Era una locura, ella nunca permitía ese tipo de contacto tan íntimo precisamente por eso, por ser demasiado íntimo, sin embargo, ese morocho de ojos verdes tenía algo, no sabía qué, que le pedía a gritos poder probar esa boca que gritaba pecado. -Bueno, ya que fuiste sincera, yo también lo seré: tus labios son hermosos, sensuales, si me estás preguntando si aceptaría, la respuesta es sí, y te devolvería el gesto con ansias. Me comería tus labios con hambre... Esa voz, junto con esa mirada y la forma en la que expresó ese deseo, la hizo temblar, que su respiración se acelerara al imaginarse la escena, que su pecho se ampliara profundamente en cada respiración, haciendo resaltar (a pesar del sostén que los cubría), los endurecidos pezones, ahora excitados y erguidos. Antes de saber exact

