“Valentina, Isabella, Lucía, quiero agradecerles por estar aquí y por comprender la difícil situación en la que nos encontramos. Después de dar muchas vueltas en mi cabeza, he decidido casarme con Isabella”, murmuro pensativo y me miran sorprendidas, pero creo que era lo mejor, no podía fallarle a mi futura esposa. Aunque quería probar los dules labios de Valentina, y no me refería a su boca.
“ Santiago, esto significa mucho para mí. Estoy dispuesta a trabajar en nuestra relación y a seguir adelante juntos”, comentó dando saltitos a mi lado, mientras me abrazaba.
“ Estoy contenta por ustedes dos. Esto no ha sido fácil para ninguno de nosotros, pero deseo que encuentren la felicidad juntos, aunque si quieren incluirme…”, comentó mientras me guiñaba un ojo y se acercaba a mi dándome un beso muy cerca de la comisura de mis labios.
No podía negar que me excité.
“Santiago, te deseo lo mejor en tu vida con Isabella”, pude sentir sus ojos brillantes “Aunque nuestras historias se entrelazaron, entiendo que has tomado una decisión que consideras la correcta.
Con el compromiso de casarse, Santiago e Isabella acordaron una fecha para la boda. La noticia de su próximo matrimonio se difundió entre sus amigos y familiares, y todos comenzaron a prepararse para el gran día.
Valentina
Sentirme devastada, era una forma para describir la tormenta de emociones que experimentaba en ese momento. Saber que Santiago había decidido casarse con Isabella, después de todo lo que habíamos compartido y de los momentos que habíamos vivido juntos, me dejó con un profundo dolor en el corazón también con un profundo enojo.
Comencé a pensar que amar a Santiago era una de las cosas más hermosas y complicadas que había experimentado en mi vida. Cada encuentro, cada baile, había amplificado mis sentimientos hacia él. Sabía que nuestras vidas estaban llenas de complicaciones, pero no podía evitar desear un futuro juntos.
Sabía que tenía que respetar la elección de Santiago, pero no podía evitar sentir que mi corazón se rompía en pedazos. El amor puede ser hermoso, pero también puede ser cruel y doloroso.
A pesar de la devastación que sentía, también sabía que tenía que encontrar la fuerza para seguir adelante. Mi vida no podía detenerse en este momento, y tenía que encontrar una forma de sanar y continuar mi camino, incluso si eso significaba hacerlo sin Santiago a mi lado. El tiempo y la distancia serían mis aliados en este proceso de recuperación emocional.
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Valentina, sintiéndose abrumada por la noticia de la boda de Santiago, decidió buscar consuelo en su amigo Andrés. Sabía que podía confiar en él para brindarle apoyo en este momento difícil. Después de tomar su teléfono, marcó el número de Andrés y esperó con nerviosismo a que respondiera.
“ ¿Hola?”, escuché la voz de Andrés.
“Andrés, soy yo, Valentina…”, mi voz se sintió temblorosa, desde el otro lado de la linea “¿Podríamos encontrarnos? Necesito hablar contigo”, murmuré desesperada.
“Claro, amiga mia. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?”, preguntó preocupado.
“ Es una larga historia y triste…. ¿Puedes encontrarte conmigo en el salón de tango? Necesito un amigo en este momento”, le pregunté con lagrimas en los ojos, intentando sonarme no tan triste.
“¡Oye, claro que si! Por supuesto, estaré allí en unos minutos”, al decir eso me sentí relajada.
Con llas lagrimas cayendo por mis mejillas colgue el teléfono y me dirigí al salón de tango, donde la música y las luces suaves creaban una atmósfera melancólica. Esperé a que Andrés llegara, sintiendo que su presencia sería un enorme alivio, para mi roto corazón. Sabía que necesitaba a alguien en quien apoyarme mientras navegaba por las complejidades de mis sentimientos hacia Santiago y la noticia de su boda tan sorprendente.
La espera en el salón de tango parecía interminable mientras me sumía en largos pensamientos y emociones. La música seguía sonando suavemente de fondo, y las parejas de bailarines se movían con gracia por la pista, creando una imagen de elegancia y pasión. Pude observar el baile, pero pensaba una y otra vez en Santiago y la noticia de su boda.
Finalmente, Andrés llegó al salón. Era un amigo de confianza desde niños, alguien que había conocido durante años y que siempre había estado ahí para apoyarme en los momentos difíciles.
“Valentina, ¿qué está pasando? Pareces muy afectada”, murmuró en cuanto me vio, después me dio un profundo abrazo que necesitaba.
Levanté mi vista con ojos llorosos y apenas pude decir:
“ Andrés, es una larga historia. Te contaré todo, pero primero, ¿puedes abrazarme un momento?”
Andrés asintió y me abrazó con cariño, comprendiéndome. Yo necesitaba consuelo antes de comenzar a hablar mis… preocupaciones.
“Gracias, Andrés. Sabía que ibas a estar para mi… siempre lo estuviste y me siento agradecida hacia ti”, dije con una sonrisa, no llegaba amis ojos.
Nos separamos, y comencé a relatarle a Andrés los acontecimientos recientes, incluyendo mi historia con Santiago y la noticia de su compromiso con Isabella.
“Valentina, esto es realmente complicado. Entiendo por qué te sientes tan…”, comenzó a decir asombrado.
“¿Desesperada? “, pregunté y el negó.
“Devastada…. Pero, ¿qué es lo que necesitas ahora?”, quiso saber.
Necesito entender y procesar mis propios sentimientos, Andrés. Aunque estoy feliz por Santiago y su decisión, también siento una profunda tristeza y pérdida. Necesito tiempo para sanar”, comencé a hablar n voz alta, dentro de mis penosos y grises pensamientos.
“Estoy aquí para ti, Valentina. Siempre lo he estado y siempre lo estaré. Si necesitas hablar, llorar o simplemente estar en silencio, estaré aquí a tu lado. Sabes que te quiero aunque… seas fea”, murmuró y al ultimo me reí.
“ Gracias, Andrés. Tu amistad significa el mundo para mí”, comenté sintiéndome agradecida y feliz.
Pasaron horas conversando en el salón de tango, compartiendo mis pensamientos y emociones más profundos.