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1512 Palabras
—Estarás bien, no es nada — dijo el agente Lennon tomando un trozo de tela que estaba sobre el sofá. Según distinguió Kesean, se trataba de algo que estaba bordando la señora Miriam —. Es superficial, no hay de qué preocuparse. A ver…             El agente Lennon pasó, de forma cuidadosa y ágil, la tela por debajo de su brazo. Kesean trató de no quejarse.             —…Esto va a doler — indicó el agente Lennon.             Kesean respiró profundo y miró en otra dirección.             —Está bien.             Y sin contar o al menos avisar, el agente Lennon hizo un nudo fuerte sobre su brazo.             —¡Ah! — no pudo evitar que saliera de sus labios la queja de dolor.             —Así — apretó de nuevo — resistirás hasta que llegue la ambulancia.             —Gracias.             El agente Lennon asintió y se apartó.             —¿Zoe…?             —Está muerta —contestó la agente Marks antes que el agente Lennon terminase de hablar.             El agente Lennon pasó una mano por su cabeza y exhaló con fuerza.             Kesean sintió un escalofrío recorrer su espalda y un sudor frío recorrer su frente. De forma instintiva miró hacia el lugar donde yacía el cuerpo de la agente Pierce sobre un charco de sangre. Sus ojos sin vida parecieron observarle hasta que la agente Marks la hizo cerrar los ojos.             Pasó su mirada por los tres agentes, se notaba la tristeza, impacto e incluso incredulidad en sus rostros. Ella era su compañera después de todo.             —Ella se llevó a esto — dijo el agente Lennon —. No es tu culpa, Kesean, solo intentaste neutralizarla.             Aun así estaba impactado, estaba fuera de sí, ¿por qué había hecho eso? ¿Cómo se le había salido de las manos de esa manera?             Miró hacia unos metros más hacia el pasillo y allí se observó el cuerpo de la señora Miriam, su cabeza había pegado de la pared, su sangre manchaba el suelo y también el papel tapiz bien cuidado.             Ella no merecía haber sido asesinada, no tenía nada que ver en ello.             —Ya solicité al equipo para que venga — habló el agente Coleman con expresión seria en su rostro, luego se detuvo entre él y el agente Lennon —. ¿Qué fue lo que pasó, chico?             Kesean no podía dejar de alternar su visión entre la señora Miriam y la agente Pierce. Ya había visto fotos y miles de imágenes y capítulos de las series de las escenas del crimen, pero estar en una era algo completamente diferente, más aun cuando él mismo había sido el causante de una de las muertes.             —¡Kesean! — el agente Lennon chasqueó los dedos frente a él.                   —¿Sí? — le prestó atención.             —Es mejor hablar afuera, ven — el agente Lennon habló comprensivo tomándolo por su otro brazo.             Se dejó guiar mientras respiraba profundo, resistiendo entre sus nervios, la culpa y el dolor del brazo herido que también le causó mareos en cuanto comenzó a caminar.             Se sentía sin fuerzas y no entendía cómo en las películas los personajes podían seguir peleando con un disparo en algún lado, él se sentía bastante desequilibrado. Aunque suponía que la adrenalina era lo que podía actuar en algunas situaciones.             —Aquí, con cuidado — El agente Lennon le hizo sentar en el mecedor.             Se sentó recordando la imagen de la señora Miriam, lo tranquila que la había encontrado en ese mismo lugar y cómo su vida acabó por ser hospitalaria y amable.             —¿Estás bien? — preguntó el agente Coleman parándose delante de él junto al agente Lennon.             —Está herido y acaba de matar a alguien, ¿cómo vas a preguntar si está bien? — se quejó el agente Lennon, a pesar de lo directas que habían sido sus palabras no se notaba enojado sino más bien un poco desconcertado.             —Lo que quiero saber es si no está demasiado impactado para hablar — corrigió el agente Coleman girando los ojos.             —Sí — aclaró su garganta al notar que no había sonado convincente —, estoy bien. Puedo hacerlo.             —¿Seguro? — preguntó el agente Lennon.             Kesean asintió.             —Igual debemos esperar hasta que llegue la ambulancia, no debería tardar demasiado — añadió el agente Lennon.             —¿Qué fue lo que ocurrió? — preguntó el agente Coleman — ¿Por qué estaban aquí?             Kesean los miró a los dos.             Había encontrado algo importante, la carta estaba en el bolsillo interno de su chaqueta, la confirmación de que su hermana estaba viva, la confirmación de que ella estaba intentando enviar un mensaje en cada escena del crimen y las únicas personas que lo sabían, además de él, estaban muertas.             