El salón de tango estaba apenas iluminado, dando una esplendida elegancia. Pero Santiago no solo estaba hipnotizado por aquello, sino también por lo que sentía por Valentina. Para sus ojos era el espécimen mas hermoso que nunca había visto. Con cada roce, no solo latía su corazón, sino también su miembr… palpitante, queriendosela llevar a la cama, o primer rincón que pudiera encontrar.
Santiago y Valentina se encontraban en el centro de la pista de baile, sus cuerpos entrelazados en un abrazo apretado. Haciendo que Santiago quiera hacerle el amor ahí mismo, desnudarla, quitarle su ropa interior y hacerla suya. Aunque ambos, listos para dejarse llevar por la música. La atmósfera estaba cargada de anticipación mientras la orquesta comenzaba a tocar una melodía melancólica.
Santiago y Valentina se movían con gracia y destreza, sus movimientos perfectamente coordinados. Sus ojos se encontraban con intensidad, comunicando una conexión profunda que iba más allá de las palabras. Cada paso, cada giro, era un acto de seducción y complicidad.
El vestido de Valentina se mecía con gracia al ritmo de la música, sus zapatos de tango marcaban el compás con precisión. La expresión en su rostro era un equilibrio entre determinación y vulnerabilidad, mientras dejaba que la pasión del tango la envolviera por completo.
Santiago, por su parte, era un compañero hábil y atento. Guiaba a Valentina con firmeza, pero también con delicadeza, permitiéndole expresarse a través de cada movimiento. Sus manos se deslizaban con destreza por la espalda de Valentina, creando una conexión eléctrica entre ellos.
A medida que la música alcanzaba su punto culminante, Santiago junto a la hermosa y preciosa Valentina se perdían en el baile, llenos de pasión. Santiago aprovechaba cada momento, para acariciar sus caderas grandes, el inicio de su trasero y sus piernas suavez. Sin querer había acariciado el inicio del escote y lo había vuelto a repetir. En un mundo donde solo existían ellos dos y la pasión del tango. Sus cuerpos se movían en perfecta armonía, y en ese momento, el resto del mundo desaparecía, dejando solo la magia del baile y la conexión intensa entre dos almas perdidas en el abrazo apasionado del tango.
Santiago:
Esa noche, mientras disfrutaba del baile de tango en el salón, mi atención se centraba en la cautivadora figura de Valentina mientras bailábamos. Se podía sentir en el aire la tensión s****l de ambos, cada vez que ella apoyaba su trasero en mi entrepiern… gemí con disimulo, queriendo hacerle el amor sin soportarlo. Cuando ella enredaba sus piernas…
La música fluía a nuestro alrededor, y cada giro y abrazo profundizaba nuestro encuentro.
De repente, vi a Isabella en la distancia. Ella entró al salón con una amiga, y sus ojos se encontraron con los míos en un instante de sorpresa. Mi corazón latió con fuerza mientras me di cuenta de que ella también había elegido este lugar para pasar su noche.
“ Santiago, ¿qué haces aquí?”, quiso saber mirándome mordiéndose los labios.
“ Estoy aquí con algunos amigos, Isabella. No esperaba verte”, dije nervioso, mirando sobre mi hombre, no quería que me encontrara con ella.
Ella me da una sonrisa agradable.
“Bueno, parece que ambos hemos tenido la misma idea. Esta es mi amiga Lucía. Lucía, este es Santiago”, ccomenta presentándome a una mujer bonita, aunque mi atención estaba puesta en el profundo escote de Isabella.
“ Encantada de conocerte, Santiago”, murmuró estirando la mano.
“¿Y ella quien es?”, quiso saber curiosa Isabella.
“Ella es…”, no sabpia que decir en ese momento.
“Soy Valentina una amiga”, comentó.
Nos saludamos con cortesía, pero la tensión en el aire era palpable. Valentina y yo continuamos bailando, pero mi atención se dividía entre ella y la presencia de Isabella en el lugar. Las emociones se agolpaban en mi interior, y me di cuenta de que estaba en medio de un dilema cada vez más complejo. Mis sentimientos hacia Valentina, mi compromiso con Isabella y ahora este inesperado encuentro con Isabella y su amiga Lucía se entrelazaban en una red de confusión y desafíos emocionales.
