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720 Palabras
Isabella. Tenía miedo. Estaba navegando en una página web donde vendían ecografías falsas y otros artículos falsos. Increíble. Una amiga le había pasado el enlace por internet, y lo primero que hizo fue entrar. Había una gran variedad de artículos, incluso pruebas falsas de sangre. Se sorprendió. No podía negar que eso le proporcionaba un gran alivio. Podría mantener la farsa durante unos meses más cómodamente, pero el problema surgiría cuando el bebé supuestamente naciera. No habría ningún bebé. Todo estaba lleno de mentiras. Se encontraba sola en casa, ya que Santiago no estaba. Últimamente, su ausencia se hacía más evidente. Aunque había llegado con muchos regalos el lunes, apenas lo había visto en lo que iba de la semana. Comprendía que tenía obligaciones en el trabajo, pero algo la tenía intranquila. Santiago no había ido al tango y ella se sentía un poco cansada últimamente. Tal vez psicológicamente se sentía embarazada. Se miró al espejo con nostalgia. La mentira solo había conseguido unos días más de tranquilidad para Santiago, pero en su interior sabía que él estaba enamorado de Valentina. Ese día, decidió dar un paseo. Quería seguir a Valentina y saber qué estaba haciendo. La encontró en un bar, hablando con unas amigas. Llevaba una gorra de baloncesto y se sentó frente a ella. Las miró a todas, sonriendo, sin mostrar ninguna preocupación. Valentina mostraba orgullosa un anillo de compromiso en su dedo y se lo enseñaba a todas sus amigas, que también sonreían. Isabella podía escuchar sus risas de fondo, y eso le revolvió un poco el estómago. Sabía que tarde o temprano eso la asustaría. Siempre había tenido miedo de que Valentina ocupara el corazón de su esposo o futuro esposo. Pero ahora, viéndola tan feliz porque se iba a casar con otro, esas preocupaciones pasaron a un segundo plano. Isabella Decidí ponerme de pie, pero mientras caminaba hacia las mesas, algo me detuvo: una mano que me hizo frenar de golpe. Al girarme, me encontré con Santiago, quien me miraba con intriga y me preguntó: -¿Qué haces aquí? -preguntó sorprendido, mirándome de arriba abajo. -Vine a tomar un café. ¿Y tú qué haces aquí? -pregunté, mirándolo con el ceño fruncido. Entonces, comprendí que él también venía a espiar a Valentina. En estos días de ausencia, se había dedicado a seguirla. Me sentí muy ofendida y di un paso hacia atrás. -¿Estás espiando a Valentina, verdad? -pregunté, sin dejar que él me respondiera, y me di la vuelta para salir corriendo de la cafetería con lágrimas en los ojos. Me sentía traicionada e impotente. Quería llorar y deseaba arrojar este pequeño vientre falso de tres meses a la basura, pero no lo hice, la compasión me detuvo. Ahora era lo único que tenía. -Isabela, por favor, espera, di algo. -¿Qué quieres que hagamos juntos? ¿Veamos salir a la mujer que amas? -pregunto con desgarro mientras yo seguía caminando con la cabeza en alto y la vista al frente. -Escúchame. -No te escucharé. No puedo creer que me hayas engañado de esa manera. -comenté molesta y lo empujé. -No es así como tú piensas. -comentó, con lágrimas en los ojos, me miró con tristeza. -¿De qué otra manera es? -pregunté. En ese instante, sentía que me desmayaría en cualquier momento. -Te amo. -comentó, y yo me detuve, me giré sobre mis talones y lo miré. -¿Eso es de verdad o es mentira? Quiero saber, quiero saber cada una de tus respuestas, que me parecen mentiras. -murmuré. -Es de verdad. -susurró. -Veo porque esta semana has estado tan ausente. -comenté finalmente y continué caminando. No me interesaba si él me llamaba, como solía hacerlo mil veces. Yo hacía oídos sordos mientras me dirigía a mi vehículo para marcharme de allí. Una vez en casa, el silencio reinaba. Las luces estaban apagadas y la puerta estaba cerrada con llave. La abrí y entré. El pasillo que una vez resonó con risas entre nosotros y Santiago quedaban en el olvido. En ese momento solo quería llorar. Me forcé a contener mis lágrimas, no podía soportar este inmenso dolor en ese momento. A pesar de todo, era demasiado significativo. No podía creerlo, me sentía culpable por haber obligado a alguien a estar a mi lado solo por el embarazo.
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