó la agente Pierce —, como siempre, son muy cuidadosos y precavidos, no dejan cabos sueltos, ni nada al azar, incluso si no lleváramos la pista de sus modus operandi, podrían considerarse casos aparte.             —¿Cuál es su modus operandi?             —Te lo explicaremos luego cuando esté todo el equipo — contestó ella y tomó una bolsa transparente —. La única evidencia que tenemos de este caso es esta caja de tinte, el video y la nota que te hizo salir de la cafetería en el momento justo.             —Estos tres apuntan a que alguien está utilizando la memoria de mi hermana para enviar un mensaje — analizó Kesean.             —O bien es tu hermana — dijo ella sin rodeos —. Con esto analizamos que probablemente ella esté viva y pertenezca a la organización, supiera que ibas a estar en la cafetería e intentó comunicarse contigo. ¿Eran muy unidos, cierto?             Kesean mantuvo su mente fría y enfocada.             —Sí, lo éramos.             —Kesean — llamó ella con tono comprensivo apoyando los codos de la mesa —, esto quizás sea delicado para ti, pero necesitamos ser objetivos, ¿puedes con eso?             —Sí, señora — dijo sin dudarlo —, no se preocupe por mí, solo quiero resolver esto.             —Está bien — asintió en su dirección y se colocó más erguida en su puesto —. Escucha, según analizamos, Kerensa Kers era la hija mayor de una pareja con muchos problemas económico durante su infancia y adolescencia — la agente Pierce tomó una carpeta y comenzó a leerla —, por lo cual habían muchas peleas entre la pareja y tuvieron que vivir de diferentes formas, como sea que les tocase. Era una joven inteligente, tenía muchos conocidos, era muy artística, le gustaba escribir historias cortas que eran publicadas en el periódico de la escuela bajo un seudónimo.             —¿Cuál es su punto? — intentó no sonar grosero.             —Sus escritos eran sobre crimines, thriller psicológico y suspenso — continuó ella y luego le miró —, leí varios de esos escritos y puedo decir que eran bastante buena en ello.             —Sí, tenía mucho talento — dijo con orgullo —, yo también los leí.             —Es entonces que un día salió con un chico y desapareció.             —Su cuerpo fue encontrado cincuenta y siete días después — añadió Kesean.             —Según vemos, Kesean, tiene sentido que haya sido reclutada por esta organización.             —¿Por qué?             —Porque tenía un talento creativo innegable — dijo como si fuese obvio —. Desconocemos las razones que podrían haberla hecho aceptar estar dentro, pero es lo que averiguaremos con sus pistas, si es que dejó más.             Kesean respiró profundo y solo decidió fluir con esa línea de pensamiento para poder continuar.             —En esta oportunidad yo estaba allí, ella sabía que podría encontrarse conmigo así que de una forma discreta quiso hacerme saber que no tenía opción, pero que había tomado una decisión y no se arrepentiría de ella — contó lo que había analizado la noche anterior —. Si es cierto que está viva y forma parte de esta organización, puede ser que no tuvo opción, pero que tuvo que unirse.             —Eso lo iremos confirmando — contestó la agente Pierce —. Lo cierto es que puede que haya intentado llamar la atención a través de ti.             —¿A qué se refiere?             —A que hay dos opciones — explicó con tono profesional —, si encontramos más pistas significa que esta vez no dejó una para nosotros sino una para ti para que pudieras ayudarnos a notar las que sí había dejado — enumeró con un dedo —. Si no encontramos nada, quizás nos deje pistas a futuro o las haga llegar a través de ti.             Kesean asintió, pero luego miró hacia otro lugar.             —Hay una tercera opción — entendió él.             —¿Cuál?             Respiró profundo y deseó que no fuese esa.             —Que solo haya querido decirme que ese es el camino que recorre ahora y si ese es el caso — miró hacia la agente Pierce —, entonces tendremos que detenerla, porque ella no va a parar si está luchando por algo en lo que cree. 
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