La agente Pierce había dicho que si ella informaba, matarían a Kerensa y ya debían saber que Kesean estaba metido en el caso.             ¿Podía confiar en ellos?             La agente Pierce podría no ser la única traidora.             —¿Kesean? — llamó el agente Lennon.             —Oh, sí — aclaró su garganta mirando a sus propias manos —. Vinimos siguiendo una pista — decidió decir.             —¿Cuál pista? — inquirió el agente Coleman.             Quería guardarlo para él, ¿pero cómo explicaría lo que había sucedido? Igualmente ya habían entregado la máquina de coser.             Quizás podría omitir la carta.             —¿Cuál pista, Kesean? — insistió el agente Lennon.             —La que encontramos en la máquina de coser — contestó y luego dio una respuesta más clara —. Cuando llegué a la sala de reuniones, ella ya había clasificado evidencia que podría parecerme familiar, entonces cuando revisamos el caso de los tres incendios, lo que estaba fuera de lugar era una bobina con hilo azul y una pieza que fu identificada que pertenecía a una máquina de coser marca Brother.             ¿Debería detenerse?             ¿Pero cómo podría encontrarle sentido a todo por su cuenta?             Si había otro traidor dentro del equipo, tendría que descubrirlo, pero tenía que encontrar a su hermana.             ¿Aun si estaba poniéndola en riesgo?             —Kesean, necesitamos que sigas hablando — pidió el agente Coleman suavemente.             Asintió.             Decidió solo decir la primera parte.             Quería hablar con el agente Lennon, porque era en quien más confiaba… ¿Podría confiar en él de verdad?             Después de todo era el esposo de la mejor amiga de Boneka Kallen y había estado luchando en esa batalla, no podría resultar como un traidor a esas alturas.             —¿Eso se te hizo familiar? — insistió el agente Lennon.             —Sí — respondió lentamente —, al menos lo de la máquina de coser.             —¿Por qué? — preguntó el agente Coleman.             —Porque Kerensa estuvo cosiendo mucho un tiempo — dio la respuesta al fin —. Así que fuimos a mi casa a verificar y en la máquina de coser, en la parte donde va el hilo inferior, encontramos que la bobina que estaba en la escena tenía un hilo azul al igual que el hilo superior que quedaba en la máquina, además de eso, en la parte donde va el hilo inferior, faltaba una pieza y la bobina, y en su lugar estaba una nota.             —¿Una nota?             —Sí, la tenía la agente Pierce — contestó al agente Coleman. El aire le estaba faltando, se sentía cansado —. Eran unas coordenadas que traían hasta aquí.             —No la entregó en la agencia — señaló el agente Lennon.             —Dijo que no lo hizo porque podía haber traidores en cualquier lado — explicó él —, pero resultó ser que la traidora era ella.             —¿Cómo te diste cuenta? — continuó el agente Coleman.             Quiso responder, pero su visión se nubló, cerró los ojos e intentó enfocarse.             —¿Kesean? ¿Estás bien? — escuchó la preocupación del agente Lennon.             Asintió y abrió los ojos.             —Cuando llegamos aquí nos encontramos con la señora Miriam — continuó a pesar de su malestar —, cuando la agente Coleman dijo mi nombre ella se emocionó.             —¿Por qué? — preguntó el agente Lennon.             —Porque…             ¿Debía decirlo? A partir de ese punto de la historia todo era delicado.             —¿Kesean? — insistió el agente Coleman.             —…Quisiera hablar con el agente Lennon.             Notó la sorpresa en el rostro de ambos.             —Kesean, puedes confiar en el agente Coleman, él no…             —Lo siento — interrumpió al agente Lennon mirándole con determinación —, pero quisiera hablar solo con usted primero.             El agente Lennon cruzó mirada con el agente Coleman, este no parecía ofendido, en cambio se notó comprensivo y asintió.             —Está bien, no te preocupes, Kesean — le dio una sonrisa amable —, les dejaré conversar.             Se sintió un poco culpable, el agente Coleman era el mayor de todos allí y se notaba como alguien de confianza, pero… no podía confiar en nadie ahora.             —Agente Lennon…             —Está bien, Kesean — lo detuvo —, creo que mejor debemos hablar cuando seas atendido.             —¿Seguro?             —Sí. Te notas bastante cansado. 
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