Durante la cena, la situación no mejoró. Katia casi no me dirigió la palabra y se mantuvo centrada en conversar con su padre y con Dolores. La pequeña parecía haberse instalado en una burbuja de rechazo hacia mí, y eso se reflejaba en cada gesto y palabra. La actitud de Katia no solo era distante, sino también grosera hacia Matías, quien, a pesar de su paciencia y buen carácter, parecía ser objeto de sus desplantes. Observaba a Matías, que intentaba mantener una conversación amable con Katia a pesar de sus respuestas cortantes. Me preocupaba ver cómo se esforzaba por integrarse sin éxito, y me dolía pensar que él estaba siendo herido sin razón. Mi mente no dejaba de regresar a la imagen de Rachel, y la forma en que Katia se comportaba me recordaba demasiado a su madre. Sabía que Katia e

