"Pero estoy aquí, por favor, no olvides que yo estoy aquí también", me recordó mientras tomaba mi mano. Le sonreí, era cierto. Desde que Melisa se había ido, me había sumergido completamente en mi dolor, había dejado a Santiago afuera con la puerta cerrada con llave. "Lo lamento", murmuré con pesar. "No lo lamentes, comprendo. Solo quiero decirte que estoy aquí para ti y que no me voy a ir a ningún lado. Eso es todo", aseguró Santiago. "Gracias", respondí con una sonrisa triste, y apreté su mano con fuerza. Cuando llegamos a casa, me di cuenta de que esa casa siempre me recordaría el lugar donde ocurrió la tragedia con Melisa. "Santiago, tengo una sorpresa para ti", anunció, y lo miré con curiosidad. Fui al salón y me senté en la primera butaca que vi, mientras él venía con una gran ca