A medida que la noche avanzaba, la tensión en el ambiente se volvía palpable. Valentina y yo continuábamos bailando con pasión, pero no podía evitar sentir que Isabella y su amiga Lucía estaban observando nuestra danza con curiosidad. Ya el deseo de tener s*x… se me había esfumado y quería desaparecer. La incomodidad aumentaba a medida que las miradas de Isabella y yo se cruzaban esporádicamente.
“Valentina, siento que esta situación es cada vez más incómoda. Isabella y Lucía están aquí, y no sé cómo manejar esto”, comento con sinveridad, porque ya no podía fingir que no me importaba.
“Lo sé, Santiago. Esto es complicado. Pero creo.. que no debemos huir ¿no te parece? ¿acaso no estas bien conmigo?”, me preguntó y suspiré sintiéndome culpable.
Mientras continuábamos bailando, noté que Isabella y Lucía se acercaban al borde de la pista de baile, como si estuvieran a punto de unirse a nosotros. La tensión en el aire era palpable, y sabía que teníamos que enfrentar la situación de frente. Puedo ver a Isabella caminando hacia nosotros, trago saliva en seco sintiendo que en cualquier momento me voy a desmayar.
“ Santiago, ¿te importaría si me uniera a ustedes en el baile?”, preguntó curiosa Isabella, esperando mi reacción.
“Isabella, no sé si eso es una buena idea...”, digo sorprendido por su propuesta, no entiendo que quiere pretender.
“ Quiero bailar contigo, Santiago”, dijo con firmeza, y mi sorpresa se intensificó. “Aunque todo es complicado en este momento, no quiero que nuestra relación se base en hacer que el otro no existe”, murmura.
“ Y yo también quiero unirme. ¿Puedo?”, comenta haciendo un puchero, y pasa sus dos dedos por su escote, trago saliva, ¿Qué pretenden? Luego me guiña un ojo.
El conflicto estaba a la vista, y no había manera de evitarlo. La música seguía sonando, pero ahora estábamos los cuatros, se sentía la tensión persistente en cada respiración, el ambiente se volvió incomodo. Indirectamente, me estaban pidiendo una decisión en ese entonces, aunque yo no sabia que decisión tomar. Las miradas curiosas de Valentina, Isabella y Lucía se centraron en mí mientras decidia que demonios hacer. Sabía que lo que eligiera hacer en ese momento tendría un impacto duradero en todas las relaciones , y al parecer nuevas, Lucia se lamia el dedo mientras me miraba, abria las piernas podía ver sus pantys rosas.
¡Dios!
Era el momento determinado y preciso, en el que tenía que tomar una decisión. Por un lado, estaba Valentina, con quien compartía una conexión única y una atracción innegable, quería cogeermela, no se podía describir de otra manera, dios esa mujer me hacia levantar mi muerto en un segundo.
Por otro lado, estaba Isabella, mi prometida y una parte importante de mi pasado. Y Lucía, una amiga de Isabella, también estaba dispuesta a unirse al baile, y no hablo del tango.
Después de una pausa tensa, decidi tomar una decisión especifica, aunque no sabia si estaba bien tomada.
“ Está bien, Isabella, Lucía, pueden unirse a nosotros”, digo finalmente, tomando un suspiro y queriendo ir al baño.
Valentina y yo dimos un paso atrás para dar espacio a Isabella y Lucía. La atmósfera se llenó de una mezcla de emociones: tensión, incertidumbre y una pizca de esperanza en los ojos de algunas mujeres.
Narrador:
La música del tango, que antes era una expresión de pasión y conexión entre Valentina y yo, ahora se convirtió en un símbolo de la complejidad de nuestras relaciones entrelazadas.
“ Santiago, esto es complicado, ¿verdad?”, DIJO PENSATIVA MI ANGEL, MI BELLA Valentina.
“Lo es, Valentina”,comenté asintiendo “Pero estamos tratando de enfrentar la realidad y encontrar una forma de seguir adelante”, comenté ya que era verdad.
A medida que continuábamos bailando, la tensión entre nosotros era evidente. Estábamos en medio de un conflicto emocional que no se resolvería esa noche. Las decisiones que habíamos tomado y las elecciones que haríamos en el futuro definirían el rumbo de nuestras vidas amorosas y nuestras relaciones con Isabella y Lucía.